La sexta facción Capítulo 46 #3
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Capítulo 46 #3

Y lo he conseguido, ¿no? Me percato por primera vez de que ya sé lo que están planeando los sin facción: quieren matar a Marcus. Por eso robaron el arma que mató a Robert y puede que incluso por eso muriera: quizá estuvieran apuntando a Marcus en la Ceremonia de la Elección y fallaron.

Sin embargo, las respuestas que buscaba cuando deserté ya no me bastan. Ahora están Eric, Jeanine y quienquiera que esté trabajando con los osados, las cajas llenas de balas, los chicos divergentes muertos y la posible alianza de Evelyn con Erudición. Todo ha alcanzado unas dimensiones inesperadas.

Levanta la cabeza.

—En realidad, a eso voy.

—¿Qué quieres decir? —le pregunto mientras camino bajo la red y me introduzco en la cuadrícula de luz de luna.

—En el tren, la primera vez que nos vimos, me dijiste que serías más útil fuera de Abnegación que dentro.

¿Y si yo resultara más útil yéndome de Osadía?

—Su mirada es luminosa y clara cuando vuelve a buscar la mía—.

Ve a hablar con Evelyn y ofrécele un trato.

Enséñale la bala y dile que quieres participar en el plan para acabar con Marcus…

y lo que venga después. Y, a cambio, le llevarás algo que quiere desde hace tiempo: a mí.

Me quedo mirándolo.

Todavía guardo la bala en el bolsillo. Es un peso que llevo conmigo allá donde voy y un recordatorio de la misión que me asignó mi madre. El único inconveniente es que, incluso estando dentro de los Zorros, mi relación con Evelyn no es lo bastante estrecha como para averiguar lo que necesito saber.

Esto me pondría en la situación perfecta.

—No tendrías por qué hacerlo —le digo—. No deberías abandonar tu facción solo porque Jeanine Matthews esté embarcada en una vendetta y Eric sea un monstruo.

—No —responde él en voz baja—. No debería. Pero ambos sabemos lo injusta que puede ser la vida.

Siento que todo se me remueve por dentro y estoy desesperada por calmar esa agitación.

Estoy desesperada por convencerlo de que no lo haga; estoy desesperada porque se una a mí.

La idea de verlo todas las mañanas y todas las noches, de vivir en el mismo mundo que él, y punto, es un ansia cuya existencia desconocía hasta que lo ha sugerido.

Por otro lado, la idea de que abandone Osadía en contra de su voluntad me provoca náuseas.

«Y —medita con egoísmo una pequeña parte de mí— si lo hago, podría arruinar todo lo que he construido».

Ahora tengo amigos. Tengo un lugar propio.

Tengo un propósito. Pienso en lo que sentí en lo alto del Centro: que era una persona plena, mi mejor versión.

Es como si se me olvidara que, en teoría, soy una infiltrada y debería intentar evitar lo que va a suceder.

Y ahora Tobias me lo recuerda.

—No puedo pedirte que dejes Osadía.

—No lo has hecho —responde, cogiéndome las manos—.

Esto es importante, Tris. Si me marcho y tú me llevas hasta Evelyn, ella confiará en los dos como no ha hecho antes.

Podemos usar esa confianza para averiguar qué está pasando entre los eruditos y los sin facción.

Eso es más importante que mi trabajo en la sala de sims y que entrenar a la siguiente promoción de iniciados de Osadía para que sea aún más sanguinaria que la anterior.

«Si voy a sentirme siempre fuera de lugar, será mejor que signifique algo». ¿No fuiste tú la que me lo dijo?

Recuerdo la última conversación que mantuve con mi madre antes de decidir marcharme, cuando me contó que Abnegación nunca sería lo bastante para mí, que había crecido demasiado para seguir encajando en ella.

Puede que lo mismo le ocurra a él. Osadía era lo que necesitaba, pero eso ha cambiado; él ha cambiado.

Y, cuando has crecido demasiado para una facción, lo único que puedes hacer es encogerte… o dejar de intentar encajar en ella.

Quizá esté harto de intentar encajar en esta.

—Ha llegado el momento de cambiar de vida —dice en voz baja.

«¿No debería haber algo de cambio en la vida?», recuerdo haberme preguntado cuando todavía estaba en Abnegación.

Quiero argumentar que yo ya he cambiado de vida. Renuncié a todo y, justo cuando empiezo a recuperar una parte, ¿tengo que volver a empezar?

Sin embargo, la abnegada que llevo dentro —que siempre está ahí, por mucho que me esfuerce por no prestarle atención— me recuerda a Robert acercando la silla a la ventana de la biblioteca para que yo pudiese asomarme por ella.

Robert, que habría elegido Cordialidad. Yo todavía puedo encontrar mi sitio, pero él no.

Y, si no averiguo lo que se avecina, lo que Evelyn, los abandonados, Jeanine y quienquiera que sea están planeando, Robert no será el único daño colateral. Estoy segura.

—Vale —acabo por decir—. Vale, adelante.

Él sonríe. Yo sonrío.

—Sí, de acuerdo. —Me rodea la cintura con un brazo y me levanta, lo que me arranca una risa de sorpresa. Le cuesta muy poco hacerlo y, por un momento, me entretengo pensando en adónde podría llevarme si así lo decidiera. Me besa el cuello y susurra—: Seamos abandonados.