La senda del dolor (Vidas ocultas 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

BIANCA

Lo primero que hizo al despertarse fue mirar a la cama de al lado. Al ver que Mario no estaba acostado, lo llamó un par de veces sin obtener respuesta. Eran las ocho y media de la mañana, así que supuso que igual había bajado a desayunar, después de ver que ella dormía.

En un primer momento pensó en llamarle, pero prefirió ducharse y vestirse antes.

Lo cierto era que le había costado bastante cerrar los ojos durante parte de la noche y no porque la incomodase que Mario durmiera a un metro de ella.

Los sucesos de los últimos días no dejaban de dar vueltas en su cabeza, en especial la muerte de Sofía.

No lograba quitársela de la cabeza ni dejar de repetirse que podía haber hecho algo más para salvarle la vida.

Por suerte, el sueño la venció finalmente, aunque no durmió tantas horas como necesitaba. Al menos la ducha la ayudó a despejarse y a que su aspecto mejorara cuando salió de la habitación con intención de bajar al comedor en busca de Mario.

Al llegar a la recepción se encontró con dos personas hablando con el recepcionista: un hombre de complexión fuerte y barba cerrada y una mujer muy guapa que pasaba de los treinta años y que tenía el pelo recogido en una cola de caballo .

—Esa es su amiga —dijo el joven situado detrás del mostrador. Era el mismo que los había recibido de noche a su llegada al hotel.

La mujer se acercó a ella de inmediato para cortarle el paso.

—¿Eres Bianca, la pareja de Mario Ortiz?

—Sí.

—Soy la inspectora Verónica Cuevas. ¿Puedes decirme dónde está?

—No, pensé que estaría aquí abajo. Habíamos quedado para desayunar juntos.

—El recepcionista dice que salió hace media hora, más o menos.

—Pensaba llamarlo por teléfono.

—¿Te importa hacerlo?

Justo cuando sacaba su teléfono del bolsillo del pantalón, Mario entró en el hotel. Su expresión le hizo intuir que algo no iba bien.

—Hola, Mario —lo saludó la inspectora.

—Pensé que nos veríamos en el cuartel. Es más, me dijo que la llamara antes de ir.

Por su tono de voz, Bianca dedujo que estaba tenso.

—Esa era la idea, pero Zabala y yo estábamos en el pueblo y decidimos pasar por aquí para ver si habíais llegado sin novedad. Pareces cansado.

—Lo estoy.

—Tu novia dice que pensabais desayunar juntos.

—Esa es la idea.

—Si os parece, podemos tomar un café en el cuartel de la Guardia Civil mientras hablamos. Estoy pendiente de que me avisen para ir a una reunión en Oviedo.

—En ese caso, mejor buscamos un sitio aquí donde charlar y así terminamos antes.

—¿Va todo bien? —preguntó la inspectora arrugando la frente—. Pareces nervioso.

—Solo tengo ganas de terminar con todo esto

—Ya —murmuró ella. Tras unos segundos de duda, afirmó—: Mejor vamos al cuartel. Allí no nos molestará nadie. Os llevaremos en nuestro coche.

Bianca miró la expresión de Mario al escuchar eso y tuvo claro que algo no iba bien.