La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 02 — LA CABINA DEL AIRBUS H135 Y EL APOYO DE PATÍN EN PAGOMAKURRE #2
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CAPÍTULO 02 — LA CABINA DEL AIRBUS H135 Y EL APOYO DE PATÍN EN PAGOMAKURRE #2

A las diez y media de la mañana, en Las Encartaciones, doña Begoña y don Imanol oraban con devoción por el éxito de las operaciones de rescate en el Gorbeia.

A las once menos cuarto de la mañana, el cabo Jon Ander 'Korta' Cortázar supervisó la salida de un camión taller de bomberos con equipos de iluminación pesada hacia Pagomakurre.

A las once de la mañana, la red digital de emergencias coordinó las frecuencias de trabajo conjuntas entre el GRT de Miribilla y la Sección de Montaña de Iurreta.

A las once y cuarto de la mañana, Mikel y su escuadra sortearon un estrechamiento de caliza arrastrando la camilla nido con técnica de paso tirolés.

A las once y media de la mañana, los rescatadores fijaron una polea doble sobre cable de acero para salvar una fosa vertical de cuarenta metros.

A las doce menos cuarto del mediodía, el sargento Mendizabal instaló un tercer parabolt de seguridad en la roca exterior para duplicar el factor de carga del torno de izado.

A las doce del mediodía, los técnicos de rescate verificaron que el cable de acero trenzado resistía una tracción continua de ochocientos kilos sin vibraciones parásitas.

A las doce y cuarto de la tarde, se encendió una pequeña bomba sumergible a batería para evacuar el agua de goteo que comenzaba a encharcar la sala de espera médica.

A las doce y media de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita con pimientos asados a los conductores de los camiones de apoyo de Cruz Roja.

A la una menos cuarto de la tarde, vecinos de la comarca encendieron cirios por la pronta recuperación de los hospitalizados en Cruces.

A la una de la tarde, las copas de los árboles mecían la cellisca que caía suavemente sobre los jardines que rodean el complejo hospitalario de Cruces.

A la una y cuarto de la tarde, doña Arantza empaquetó mantas de lana virgen adicionales en sacos impermeables para remitirlos al refugio de montaña.

A la una y media de la tarde, una tabla de queso Idiazábal curado en corteza natural acompañó la tertulia de los pastores en el caserío familiar.

A las dos menos cuarto de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas de Itxina deseando el pronto fin del temporal.

A las dos de la tarde, don Joseba terminó de pulir el grabado del mosquetón de hierro ceremonial en la fragua de montaña.

A las dos y cuarto de la tarde, una bandeja de dulce de membrillo con nueces esperaba en el aparador del caserío para reconfortar a los rescatadores a su regreso.

A las dos y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas con morcilla y tocino ofreció un reconfortante almuerzo a los mandos del PMA.

A las tres menos cuarto de la tarde, la calma invernal reinaba sobre los bosques centenarios de Las Encartaciones.

A las tres de la tarde, el sacerdote bendijo las colmenas de abejas autóctonas para protegerlas de las heladas nocturnas.

A las tres y cuarto de la tarde, las enfermeras de la UCI compartieron bizcochos de soletilla caseros en el descanso del turno de guardia.

A las tres y media de la tarde, los monjes de San Antonio doblaron las campanas con un toque solemne de intercesión.

A las cuatro menos cuarto de la tarde, Mikel y los sanitarios completaron el paso del segundo paciente a través de la gatera de caliza.

A las cuatro de la tarde, el monitor confirmó ritmo sinusal estable a sesenta y cinco latidos por minuto en el segundo paciente.

A las cuatro y cuarto de la tarde, se revisaron las costuras y los mosquetones de cierre automático de la camilla Petzl Nest .

A las cuatro y media de la tarde, Mikel anunció que el izado del segundo herido comenzaría en diez minutos exactos.

A las cinco menos cuarto de la tarde, los especialistas fijaron un desviador de polea para evitar rozaduras con el saliente de caliza.

A las cinco de la tarde, el torno mecánico comenzó a traccionar la cuerda a velocidad constante de quince metros por minuto.

A las cinco y media de la tarde, la camilla emergió de la boca de la sima en medio de los vítores y aplausos de los rescatadores en Pagomakurre.

A las seis menos cuarto de la tarde, el paciente fue colocado en el trineo calefactado para su traslado inmediato al refugio.

A las seis de la tarde, el helicóptero despegó de Cruces con la doctora Maite Otxoa a bordo para recoger al segundo herido.

A las seis y cuarto de la tarde, el comandante Olazabal repitió la maniobra maestra de apoyo de patín izquierdo bajo las luces del proyector Trakka .

A las seis y media de la tarde, el herido quedó estibado en la cabina y el helicóptero tomó rumbo directo a Cruces.

A las siete menos cuarto de la tarde, Mikel inspeccionó las cuerdas fijas para acometer la extracción de los dos últimos exploradores.

A las siete de la tarde, los vecinos del valle compartieron sidra caliente en la taberna comunal esperando el desenlace final.

A las siete y cuarto de la tarde, las campanas de San Bartolomé anunciaron con júbilo que dos de los cuatro atrapados ya estaban a salvo.

A las siete y media de la tarde, los ingenieros aeronáuticos realizaron un lavado de compresor con agua desmineralizada a setenta grados para eliminar restos de salitre y escarcha acumulados en los álabes durante el vuelo sobre el valle de Arratia.

A las siete y cuarenta y cinco de la tarde, la doctora Otxoa comprobó que la camisa de neopreno del equipo Cardiohelp mantenía el fluido extracorpóreo a 37.2 °C a pesar del flujo de aire helado que azotaba la plataforma de Cruces.

A las ocho de la noche, los técnicos de telecomunicaciones del Gobierno Vasco reorientaron la antena directiva hacia el monte Oiz, garantizando un ancho de banda de cien megabits por segundo para la transmisión de ecocardiografías en tiempo real.

A las ocho y quince de la noche, el sargento Mendizabal lubricó los engranajes planetarios del torno con grasa sintética para bajas temperaturas, eliminando cualquier resistencia mecánica en el tambor de arrollamiento.

A las ocho y media de la noche, los artificieros de la Sección de Montaña prepararon tres microcargas de pólvora sin humo de 15 gramos para ensanchar el paso del Meandro de los Neveros sin riesgo de desprendimiento en la bóveda principal.

A las ocho y cuarenta y cinco de la noche, los rescatadores que permanecían en la boca exterior de Supelegor compartieron un termo de caldo hirviendo con hierbabuena y jamón curado, recuperando energías para el turno nocturno.

A las nueve de la noche, en Las Encartaciones, los vecinos divisaban desde la cumbre del Kolitza las luces de los helicópteros que cruzaban el cielo vizcaíno en dirección a las faldas del Gorbeia.

A las nueve y quince de la noche, las olas del Cantábrico batían con fuerza sobre los diques exteriores del puerto de Bermeo, acompañando el rumor sordo del temporal que dominaba toda la cornisa norte.

A las nueve y media de la noche, el párroco de San Juan de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica donados por las familias del valle para los equipos de socorro.

A las nueve y cuarenta y cinco de la noche, los ganaderos de Zeanuri compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado y nueces de caserío en el centro comunal.

A las diez de la noche, don Joseba terminó de grabar a fuego en el mango de fresno del piolet la cruz del Gorbeia y el lema de honor de los montañeros vascos: «Gailurretik herrira, beti prest» .

A las diez y quince de la noche, doña Arantza sirvió en la mesa baja del caserío una compota templada de manzana reineta con canela y miel silvestre para reanimar a los conductores de los convoyes oruga.

A las diez y media de la noche, una fuente de alubias rojas de Gernika con berza cocida al vapor reconfortó a los enlaces de transmisiones que vigilaban el canal de socorro Alfa-9.

A las diez y cuarenta y cinco de la noche, el silencio sagrado de los tejos centenarios de Armañón contrastaba con el fragor del temporal que sacudía las cimas de caliza de Itxina.

A las once de la noche, el sacerdote de Areatza extendió su bendición sobre los colmenares resguardados bajo los aleros de los caseríos de piedra.

A las once y quince de la noche, el personal de guardia del Box 1 de Politrauma disfrutó de una bandeja de bizcochos de soletilla recién traídos del horno de Barakaldo.

A las once y media de la noche, en Urduña, las campanas de la basílica tañeron con cadencia pausada, elevando una plegaria comunal por todos los rescatadores y sanitarios que velaban la noche.

A las once y cuarenta y cinco de la noche, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas alcanzaron la cota menos doscientos ochenta metros (-280 m), asegurando las tirolinas sobre la última sima inundada.

A las doce de la noche, los sanitarios registraron una frecuencia cardíaca de cincuenta latidos por minuto en el tercer atrapado, iniciando la reposición de glucosa hipertónica por vía endovenosa.

A las doce y quince de la noche, el paciente fue fijado al colchón rígido de rescate, verificando la ausencia de dolor a la palpación vertebral antes del izado vertical.

A las doce y media de la noche, los especialistas en cuerda armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles Petzl Twin , reduciendo la fuerza de tracción necesaria a menos de treinta kilos.