CAPÍTULO 05 — EL HALLAZGO DE LOS ESPELEÓLOGOS EN MUERTE APARENTE (HT IV)
El haz de luz halógena de sus cascos cortó la neblina densa que flotaba sobre una inmensa sala inundada.
En una repisa de roca rodeada por bloques de hielo fósil y estalactitas gigantescas yacían dos cuerpos inmóviles, semienterrados bajo fragmentos de caliza desprendidos por el alud.
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Maite se arrodilló de inmediato en el barro gélido junto al primer paciente, un geólogo de treinta y cuatro años.
Colocó dos dedos enguantados sobre la arteria carótida durante sesenta segundos reglamentarios.
No había pulso palpable; la pared torácica permanecía inmóvil, sin ningún murmullo respiratorio perceptible.
La piel presentaba una palidez cérea marmórea y una frialdad cadavérica al tacto.
—Temperatura timpánica de veintiuno punto cuatro grados —anunció Maite tras introducir la sonda cónica en el conducto auditivo—. Monitor Corpuls3 en asistolia con línea plana. No hay actividad eléctrica miocárdica.
Mikel se colocó a su lado, sosteniendo la lámpara quirúrgica portátil.
—¿Muerte aparente, Maite?
—Absolutamente. El metabolismo basal y el consumo cerebral de oxígeno están reducidos al veinte por ciento de lo normal por la hipotermia profunda —respondió Maite con voz firme y concentrada—.
Su cerebro está protegido por el frío. Iniciamos de inmediato el protocolo de soporte circulatorio extracorpóreo de montaña.
Maite abrió el maletín isotérmico de intubación de secuencia rápida.
Extrajo el videolaringoscopio McGrath MAC con pala desechable número tres, encendiendo la cámara digital integrada.
—Mikel, mantén la tracción cervical en línea recta y aspiración continua —instruyó Maite mientras introducía la pala con suavidad milimétrica en la orofaringe del paciente para evitar desencadenar una fibrilación ventricular por estímulo mecánico sobre el tronco cerebral hipotérmico.
La pantalla a color mostró las cuerdas vocales pálidas y en abducción completa, libres de secreciones o restos hemáticos.
Maite deslizó un tubo orotraqueal con balón de baja presión de 7.5 mm lubricado con hidrogel hidrosoluble.
Avanzó el tubo veintiún centímetros hasta la comisura labial, insufló el neumotaponamiento con ocho mililitros de aire y conectó el filtro higroscópico humidificador HME .
Conectó la bolsa de resucitación con reservorio de oxígeno a quince litros por minuto, realizando ventilaciones suaves a razón de ocho respiraciones por minuto con volumen corriente de quinientos mililitros.
El capnógrafo volumétrico marcó una concentración de dióxido de carbono al final de la espiración ( EtCO2 ) de catorce milímetros de mercurio, confirmando la correcta ventilación alveolar y la presencia de perfusión capilar residual.
A las 23:40 horas, sobre la repisa de caliza húmeda iluminada por los focos LED, Maite preparó el campo quirúrgico estéril con paños adhesivos Ioban .
Desinfectó la región inguinal derecha con clorhexidina alcohólica al dos por ciento precalentada a treinta y siete grados.
Extrajo el kit de canulación vascular percutánea Bio-Medicus NextGen .
Utilizando la sonda vascular lineal de alta frecuencia de doce megahercios del ecógrafo portátil Mindray TE Air , localizó los vasos femorales comprimidos por la vasoconstricción periférica extrema.
Puncionó la vena femoral común con una aguja introductora de dieciocho gauges bajo visión ecográfica directa en eje transversal.
Obtuvo un flujo lento de sangre venosa oscura desaturada.
Avanzó la guía metálica de punta en J de acero inoxidable con revestimiento hidrofílico de ciento cincuenta centímetros.
Dilató progresivamente el trayecto percutáneo con dilatadores vasculares de doce, catorce y dieciséis French.
Introdujo la cánula venosa de drenaje de veintiún French con múltiples orificios laterales, haciéndola progresar cincuenta centímetros hasta la aurícula derecha.
Repitió el mismo procedimiento en la arteria femoral común adyacente con una cánula arterial de diecisiete French.
Conectó ambas líneas al circuito de perfusión de la consola portátil Getinge Cardiohelp , previamente cebado con albúmina humana al cinco por ciento y mil unidades de heparina sódica.
A las 00:15 horas del quince de febrero, Maite activó la bomba centrífuga magnética.
El rotor comenzó a girar suavemente a dos mil cuatrocientas revoluciones por minuto.
La sangre oscura del paciente entró por la línea de drenaje venoso, atravesó la membrana de difusión de polimetilpenteno donde fue oxigenada y recalentada por el intercambiador térmico, y retornó de color rojo brillante y a treinta y dos grados centígrados a través de la cánula arterial femoral.
El flujo extracorpóreo se estabilizó en dos mil ochocientos mililitros por minuto con una presión arterial media de cincuenta y dos milímetros de mercurio.
—Soporte circulatorio extracorpóreo veno-arterial establecido y funcionando a pleno rendimiento en la cota menos doscientos veinte metros —comunicó Maite por el teléfono de campaña—. El corazón de este hombre sigue vivo en la máquina. Iniciamos empaquetado para izado vertical.
Simultáneamente, Mikel y los dos rescatadores completaron la desobstrucción del segundo atrapado, una geóloga de treinta y un años.
Presentaba hipotermia moderada de grado dos con temperatura central de 28.6 °C, respiración espontánea superficial y pulso braquial presente a cuarenta y cuatro latidos por minuto.
Maite canalizó dos vías venosas periféricas de calibre catorce en ambos antebrazos, iniciando la infusión rápida de mil mililitros de suero salino al 0.9 % precalentado a cuarenta grados mediante manguito presurizador térmico.
La envolvió en un manto térmico aluminizado de tres capas Blizzard Survival con almohadillas térmicas químicas de activación instantánea colocadas en axilas, ingles y región precordial.
—Ambos pacientes están estabilizados y listos para la extracción vertical por el Pozo de las Columnas —anunció Mikel ajustando los cabos de amarre de las dos camillas nido Petzl Nest .
En la superficie, el sargento Mendizabal accionó el cabrestante motorizado.
Las dos camillas comenzaron su ascenso hacia la luz y la vida a través del pozo de noventa metros.
A las dos de la madrugada, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A las dos y media de la madrugada, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A las tres de la madrugada, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A las tres y media de la madrugada, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las cuatro de la madrugada, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las cuatro y media de la madrugada, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las cinco de la madrugada, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las cinco y media de la madrugada, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las seis de la mañana, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las seis y media de la mañana, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las siete de la mañana, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las siete y media de la mañana, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las ocho de la mañana, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las ocho y media de la mañana, el párroco de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las nueve de la mañana, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las nueve y media de la mañana, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A las diez de la mañana, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A las diez y media de la mañana, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las once de la mañana, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las once y media de la mañana, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las doce del mediodía, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las doce y media de la tarde, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A la una de la tarde, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A la una y media de la tarde, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las dos de la tarde, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A las dos y media de la tarde, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A las tres de la tarde, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A las tres y media de la tarde, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las cuatro de la tarde, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las cuatro y media de la tarde, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las cinco de la tarde, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las cinco y media de la tarde, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las seis de la tarde, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las seis y media de la tarde, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las siete de la tarde, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.