La senda del dolor (Vidas ocultas 2) Capítulo 49
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Capítulo 49

BIANCA

Estaba alcanzando la primera casa del pueblo cuando escuchó un disparo a lo lejos.

Eso hizo que detuviera en seco la carrera y se llevara las manos al pecho, no por el cansancio, sino porque algo dentro de ella se rompió.

Ese disparo solo podía significar una cosa y se negó a aceptar que pudiera ser verdad.

La idea de que Mario estuviera muerto hizo que Bianca se dejara caer en mitad del camino de rodillas y comenzara a sollozar.

—No puede ser… no puede ser… —murmuró, incapaz de articular las palabras, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

—Bianca, ¿estás bien? —escuchó de pronto una voz femenina, acercándose.

Al alzar la mirada vio que alguien corría hacia ella. No fue capaz de identificarla hasta que se frotó los ojos para limpiar las lágrimas que inundaban sus ojos.

—Lo han matado —murmuró con la voz rota—. Han matado… a Mario

—Tranquila, Mario está bien —dijo Verónica agachándose a su lado.

—¿Qué quieres decir ?

—Que Mario sigue vivo y Zabala está con él. Vamos, tengo que sacarte de aquí y ponerte a salvo.

Bianca se puso en pie, pero en un primer momento no se movió. Su mente no era capaz de procesar lo que estaba sucediendo.

—¿Y el disparo que acabo de escuchar?

—Lo realizó Zabala para abatir a uno de los secuestradores, que amenazaba a Mario. ¿Sabes cuántos más hay?

Antes de responder, se volvió para mirar a su espalda. Su deseo en ese momento era regresar para reunirse con él.

—¿Cuántos secuestradores hay? —repitió Verónica.

—Creo que son tres: los dos que me secuestraron y el que conducía.

—¿No hay más repartidos por el pueblo?

—No, solo ellos.

—En ese caso tengo que sacarte de aquí ahora mismo. Puede que te hayan seguido.

—No podemos irnos, tenemos que volver a ayudar a Mario —dijo sin apartar la mirada del camino de regreso a la nave—. Le han disparado en la rodilla y puede morir desangrado si no hacemos algo rápido.

—Escucha, Bianca…

—¡No! —la interrumpió, tajante—. El tiempo corre en su contra. Hay que llevarle a un hospital urgentemente. Si no lo hacemos ya, morirá.

Tras unos segundos, Verónica la agarró del brazo.

—Está bien, pero iremos en mi coche.

Bianca se dejó llevar y caminó al lado de la inspectora, que realizó una llamada por radio.

—Zabala, voy a tu posición con Bianca. Dice que quedan dos secuestradores más, así que ten cuidado.

—Lo sé. Estoy dentro con Mario y no veo a nadie en el exterior. Me quedo aquí hasta que llegues.

En cuanto subieron al vehículo, Verónica arrancó el motor y comenzó a maniobrar para tomar el camino a la nave, a la vez que encendía las luces azules intermitentes situadas en el salpicadero, de cara al exterior.

Mientras recorrían el camino a bastante velocidad, realizó una llamada con la otra radio que llevaba en el vehículo.

Las órdenes que dio lograron dar un poco de tranquilidad a Bianca.

—Hay que bloquear ya todas las carreteras de acceso al cabo Busto y necesito varias unidades en mi posición, junto con la ambulancia. —Tras lo cual la miró a ella—. Cuando lleguemos, no quiero que salgas del coche hasta que yo te diga. ¿Entendido?

Bianca no respondió. Ya solo estaba pendiente de llegar a la nave y ver en qué estado se encontraba Mario.

No tardaron en divisarla. En la pequeña explanada que había delante de la entrada seguía el vehículo que los secuestradores habían usado para llevarla hasta allí, lo cual le extrañó.

—Es el coche de los secuestradores —comentó.

La inspectora se detuvo en el camino, bloqueando la salida por si alguien trataba de usarlo para huir y empuñó el arma

—No salgas del coche hasta que te lo indique —insistió.

Bianca observó con el corazón encogido cómo avanzaba hasta la puerta de la nave, con movimientos lentos y girando la cabeza a un lado y otro.

Antes de llegar, Zabala salió a su encuentro empuñando una pistola.

Tras una breve charla, Verónica regresó junto a ella, que no pudo soportar más la espera y salió del coche a su encuentro.

—¿Cómo está Mario?

—Es mejor que esperes en el coche hasta que lleguen los refuerzos.

—¿Pero Mario está bien?

Al ver que tardaba en responder, la sorteó y corrió hacia la nave con el corazón encogido.

No estaba preparada para perder a Mario.