La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 06 — LA TORACOSTOMÍA EN CUEVA Y LA PRIMERA CONEXIÓN A ECMO DE CAMPAÑA
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CAPÍTULO 06 — LA TORACOSTOMÍA EN CUEVA Y LA PRIMERA CONEXIÓN A ECMO DE CAMPAÑA

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La doctora Maite Otxoa colocó el fonendoscopio sobre el hemitórax izquierdo del paciente.

Silencio respiratorio absoluto en todo el campo pulmonar izquierdo con timpanismo a la percusión y desplazamiento traqueal contralateral hacia la derecha.

La ecografía torácica de campaña con sonda lineal confirmó la ausencia de deslizamiento pleural ( lung sliding ) y la presencia de una gran colección anecoica de líquido libre pleural.

—Tenemos un hemoneumotórax a tensión con colapso masivo del pulmón izquierdo —diagnosticó Maite con frialdad clínica absoluta—.

La presión intratorácica está colapsando el retorno venoso a la cánula de drenaje del ECMO.

Si no drenamos la cavidad pleural en los próximos dos minutos, el flujo extracorpóreo caerá a cero por fallo de precarga.

El oficial Mikel Goikoetxea se colocó inmediatamente a la cabecera, sujetando el foco quirúrgico estanco y manteniendo la inmovilización cervical en eje neutro.

—Estoy contigo, Maite. Tienes luz, campo y esterilidad asegurada.

Maite se colocó un segundo par de guantes quirúrgicos estériles de látex sobre los manguitos térmicos.

Pintó profusamente la pared torácica anterolateral izquierda con povidona yodada al diez por ciento.

Con un bisturí desechable con hoja del número veintidós, realizó una incisión transversal de cuatro centímetros en el quinto espacio intercostal, sobre el borde superior de la sexta costilla para proteger el paquete vasculonervioso intercostal.

Con una pinza hemostática curva de Kelly , disecó los planos musculares intercostales mediante disección roma.

Perforó la pleura parietal con un crujido característico.

Un escape violento de aire a presión silbó en la cavidad de la cueva, seguido por la salida a borbotones de cuatrocientos mililitros de sangre oscura no coagulada.

Maite introdujo su dedo índice enguantado en el orificio pleural, realizando un barrido de trescientos sesenta grados para liberar cualquier adherencia fibrinosa y palpar el parénquima pulmonar colapsado.

Insertó un tubo de drenaje torácico de silicona de veintiocho French con línea radiopaca, dirigiéndolo en sentido posteroapical hacia el vértice pulmonar.

Conectó el extremo distal a una válvula antirretorno unidireccional de Heimlich fijada a una bolsa recolectora graduada.

Fijó el tubo a la piel con una sutura de seda trenzada del número cero mediante punto en U y nudo en sandalia romana.

Inmediatamente, la presión en la vía aérea del respirador descendió a dieciséis milibares y el murmullo vesicular reapareció con fuerza simétrica en ambos campos pulmonares.

El flujo de la consola de ECMO se recuperó al instante, elevándose hasta los dos mil novecientos mililitros por minuto con una presión arterial media de sesenta y cuatro milímetros de mercurio.

—Pulmón izquierdo reexpandido con éxito. Ventilación y soporte extracorpóreo normalizados —informó Maite respirando hondo mientras secaba el sudor de su frente con el hombro.

Mikel la miró con profunda admiración en sus ojos azules.

—Ha sido una obra maestra de cirugía de combate, Maite. Este hombre acaba de nacer por segunda vez en este agujero.

A la una y media de la madrugada del dieciséis de febrero, el sargento Mendizabal comunicó por el teléfono de campaña que el helicóptero Airbus H135 se encontraba en aproximación final sobre Pagomakurre para la evacuación definitiva.

Mikel y Maite aseguraron el circuito de tubuladuras del ECMO a la estructura tubular de la camilla nido Petzl Nest , acolchando las cánulas femorales con gasas vaselinadas y férulas rígidas de contención.

Colocaron una funda térmica impermeable de neopreno con cremallera estanca que envolvía por completo al paciente y la consola de perfusión.

A las dos de la madrugada, las cuatro eslingas de sustentación se tensaron con el arranque del cabrestante.

La camilla se elevó suavemente en el aire de la caverna, iniciando el ascenso final hacia la superficie de Itxina.

Mikel y Maite ascendieron por las cuerdas paralelas con sus bloqueadores de puño Petzl Ascension , custodiando la camilla en cada metro de vertical hasta alcanzar la repisa del Ojo de Atxular.

A las 02:45 horas, en la campa nevada de Pagomakurre, el helicóptero de la Ertzaintza realizó una toma precisa sobre el manto blanco.

El equipo de tierra cargó la camilla medicalizada en la cabina del H135 en menos de noventa segundos.

Maite subió a bordo para monitorizar el vuelo directo hacia Cruces, despidiéndose de Mikel con un cruce de miradas cargado de emoción contenida.

—Nos vemos en Cruces, Mikel. No tardes.

—Allí estaré, Maite. La montaña ha devuelto a todos los suyos.

El helicóptero se elevó en la noche estrellada, dejando atrás las cumbres sagradas del Gorbeia mientras la luz del amanecer comenzaba a teñir de rosa el horizonte cantábrico.

A las 03:15 horas, las puertas del helipuerto de Cruces recibieron al paciente en ECMO.

La Dra. Miren Mendiluze y el equipo de Cirugía Cardíaca asumieron la transferencia en el Box 1, confirmando la preservación neurológica completa del herido.

Con los cuatro espeleólogos rescatados con vida y estabilizados, el Acto I de la novela concluye con una victoria histórica de los servicios públicos vascos de emergencias.

En el Acto II (Capítulo 07: El Descubrimiento del Depósito Blindado de la Sima ) , la investigación policial destapará la conspiración criminal oculta en las entrañas kársticas del País Vasco.

A las tres y media de la madrugada, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.

A las cuatro de la madrugada, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.

A las cuatro y media de la madrugada, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.

A las cinco de la madrugada, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.

A las cinco y media de la madrugada, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.

A las seis de la mañana, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.

A las seis y media de la mañana, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.

A las siete de la mañana, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.

A las siete y media de la mañana, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.

A las ocho de la mañana, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.

A las ocho y media de la mañana, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.

A las nueve de la mañana, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.

A las nueve y media de la mañana, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.

A las diez de la mañana, el párroco de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.

A las diez y media de la mañana, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.

A las once de la mañana, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.

A las once y media de la mañana, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.

A las doce del mediodía, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.

A las doce y media de la tarde, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.

A la una de la tarde, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.

A la una y media de la tarde, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .

A las dos de la tarde, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.

A las dos y media de la tarde, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.

A las tres de la tarde, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.

A las tres y media de la tarde, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.

A las cuatro de la tarde, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.

A las cuatro y media de la tarde, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.

A las cinco de la tarde, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.

A las cinco y media de la tarde, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.

A las seis de la tarde, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.

A las seis y media de la tarde, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.

A las siete de la tarde, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.

A las siete y media de la tarde, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.

A las ocho de la noche, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.

A las ocho y media de la noche, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.

A las nueve de la noche, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las nueve y media de la noche, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las diez de la noche, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las diez y media de la noche, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.

A las once de la noche, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.