Capítulo 13 — Sin firma #3
A las 22:11 la pantalla de la litera se encendió con una nueva nota interna. Sin remitente humano. Sistema administrativo automático. Letras blancas sobre fondo azul oscuro. La nota decía:
COMUNICADO: La Ingeniera Jefa A. M. Jansen ha sido reasignada, a partir de T+12 horas, al Comité Técnico para Revisión de Protocolos de Seguridad, División Administrativa, Cubierta 5. El Departamento de Ingeniería agradece su servicio en su rol anterior.
Debajo, en letras más menudas y grises, la firma técnica de observación cruzada: Obs. Cnel. P. Mwamba, Inteligencia Técnica, canal 7.2.1. El mismo canal de la auditoría de Nova, siete días atrás. Mwamba seguía la sesión por el canal 7.2.1 cuando cayeron las fichas. Procedimiento estándar.
Nova leyó hasta entender.
Reasignada, a partir de T+12 horas, al Comité Técnico para Revisión de Protocolos de Seguridad.
Un puesto burocrático. En otra cubierta.
Que separaba a Maren del módulo siete. En doce horas, Maren ya no tendría acceso al filtro de humedad donde estaban escondidos el cristal Kelso-4 y las dos copias de datos.
Tampoco al terminal aislado que leía la semilla.
Tampoco sería, en el papel, la ingeniera jefa de la Hécate-7 .
Y cuando una ingeniera jefa era reasignada a un Comité Técnico para Revisión de Protocolos de Seguridad en una flota que ya había perdido a una capitana, a un comandante de escuadrón, a tres oficiales de otras flotas y a un oficial de comunicaciones en las últimas cinco jornadas, lo que había después de las doce horas no era un escritorio en cubierta cinco.
Era un diagnóstico médico irregular, un accidente en una zona no supervisada, un fallo cardíaco durante una revisión preventiva.
Nova cerró la pantalla.
Se levantó y volvió a ponerse el uniforme. No bajó por el ascensor principal, sino por la escalera de servicio de estribor. A las 22:29 entró al módulo siete.
Maren ya estaba leyendo la nota en su propia pantalla. La había leído dos veces. La estaba leyendo una tercera. Cuando Nova entró, Maren levantó la mirada.
—Treinta y seis horas —dijo Maren.
—Treinta y seis horas.
Maren cerró la pantalla. Caminó hasta el banco.
Sacó del cajón inferior un rollo de cinta de aislamiento, un destornillador y un cilindro metálico menudo que Nova no reconoció: un emisor de spoofing electromagnético calibrado para inyectar ecos falsos de combate en el sector contrario, lo bastante reducido para acoplarse al motor secundario del Halcón-X y emitir durante cuatro horas antes de fundirse. Lo apoyó sobre el banco.
—Tenemos que mover la operación a antes —dijo Maren—. ¿Puedes volar mañana a las 03:00?
Nova tardó un segundo.
—Puedo.
—Bien. Mañana a las 03:00 te programo un vuelo de reconocimiento de sector 9-Sur.
La autorización la pedí a las 14:00 de hoy, con firma mía y contrafirma de Quiroga.
Va a pasar. Es un protocolo rutinario. Salto preprogramado al amanecer con coordenadas Zynari ya cargadas en el drive.
Yo cubro la maniobra desde aquí. Falsifico ecos de combate en el vector contrario.
Simulo emergencia en el sector 4-Este para desviar cualquier interceptación rápida.
Te regalo seis horas, si se puede. Cuatro, si no.
—Maren —empezó Nova.
—No me lo pidas, Reyes.
Nova cerró la boca.
Maren empezó a trabajar en el cilindro metálico.
Nova se acuclilló en el suelo y la miró.
Maren tenía las manos tranquilas. Las manos de Maren siempre estaban tranquilas cuando trabajaban.
Nova había aprendido a leer en esas manos, durante dos años, el tiempo del mundo.
Las manos de Maren ahora le decían: tenemos tres horas, y en tres horas tú te vas, y no voy a perder ni un minuto de ese tiempo llorando, porque llorar ahora no te salva .
A las 23:47 Maren dejó el cilindro terminado, lo guardó en el cajón y lo cerró con llave. Le pasó a Nova otro jarro térmico. Este ya no tenía miel: era té solo, caliente, sin azúcar. Nova bebió.
—Reyes.
—Dime.
—Quiero pedirte una cosa.
—Dime.
—Hazme un favor en la Arboleda. Pídele a kaelvorn que te enseñe el ritual de los caídos del Clan. El entero. Yo no me lo aprendí nunca. Tú sí puedes. Aprende a nombrar a los nuestros. Cuando te salga. Sin prisa.
—Maren.
—Prométemelo, chiquilla.
Nova cerró los ojos.
La palabra chiquilla le llegó con su forma habitual, Maren la decía y se arrepentía después, una pauta tan establecida que las dos ya no intentaban corregirla.
Pero esta vez Maren no se arrepintió. La dijo y la dejó.
La dejó colgada en el aire del módulo siete, sin recogerla, sin tapar con una frase lateral.
La dejó como quien deja una llave en una mesa sabiendo que ya no la va a usar más.
—Te lo prometo —dijo Nova.
Maren asintió. Una vez. Suficiente.
* * *
A las 00:24 Nova volvió al camarote, esta vez otra vez por el ascensor principal. Mantente visible. Se acostó y no durmió.
Sacó del bolsillo del pecho la semilla, la chapa de su padre, la chapa de Kai Morales. Las miró un rato. La semilla estaba tibia. Las chapas, frías. La mano de Nova, entre medias.
Pronto habría algo más en el bolsillo. Algo que ahora mismo estaba en el módulo siete, inclinada sobre un banco, calibrando un drive con las manos tranquilas, los goggles tácticos sobre la frente, las manchas permanentes de aceite en los dedos y una miel holandesa guardada en un frasco minúsculo cuyas cucharadas sobrantes terminaría bebiéndose alguien distinto.
Nova cerró la mano sobre las tres piezas. Las apretó. Tarareó. Dos notas. Tres.
La cuarta, esta vez, ni siquiera atravesada. No intentó sonar. Nova no la forzó. La dejó en silencio. kethana nivra . La nota que espera. Esta vez no esperaba a nadie. Solo no estaba todavía.
Cerró los ojos.
Esta vez no durmió.
Afuera del camarote, en el pasillo, la luz azul parpadeaba con su ritmo conocido. A Nova le salió un suspiro corto. No era para nadie.