La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 05 — EL HALLAZGO DE LOS ESPELEÓLOGOS EN MUERTE APARENTE (HT IV) #2
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CAPÍTULO 05 — EL HALLAZGO DE LOS ESPELEÓLOGOS EN MUERTE APARENTE (HT IV) #2

A las siete y media de la tarde, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las ocho de la noche, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las ocho y media de la noche, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las nueve de la noche, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.

A las nueve y media de la noche, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.

A las diez de la noche, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.

A las diez y media de la noche, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las once de la noche, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las once y media de la noche, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las doce de la noche, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las doce y media de la noche, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A la una de la madrugada del dieciséis de febrero, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.

A la una y media de la madrugada, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.

A las dos de la madrugada, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.

A las dos y media de la madrugada, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.

A las tres de la madrugada, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.

A las tres y media de la madrugada, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.

A las cuatro de la madrugada, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.

A las cuatro y media de la madrugada, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.

A las cinco de la mañana, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con limón presidió la mesa baja.

A las cinco y media de la mañana, los pastores renovaron los cirios en la ermita de montaña.

A las seis de la mañana, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron hacia la cámara del sifón fósil.

A las seis y media de la mañana, la doctora comprobó que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.

A las siete de la mañana, se verificó la carga de las baterías del videolaringoscopio McGrath .

A las siete y media de la mañana, la centralita confirmó la nitidez de la transmisión por el cable de campaña.

A las ocho de la mañana, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas de la roca.

A las ocho y media de la mañana, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el material médico.

A las nueve de la mañana, los médicos registraron una temperatura timpánica de 32.1 °C tras el recalentamiento progresivo.

A las nueve y media de la mañana, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina.

A las diez de la mañana, el paciente quedó perfectamente inmovilizado con collarín Stifneck y férula espinal.

A las diez y media de la mañana, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .

A las once de la mañana, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe confirmando la estabilidad del paciente.

A las once y media de la mañana, el retén exterior reforzó los amarres de las antenas satelitales.

A las doce del mediodía, los vecinos compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.

A las doce y media de la tarde, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció el rescate de todos los atrapados.

A la una de la tarde, los mecánicos de vuelo completaron la inspección de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .

A la una y media de la tarde, los perfusionistas verificaron que la camisa de neopreno mantenía 37.0 °C.

A las dos de la tarde, los técnicos comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en el macizo.

A las dos y media de la tarde, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural.

A las tres de la tarde, los artificieros guardaron en cofres blindados las cargas de pólvora sin humo.

A las tres y media de la tarde, los rescatadores compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena.

A las cuatro de la tarde, los vecinos contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia.

A las cuatro y media de la tarde, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo.

A las cinco de la tarde, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica.

A las cinco y media de la tarde, los ganaderos compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado.

A las seis de la tarde, don Joseba terminó de grabar a fuego la cruz del Gorbeia en el mango del piolet.

A las seis y media de la tarde, doña Arantza sirvió una compota templada de manzana reineta con canela.

A las siete de la tarde, una fuente de alubias rojas de Gernika reconfortó a los enlaces de radio.

A las siete y media de la tarde, el silencio sagrado de los tejos centenarios reinaba sobre el bosque.

A las ocho de la noche, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares del valle.

A las ocho y media de la noche, los agentes de Policía Judicial precintaron las muestras de mineral incautadas.

A las nueve de la noche, doña Arantza y don Joseba sirvieron bizcochos de soletilla con chocolate espeso.

A las nueve y quince de la noche, los mecánicos de la Sección de Montaña verificaron que el cabrestante de arrastre del furgón todoterreno pesado mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación de cable.

A las nueve y media de la noche, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique instaladas junto a la acequia de Pagomakurre.

A las nueve y cuarenta y cinco de la noche, durante el relevo de la patrulla marítima de apoyo en el puerto viejo de Algorta, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío.

A las diez de la noche, familiares de los agentes de la Unidad de Montaña encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo, pidiendo por la seguridad de todos los integrantes del operativo.

A las diez y quince de la noche, las aguas calmas del Nervión reflejaban las primeras luces de la noche bajo una brisa fresca procedente de la bocana del Abra.

A las diez y media de la noche, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el zaguán noble del caserío familiar.

A las diez y cuarenta y cinco de la noche, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno recién horneado a los conductores de los convoyes logísticos.