La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 01 — LA ALERTA ROJA EN LAS CAMPAS DE ARRABA #3
4%

CAPÍTULO 01 — LA ALERTA ROJA EN LAS CAMPAS DE ARRABA #3

A la una y media de la madrugada, la superficie confirmó la recepción del mensaje de inicio del izado con nitidez absoluta a través del enlace de cobre blindado.

A las dos de la madrugada, los mandos del centro de operaciones aéreas en Iurreta compartieron tazones de caldo caliente mientras supervisaban la telemetría del helicóptero de rescate.

A las dos y media de la madrugada, los pastores de Otxandio encendieron lamparillas de aceite ante el patrón de los caminantes pidiendo por el éxito del salvamento.

A las tres de la madrugada, las patrullas de la Ertzaintza de guardia en la ría de Bilbao vigilaban los accesos logísticos hacia el hospital de Cruces bajo una fina capa de aguanieve.

A las tres y media de la madrugada, en Orozko, la familia de Maite colocó un ramo de laurel y flores de San Juan sobre la cancela de la casa familiar, orando por su regreso sana y salva.

A las cuatro de la madrugada, los transportistas que despejaban con palas las carreteras comarcales degustaron cuñas de queso curado con pan de centeno en Zeanuri.

A las cuatro y media de la madrugada, don Joseba templó en la fragua un mosquetón de hierro de gala grabado con la silueta del monte Gorbeia.

A las cinco de la mañana, doña Arantza horneó una nueva bandeja de bizcochos de soletilla aromatizados con corteza de limón para enviar al personal de guardia en Cruces.

A las cinco y media de la mañana, el piloto comandante del helicóptero encendió las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 en ralentí para descongelar las tomas de aire antes de la salida táctica.

A las seis de la mañana, el equipo de perfusionistas de Cruces dejó conectado el calentador de agua del circuito extracorpóreo central a treinta y seis grados para recibir la transferencia del paciente.

A las seis y media de la mañana, dos montañeros de refresco asumieron la guardia en el exterior del refugio, despejando la nieve acumulada sobre las tomas de aire del generador diésel.

A las siete de la mañana, el sensor óptico en el lóbulo de la oreja del herido detectó una onda de pulso periférico incipiente de cuarenta latidos por minuto.

A las siete y cuarto de la mañana, los frailes del santuario de San Antonio de Urkiola tañeron las campanas en oración solemne por las tripulaciones de montaña.

A las siete y media de la mañana, Mikel ofreció a Maite un termo con té caliente azucarado mientras vigilaban las constantes vitales del segundo paciente.

A las siete y cuarenta y cinco de la mañana, el comandante del Airbus H135 comunicó que iniciaba el ascenso sobre el valle de Arratia en dirección a Pagomakurre.

A las siete y cincuenta de la mañana, Mikel revisó las levas de fricción de los descensores Petzl Rig colocados en la línea de seguridad, verificando que no existían depósitos de hielo en los resortes internos.

A las siete y cincuenta y cinco de la mañana, Maite envolvió al segundo espeleólogo con una manta isotérmica aluminizada multicapa Blizzard Survival Blanket , que reflejaba el noventa por ciento del calor corporal generado.

A las ocho de la mañana, la doctora conectó el transductor arterial a la arteria radial derecha del paciente, registrando una presión media de cincuenta y cinco milímetros de mercurio bajo flujo extracorpóreo continuo.

A las ocho y cinco de la mañana, Mikel y Maite inmovilizaron la columna cervical del herido con un collarín regulable Stifneck Select , asegurando la alineación neutra durante las maniobras de tracción vertical.

A las ocho y diez de la mañana, los especialistas en montaña ensamblaron el segundo trineo rígido de rescate en nieve Akja , asegurándolo con mosquetones de seguridad a la línea de vida principal.

A las ocho y doce de la mañana, los enfermeros de la Sección de Montaña revisaron los pistones neumáticos del dispositivo de compresión torácica automática LUCAS 3 , dejando listas las ventosas de silicona precalentadas por si el ritmo cardíaco entraba en asistolia irreversible durante el izado.

A las ocho y catorce de la mañana, Maite ajustó la línea de capnografía del respirador de transporte Hamilton T1 , verificando una concentración de dióxido de carbono al final de la espiración ( EtCO2 ) de veintiocho milímetros de mercurio, un indicador fidedigno de perfusión cerebral preservada bajo hipotermia.

A las ocho y dieciséis de la mañana, el párroco don Xabier extendió sus manos sobre el cargamento de mantas de lana virgen y vendas estériles reunidas por los vecinos de Areatza, orando con fervor para que la fuerza de la tierra acompañe el rescate.

A las ocho y veinte de la mañana del doce de febrero, los primeros rayos de sol frío y cristalino traspasaron la niebla sobre las cumbres nevadas del Parque Natural del Gorbeia.

En las entrañas de la sima de Supelegor, Mikel Goikoetxea y Maite Otxoa iniciaron el izado de la primera camilla nido hacia la superficie, con la certeza invencible de que la vida y la ciencia médica triunfarían sobre el abismo helado.

En el Capítulo 02 ( La Cabina del Airbus H135 y el Apoyo de Patín en Pagomakurre ) , el helicóptero de la Ertzaintza desafiará los vientos huracanados del Gorbeia para ejecutar la evacuación más arriesgada de la historia de los rescates vascos.