Capítulo 5
MARIO
La noche se hizo larga y aburrida, por eso Mario agradeció la llegada de los primeros rayos del nuevo día.
Una vez más, al igual que había hecho varias veces a lo largo de la noche, salió al exterior y dio una vuelta al perímetro de la finca.
El muro de más de dos metros de altura que la rodeaba era un buen obstáculo para que nadie lo tuviera fácil si intentaba colarse dentro sin ser visto.
Tenía que reconocer que Bianca había sabido elegir bien el lugar donde ocultar a Sofía.
Nadie desde el exterior podía ver lo que ocurría dentro de la finca, ni quién se encontraba en la casa.
El único problema era que no existía ninguna vía de escape distinta al portón de entrada.
Si tenían que huir, solo podían hacerlo por ese punto, lo que facilitaba la tarea a cualquiera que quisiera impedirlo.
Un vehículo atravesado en el exterior era suficiente para impedir cualquier intento de huida con el coche de Bianca.
Mario estaba pasando justo por delante del portón en su recorrido cuando escuchó el sonido de un motor acercándose.
No le preocupó hasta que el vehículo se detuvo y se mantuvo con el motor arrancado al otro lado de su posición.
Eso hizo que todos sus sentidos se pusieran en alerta.
Podía ser cualquiera, algún vecino del pueblo o un turista que pasaba por allí, pero después de un minuto en el que el vehículo pareció no moverse, Mario decidió regresar a la casa corriendo.
Una vez dentro, subió a la carrera las escaleras que llevaban a la planta de arriba y entró en el baño, cuya ventana daba a esa parte de la finca.
Un Audi grande, tipo SUV y de color blanco, estaba detenido en la cuneta, al otro lado de la carretera y justo frente al portón, como había supuesto.
Desde esa distancia no podía reconocer el rostro del conductor, por eso sacó su teléfono, activó la cámara y enfocó al coche, mientras aumentaba el zoom.
Justo cuando iba a sacar la foto, el vehículo se puso en marcha y se alejó en dirección al pueblo, hasta que lo perdió de vista.
—¡Mierda! —masculló entre dientes.
Durante un tiempo se quedó mirando a través de la ventana, esperando a que el vehículo regresara, algo que no sucedió.
—¿Ocurre algo? —escuchó la voz de Bianca a su espalda.
—Nada.
Consideró que no era necesario alarmarla, así que guardó el teléfono y se volvió hacia ella forzando una sonrisa que resultó de todo menos natural.
Bianca llevaba puesto el camisón de tirantes, esta vez sin chaqueta, lo que hizo que Mario no pudiera evitar centrarse en las curvas de su cuerpo.
Ella se dio cuenta de inmediato porque abrazó contra su pecho el neceser que llevaba en la mano.
—Necesito usar el baño.
Se veía que estaba incómoda por la situación.
—Claro, perdona.
Mario se dirigió a la puerta bajando la vista al suelo, mientras ella daba un paso lateral para permitirle el paso.
—¿Descansaste algo anoche? —murmuró cuando él ponía un pie fuera del baño.
—No —respondió Mario deteniéndose para mirarla de reojo—. Estuve vigilando la casa, como te prometí.
—Dame unos minutos para ducharme y vestirme. Me ocuparé de vigilar la casa a partir de ahora para que puedas dormir las horas que necesites.
—No te preocupes, ahora mismo no tengo sueño. Voy a bajar a tomarme un café —dijo dirigiéndose a las escaleras .
—¿De verdad que va todo bien? —preguntó ella cuando ya la había perdido de vista.
—Sí, tranquila.
Mario bajó las escaleras hasta la planta baja y entró en la cocina decidido a tomarse su tercer café en las últimas horas.
Lo necesitaría para mantenerse despierto unas horas más.
Al entrar, se encontró con Sofía sentada a la mesa con una taza en la mano.
La mujer alzó la vista y dibujó una sonrisa.
Llevaba puesto un pijama de satén que le había prestado Bianca y que le quedaba un poco justo.
—Buenos días —lo saludó la mujer al verle.
—Buenos días.
—Todavía no te he dado las gracias por ayudarme a escapar de mi marido.
—No es necesario darlas.
—Claro que sí. De no ser por vosotros, nunca habría conseguido huir de esa casa.
Yo… —La mujer fijó la vista en el interior de la taza—.
Cuando lo vi entrar por la puerta con un martillo en la mano, pensé que iba a matarme.
Me dijo tantas veces que acabaría con mi vida si algún día se me ocurría abandonarle que pensé que iba a hacerlo.
Si Bianca no hubiera reaccionado como lo hizo, yo no estaría viva. Fue muy valiente.
—Sí —admitió, a pesar de que no estaba de acuerdo con el riesgo que había asumido.
—Solo espero que esto no os traiga problemas. Mi marido no va a descansar hasta que me encuentre.
Al escuchar eso, Mario se acordó del coche que se había detenido delante de la finca minutos antes.
—¿Qué coche tiene tu marido? —preguntó.
—Un Porsche Cayenne. Uno de esos altos, tipo todoterreno.
—¿De qué color?
—Negro. Lo compró hace poco y le regaló el que tenía a su hermano.
—¿Y qué marca era el otro coche?
—Un Audi de color blanco.
Eso activó todas las alarmas en la cabeza de Mario.
—¿Sabes qué modelo? ¿Era tipo todoterreno, también ?
—Sí, a Arturo le gustan los coches grandes. Me suena que era un modelo Q, pero no sé el número. Lo cambió porque le parecía que llamaba poco la atención y quería uno mucho más caro. ¿Por qué lo preguntas?
—Solo era por saberlo —respondió, aparentando no darle importancia.
Quizá solo era casualidad, pero un coche como el que describía se había detenido minutos antes en el exterior de la finca.
—Vaya, me he quedado sin batería en el reloj —dijo Sofía llamando su atención—. ¿Qué hora es?
Mario no respondió, al menos en un primer momento. Su mirada se centró en el reloj de pulsera que la mujer llevaba en la muñeca, con la caja de color rosa y la pulsera blanca.
—¿Qué reloj es?
—Un Apple. Me lo regaló Arturo en mi cumpleaños, junto con un iPhone último modelo.
El reloj tiene un montón de cosas para controlar la salud, pero hay que cargarlo todos los días y el cargador se quedó en Madrid, dentro de mi bolso, al igual que la cartera con el dinero y el cargador del teléfono.
Por suerte encontré uno aquí, en la mesita de mi habitación.
Tal vez sirva también para cargar el reloj.
—Ni se te ocurra —dijo Mario, consciente de la gravedad de hacerlo.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, arrugando la frente.
Ya no respondió. Se acercó a la ventana para echar un vistazo al exterior de la casa y luego sacó del bolsillo la llave del coche de Bianca.
Tenían que largarse de allí lo más rápido posible.