Capítulo 15 #4
—Abnegación —comenta Rory, chasqueando la lengua.
—No hay prisa —me dice Colin—. Tómate tu tiempo.
Rory se mete una cucharada de avena en la boca, mientras Miles, a su lado, extiende un mapa de la ciudad sobre la mesa, delante de él.
—Tenemos que centrarnos. Los descarriados mayores ya han memorizado el mapa, así que hay que ponerse al día si queremos conseguirlo.
Le echo un vistazo al mapa, en el que se ven varias equis rojas. Tardo unos segundos en percatarme de que señalan la ubicación de las estaciones de tren. Miles emplea una técnica mnemotécnica para recordarlas todas.
Pero entonces entra un grupo de personas en el comedor. Van todas vestidas del amarillo y rojo de Cordialidad. Es casi como si los miembros de la facción hubieran invadido nuestro espacio. Me enderezo.
—Son Zorros, no te preocupes —me dice Rory—. Supongo que estaban de incursión en Cordialidad.
—¿Incursión?
Tomo nota de los sacos con los que cargan algunos de los invasores y de las cajas cuyo interior no veo. Traen comida.
Comida robada.
—Solo roban a las facciones —explica Colin—. Nunca a los demás.
Como si eso lo arreglara.
—¿Y a todo el mundo le parece… bien?
—Bueno, no a la gente a la que robamos, supongo. Pero la alternativa es carecer de lo básico, como, no sé, comida. O vendas. O jabón. O productos menstruales.
Quiero discutirle que los abandonados perdieron su derecho a tomar más de lo que se les da cuando se salieron del sistema de facciones, pero todavía tengo muy reciente el estómago vacío de anoche. En parte, me alegro de que hayan robado sacos de cereales, porque eso significa que podré comer algo.
Rory parece percatarse de mi vacilación.
—Somos los que mantenemos la ciudad en marcha, ¿sabes?
¿Quién crees que transporta las mercancías en tren del sector de una facción al sector de otra?
¿Quién crees que arregla los cables de alta tensión que se caen o las alcantarillas atascadas?
Nosotros. Y nos pagan por ello, claro, pero no lo bastante para sustentar a nuestra población.
Por eso —añade, señalando a los Zorros— nos hacemos con el resto.
Evelyn dice que solo es hasta que podamos valernos por nuestra cuenta.
—¿Y ese es el objetivo? ¿Ser… autónomos? Creía que los sin facción querían que las facciones desaparecieran.
—Algunos sí. La mayoría, no —responde ella con un encogimiento de hombros.
Observo a los Zorros durante un momento. Uno de ellos le entrega un saco de arroz a una mujer que lleva un pañuelo en el cuello. Rory me dice que se trata de Jove, la líder de la Colonia. Los acompaña Evelyn, que observa a los dos que intentan abrir un tapón.
Un gremio de ladrones. Esto es justo lo que esperaba encontrar.
—¿Tienes algún gremio en mente? —me pregunta Rory.
—Déjala en paz, que acaba de llegar hace cinco segundos —la regaña Colin—. Seguro que ni siquiera sabe cuáles son.
Pienso en la lista que me recitó Rory antes de reunirme con el Remendador: Sanadores, Viajeros, Fabricantes, Zorros. ¿Hay más?
—¡Los gremios buenos son competitivos! —exclama Rory, frunciendo el ceño—. Tiene que empezar deprisa.
Tanta información me marea, al igual que me pasó en el taller del Remendador. Todo lo que sé sobre los abandonados se ha vuelto del revés ante este reluciente secreto oculto detrás de ventanas tapiadas.
—No lo sé —respondo—. ¿Qué hay que hacer para unirse a un gremio?
—Todos tienen pruebas de acceso —me explica Colin.
—Como la iniciación —señalo.
—Pero no es solo una prueba. Normalmente, después hay una votación en la que se decide si estás a la altura, y en eso puede o no influir si les gusta tu personalidad. No es lo mismo que la iniciación abnegada.
—Los Zorros organizan una competición anual —añade Rory, entusiasmada—. Ocultan estandartes por toda la ciudad, sobre todo en las sedes de las facciones. Si logras hacerte con ellos sin que te pillen, tienes el acceso casi garantizado.
Le pego un bocado a un trozo de pan. Está recién horneado, pero no sabe como el de Abnegación: no es nada esponjoso y casi no tiene corteza.
—Pero, para que te dejen quedarte, debes demostrar alguna habilidad útil —sigue explicándome Rory—. El año pasado aceptaron a una cordial que lo sabía todo sobre biotecnología y a un antiguo erudito que conocía su software.
Frunzo el ceño.
—Suena a que les interesa más la información que las habilidades.
Rory parpadea un segundo.
—Lo que tú digas, el caso es que tienes que aportar algo que no puedan proporcionar los demás. Yo pretendo ofrecer mi insuperable habilidad para identificar plantas.
—¿Para poder prepararles… una infusión? —pregunta Colin.
Rory le da un manotazo en el brazo.
Termino de comerme el pan y observo a los Zorros, que se ponen en la cola para desayunar. Sus sombras oblicuas se proyectan sobre las columnas blancas.
Al menos, ahora sé con quién necesito hablar. La pistola que se disparó en la Ceremonia de la Elección la robaron del muro, y he encontrado un gremio de ladrones abandonados. Quizá alguno de ellos sepa quién mató a Robert y por qué…, y qué va a pasar a continuación.