Capítulo 22
MARIO
Estaba sumergido en sus sueños, cuando una voz le sacó de ellos.
—Mario, despierta.
Al abrir los ojos vio que se trataba de Bianca. Estaba de pie, junto a su cama.
—¿Qué ocurre? —murmuró, somnoliento.
—Tenemos que ir al cuartel de la Guardia Civil. Me ha llamado el sargento para que nos presentemos allí los dos.
—No entiendo —dijo incorporándose para quedarse sentado en la cama—. ¿Por qué yo?
—Porque la reserva de esta casa estaba a nombre de los dos. ¿Ya no te acuerdas?
—Es verdad.
—Supuse que la Guardia Civil terminaría averiguándolo, por eso le dije al sargento que estábamos juntos de vacaciones.
—¿Dijiste que somos pareja?
—Sí. Es decir… —Por un momento la notó incómoda—. Creí que era la mejor forma de justificar que estuviéramos los dos en Torrevieja.
—No te preocupes, hiciste bien. Lo importante ahora es que nos pongamos de acuerdo para dar una misma versión de los hechos. ¿Qué le dijiste a ese sargento sobre el hecho de que yo no estuviera ayer contigo en el momento del crimen?
—Le dije que habías ido a visitar a tu hermana y que volverías de noche o esta mañana. De hecho, lo primero que me preguntó ahora al llamar fue si ya estabas en Torrevieja de vuelta.
—Me daré una ducha y nos iremos a verle.
—Yo voy a hacer lo mismo.
Bianca se dispuso a salir de la habitación, aunque se detuvo al llegar a la puerta.
—Siento haberte metido en todo esto, Mario —dijo volviéndose para mirarle—. De haberlo sabido no te habría pedido que me ayudaras.
—Lo hice porque quise y porque creo que tu labor es necesaria. Lástima que las cosas no siempre salgan como uno quiere.
—No dejo de repetirme que metí la pata y que Sofía está muerta por mi culpa.
Su mirada bajó al suelo y su voz se quebró como si estuviera a punto de romper a llorar, lo que hizo que Mario saltara de la cama y se acercara a ella. No le preocupó estar en boxer y camiseta.
—Escúchame, Bianca —comenzó a decir poniendo ambas manos sobre sus hombros para captar su atención y para que le mirara—. Tú no tienes ninguna culpa de lo ocurrido. El único culpable es el marido de Sofía, que es quien le quitó la vida, no tú. Hiciste todo lo que estaba en tu mano para protegerla.
—Sí, pero…
—No hay peros que valgan, Bianca. Tienes que metértelo en la cabeza antes de hablar de nuevo con la Guardia Civil. Si ven que sientes culpabilidad, incluso que dudas, van a apretarte hasta averiguar la verdad. Tenemos que insistir en la versión que diste ayer. ¿Lo comprendes?
Ella le miró a los ojos y asintió con la cabeza.
—Está bien.
De nuevo sintió el deseo de abrazarla, pero Bianca dio un paso atrás, como si quisiera dejar claro que había una barrera entre ellos que no le iba a permitir traspasar, por eso se limitó a decir:
—Nos vemos abajo en unos minutos.
Una vez que se alejó, Mario entró en el baño para ducharse. Mientras el agua caía sobre su cuerpo, trató de mantener la calma. No le hacía ninguna gracia tener que ir a un cuartel de la Guardia Civil para declarar, pero cuanto antes zanjaran el tema y pudieran regresar a Madrid, mejor.
En cuanto llegara le diría a Bianca por qué sus caminos debían separarse, algo que no creía que ella tuviera problema por aceptar.
Cada vez estaba más convencido de ello.