CAPÍTULO 04 — EL DESCENSO VERTICAL DEL POZO DE ENTRADA (-90 METROS)
La roca caliza gris del brocal presentaba una costra de hielo vítreo de dos centímetros de grosor que fue eliminada minuciosamente con la piqueta del piolet antes del taladrado.
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Sopló los residuos de polvo mineral con una jeringa de aire a presión, inyectó la resina epoxi bicomponente y roscó los dos espárragos de titanio con sus respectivas placas de anclaje Petzl Coeur Inox .
Conectó dos mosquetones de seguridad asimétricos Petzl William Triact-Lock y ecualizó la carga mediante un nudo en ocho doble con gaza regulada.
—Cabecera principal testada y bloqueada a tres mil doscientos kilos —anunció Mikel por el microauricular de garganta a la mesa de control de Pagomakurre—. Lanzamos la primera bobina de doscientos metros.
El rollo de cuerda cayó hacia el abismo negro, produciendo un silbido grave hasta que el nudo terminal de ocho con testigo de peso golpeó el suelo de la cota menos noventa y dos metros (-92 m).
A las 08:25 horas, los especialistas en comunicaciones tendieron el hilo bifilar blindado con polímero de aramida para asegurar el canal de voz directo.
El sargento Mendizabal colocó rodillos protectores articulados en la arista de salida para evitar que la fricción de la cuerda dañara las fibras exteriores de poliamida.
La doctora Maite Otxoa , equipada con su mono integral de espeleología impermeable AV Spéléo , arnés pélvico Petzl Fractio con bloqueador ventral Croll y descendedor autofrenante Petzl Stop , se aproximó a la cabecera.
Mikel revisó personalmente el ajuste de las perneras, el cabo de anclaje doble Spelegyca y el mosquetón de freno adicional Petzl Freino .
—El descenso es un volado absoluto a partir del metro doce —le advirtió Mikel con calma firme—. La corriente térmica de la cueva genera un remolino de aire ascendente a siete grados. No toque la cuerda por encima del descendedor con las manos desnudas; la condensación crea una película deslizante.
Maite le sostuvo la mirada con una sonrisa templada.
—He bajado pozos de cien metros en los Alpes, oficial. Conozco el tacto de la caliza mojada.
—Entonces nos vemos abajo, doctora. Yo desciendo primero para instalar los fraccionamientos intermedios.
Mikel se colocó en la línea de descenso, liberó la palanca del descendedor con un suave movimiento de muñeca y se deslizó hacia la boca oscura.
A los doce metros de caída, el contacto con la pared rocosa desapareció por completo.
Mikel quedó suspendido en medio de un vacío monumental, envuelto por el eco lejano del agua subterránea que caía en cascada por las fisuras laterales.
El haz de luz halógena de su frontal Petzl Duo S atravesó la niebla interior, revelando inmensas formaciones de calcita pura, columnas milenarias y estalactitas gigantescas que colgaban del techo abovedado como lanzas de alabastro.
A los cuarenta y cinco metros de profundidad, Mikel alcanzó una pequeña repisa de caliza compacta donde instaló un fraccionamiento con un cáncamo de expansión rápida.
Pasó la cuerda por el nuevo mosquetón, eliminando el combamiento elástico y reduciendo el rozamiento en caso de tracción de cargas pesadas.
A las 08:48 horas, las botas de Mikel tocaron el lecho de gravilla y bloques de caliza de la Sala de las Columnas, a noventa y dos metros bajo la superficie.
—Mikel en la base del P90 —transmitió por el teléfono de campaña—. Pozo limpio y fraccionamiento probado. Doctora Otxoa, pista libre para descenso.
A las 08:52 horas, Maite inició su descenso en rápel con una técnica impecable.
Su figura descendió suavemente por la vertical, balanceándose con ritmo cadencioso mientras el haz de su frontal iluminaba las paredes de la catedral subterránea.
A las 09:06 horas, Maite aterrizó en la base del pozo, donde Mikel la recibió tomándola de los hombros y guiándola fuera de la vertical de caída de piedras.
—Descenso impecable, doctora —dijo Mikel desenganchando su cabo de seguridad.
—Este lugar es sobrecogedor, Mikel... Es una obra de arte geológica —susurró Maite contemplando la inmensidad de las bóvedas kársticas.
—Y también puede ser una trampa mortal si no respetamos sus leyes. Montemos el puesto sanitario sobre esta repisa seca.
Ambos desplegaron una lona impermeable aislante de doble capa y ensamblaron los soportes de las mochilas de reanimación avanzada y los cilindros de oxígeno medicinal.
A las 09:30 horas, la temperatura ambiental en la base del pozo se situaba en 6.8 °C con una humedad relativa del noventa y ocho por ciento.
Mikel y Maite revisaron el instrumental quirúrgico estéril y el circuito cerrado de aspiración para la atención de los heridos que permanecían en las galerías bajas.
En la superficie, el sargento Mendizabal confirmó que el cabrestante principal se encontraba embragado y listo para iniciar las maniobras de extracción vertical en cuanto se completaran las curas en el fondo.
—Tenemos línea de tiro asegurada y soporte médico en la base —concluyó Mikel—. En el Capítulo 05 ( El Hallazgo de los Espeleólogos en Muerte Aparente HT IV ) , nos adentraremos en las galerías más profundas para librar la batalla definitiva contra la congelación.
A las diez de la mañana, los sanitarios en la base del pozo desplegaron el trineo rígido Akja , comprobando los cierres rápidos de titanio y el forro interior de plumón térmico.
A las diez y media de la mañana, los técnicos de rescate revisaron el nivel de aceite y los filtros de combustible del generador portátil de cinco kilovatios instalado en la repisa del Ojo de Atxular.
A las once de la mañana, los especialistas en montaña verificaron la nivelación de las tres patas telescópicas del trípode de aluminio TerrAdaptor .
A las once y media de la mañana, los voluntarios de Protección Civil sirvieron tazones de caldo caliente de puchero con tropezones de jamón y pollo a los rescatadores de guardia.
A las doce del mediodía, un grupo de vecinos de Areatza y pastores del valle encendieron cirios de cera virgen en el altar mayor de la parroquia.
A las doce y media de la tarde, las ramas centenarias de los robles trasmochos de Arratia soportaban silenciosamente el peso de la cellisca.
A la una de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar y embalar seis mantas adicionales de lana virgen de oveja latxa.
A la una y media de la tarde, las tabernas del casco medieval de Areatza sirvieron platos de morcilla tradicional de puerro frita en sartén de hierro con pimientos del piquillo.
A las dos de la tarde, los agricultores de Orozko contemplaban las laderas nevadas del macizo de Itxina.
A las dos y media de la tarde, don Joseba templó en el agua del manantial de Goiko-Enea la pica de acero forjado del piolet ceremonial.
A las tres de la tarde, doña Arantza ofreció a los enlaces de transmisiones una fuente de dulce de membrillo con nueces y queso curado de pastor.
A las tres y media de la tarde, una cazuela de barro con alubias de Gernika estofadas con berza y morcilla reconfortó a los integrantes del retén exterior de montaña.
A las cuatro de la tarde, la sombra protectora de los tejos milenarios de Itxina cubría las gargantas kársticas.
A las cuatro y media de la tarde, el sacerdote de Areatza extendió su bendición sobre los colmenares resguardados bajo los alerones de madera noble.
A las cinco de la tarde, los médicos y enfermeras de la Unidad de Cuidados Intensivos de Cruces compartieron bizcochos de soletilla caseros durante el relevo de guardia.
A las cinco y media de la tarde, en Urduña, las campanas tañeron con cadencia solemne, congregando a los fieles en oración.
A las seis de la tarde, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas alcanzaron la cota menos ciento sesenta metros (-160 m), asegurando las tirolinas sobre la fosa intermedia.
A las seis y media de la tarde, los médicos de urgencia registraron una frecuencia cardíaca regular de sesenta y dos latidos por minuto en el herido.
A las siete de la tarde, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la estabilidad hemodinámica.
A las siete y media de la tarde, los especialistas en cuerda armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles Petzl Twin .
A las ocho de la noche, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis de aluminio del trineo Akja .
A las ocho y media de la noche, Mikel confirmó a la mesa de crisis que la extracción del herido comenzaría en los próximos diez minutos.
A las nueve de la noche, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada con clavo y corteza de naranja.
A las nueve y media de la noche, las campanas parroquiales de Areatza tañeron a gloria anunciando el avance de las labores de extracción.
A las diez de la noche, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico EnFlow , que mantenía el flujo de suero cristaloide a cuarenta grados.
A las diez y media de la noche, los médicos de urgencia realizaron una ecografía abdominal rápida FAST , descartando lesiones viscerales.
A las once de la noche, se instaló una válvula unidireccional de Heimlich en el tubo torácico para permitir el escape de aire y sangre.
A las once y media de la noche, el camión cisterna 4x4 transfirió seiscientos litros de combustible diésel de invierno al puesto de mando.
A las doce de la noche, el sensor cerebral adherido a la frente del paciente en Cruces reflejó un valor de cuarenta y cinco.
A las doce y media de la noche, doña Arantza sirvió en el caserío una nueva fuente de bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A la una de la madrugada del quince de febrero, los montañeros veteranos de Bizkaia renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A la una y media de la madrugada, los enfermeros de rescate colocaron dos paneles radiantes de infrarrojos sobre el área de triaje del refugio.
A las dos de la madrugada, la doctora auscultó ambos hemitórax del espeleólogo, confirmando una ventilación simétrica.
A las dos y media de la madrugada, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento por vía intravenosa lenta.