CAPÍTULO 04 — EL DESCENSO VERTICAL DEL POZO DE ENTRADA (-90 METROS) #2
A las tres de la madrugada, Mikel Goikoetxea y dos rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las tres y media de la madrugada, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las cuatro de la madrugada, Maite conectó los cuatro electrodos cutáneos del monitor NICOM , verificando un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto.
A las cuatro y media de la madrugada, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé, bendiciendo el metal de bronce de las campanas.
A las cinco de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron con los enlaces de radio una fuente de bizcochos de soletilla bañados en café aromático.
A las cinco y media de la mañana, los rescatadores revisaron en el hangar de Pagomakurre el pistón neumático del dispositivo de masaje cardíaco LUCAS 3 .
A las seis de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A las seis y media de la mañana, los mecánicos verificaron que el cabrestante de arrastre mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación.
A las siete de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique.
A las siete y cuarto de la mañana, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío en Algorta.
A las siete y media de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo.
A las siete y cuarenta y cinco de la mañana, las aguas calmas del Nervión reflejaban las primeras luces del día bajo una brisa fresca.
A las ocho de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano.
A las ocho y cuarto de la mañana, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno a los transportistas.
A las ocho y media de la mañana, los bodegueros de Orozko brindaron con txakoli de cosecha propia por la pronta recuperación de los heridos.
A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del piolet ceremonial.
A las nueve de la mañana, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces en el caserío.
A las nueve y cuarto de la mañana, una gran cazuela de alubias estofadas a fuego lento de encina ofreció un reconfortante almuerzo en Pagomakurre.
A las nueve y media de la mañana, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios de Itxina.
A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre las colmenas de abejas autóctonas del caserío.
A las diez de la mañana, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con corteza de limón presidió la mesa baja de Goiko-Enea .
A las diez y cuarto de la mañana, los pastores de las campas de Arraba renovaron los cirios en la ermita de montaña.
A las diez y media de la mañana, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron con paso firme sobre las repisas de caliza hacia la cámara del sifón fósil.
A las diez y cuarenta y cinco de la mañana, la doctora Otxoa comprobó en la pantalla digital que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.
A las once de la mañana, se verificó que la batería del videolaringoscopio McGrath conservaba carga completa en su estuche isotérmico.
A las once y cuarto de la mañana, la centralita de campaña confirmó la nitidez de la transmisión sin interferencias en el canal de voz directo.
A las once y media de la mañana, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas para garantizar la integridad de las cuerdas semiestáticas.
A las once y cuarenta y cinco de la mañana, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el instrumental médico hacia la repisa intermedia.
A las doce del mediodía, los médicos registraron una temperatura timpánica de 31.4 °C y tonos cardíacos puros tras el recalentamiento progresivo.
A las doce y cuarto de la tarde, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina templada mediante manguito presurizador regulado a cincuenta milímetros de mercurio.
A las doce y media de la tarde, el paciente quedó perfectamente inmovilizado en bloque con collarín Stifneck y férula espinal.
A las doce y cuarenta y cinco de la tarde, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .
A la una de la tarde, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe telemétrico confirmando que el paciente saldría hacia la superficie en condiciones de estabilidad clínica.
A la una y cuarto de la tarde, el retén exterior de montaña reforzó los amarres de las antenas satelitales y limpió de escarcha los paneles de los generadores.
A la una y media de la tarde, los vecinos de Areatza y los transportistas de Cruz Roja compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.
A la una y cuarenta y cinco de la tarde, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció que la operación de salvamento entraba en su fase final con éxito absoluto.
A las dos de la tarde, los mecánicos de vuelo de la Ertzaintza completaron la inspección de los álabes y las tomas estáticas de presión de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .
A las dos y cuarto de la tarde, los perfusionistas verificaron que la camisa térmica de neopreno del equipo Cardiohelp mantenía una temperatura constante de 37.0 °C.
A las dos y media de la tarde, los técnicos del Gobierno Vasco comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en toda la vertiente norte del Gorbeia.
A las dos y cuarenta y cinco de la tarde, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural, eliminando cualquier vibración parásita en la línea de izado.
A las tres de la tarde, los artificieros de la Ertzaintza guardaron en cajas blindadas las microcargas de pólvora sin humo tras asegurar la estabilidad de la bóveda kárstica.
A las tres y cuarto de la tarde, los rescatadores que permanecían en la boca exterior compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena y jamón curado.
A las tres y media de la tarde, los vecinos de Las Encartaciones contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia en el horizonte.
A las tres y cuarenta y cinco de la tarde, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo bajo el cielo gris plomizo de invierno.
A las cuatro de la tarde, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana donados por las familias del valle.
A las cuatro y cuarto de la tarde, los ganaderos de Zeanuri compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado y nueces de caserío.
A las cuatro y media de la tarde, don Joseba terminó de grabar a fuego en el mango de fresno del piolet la cruz del Gorbeia y el lema de los montañeros vascos: «Gailurretik herrira, beti prest» .
A las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, doña Arantza sirvió en la mesa baja del caserío una compota templada de manzana reineta con canela y miel silvestre.
A las cinco de la tarde, una fuente de alubias rojas de Gernika con berza cocida al vapor reconfortó a los enlaces de transmisiones que vigilaban el canal de socorro Alfa-9.