Capítulo 13 — Sin firma #2
Nova se sentó en el suelo y Maren le pasó el jarro. Nova bebió: más miel de la habitual, dos cucharaditas esta vez, que Nova contó con la lengua.
—Kessler —dijo Nova.
—Sí.
—¿Es lo que pienso?
Maren respiró antes de contestar.
—Es lo que piensas. Cabina de Halcón con sistema de oxigenación comprometido a las dos de la madrugada, sin supervisión, sin más personas a bordo.
Es lo más limpio que hay. No deja cuerpo comprometedor, no deja evidencia de trauma, no deja nada que un tribunal pueda llamar homicidio.
Los diagnósticos de oxigenación son preventivos; cuando fallan, fallan en retrospectiva.
Nadie firma, nadie se responsabiliza. El sistema falló solo.
—¿Puedes demostrarlo?
—No.
—¿Nada?
—Nada. Lo sé porque lo sé. Como con Feren. La diferencia es que esta vez no tengo ni los cinco registros de defunciones para cruzar estadística. Kessler fue uno solo. Un solo evento.
Nova giró el jarro entre las manos. Ya casi no calentaba.
Maren siguió.
—Hay más, Reyes.
—¿Más qué?
—Tres oficiales más. En otras flotas.
Nova ya tenía el cuerpo vuelto hacia ella.
—En las últimas doce horas —dijo Maren—.
Tres. Una oficial de inteligencia técnica en la Cuarta; un analista en la Segunda; un capitán de fragata en la Novena.
Quiroga me pasó dos, por canal invisible.
El tercero me lo mandó un amigo técnico de Marte, sin firma, adjunto a una factura de calibrado.
Los tres firmaron, en los últimos cuatro meses, órdenes o informes que tocan piezas de lo que nosotras hemos estado armando.
Ninguno sabía que tocaba nada. Firmaban cosas rutinarias que alguien arriba les puso delante.
Los tres murieron en accidentes de prueba, cada uno de una causa distinta, en doce horas.
—Estadística.
—Tres muertes accidentales en doce horas, en tres flotas, en oficiales que tocaron las mismas piezas que nosotras. Eso no se da por azar.
—Limpian. A los que tocaron alguna pieza, sepan o no que la tocaron.
La frase quedó colgada en el aire del módulo siete. Ninguna lo nombró. Pero la persona de cuyo nombre hablaban estaba en el módulo con ellas, entre ellas, a cuarenta centímetros de los dos jarros térmicos. Como una silla vacía que las dos veían sin mirar.
Nova tardó en hablar.
—¿Y Peralta?
Maren alzó la vista hacia ella. La pregunta cambió de forma sin que ninguna de las dos hablara.
—Peralta —dijo Maren, en voz muy baja— fue trasladado hace catorce horas.
La orden la firmó Feren. Pero no te pierdas lo otro: la transmisión Zynari que Peralta te pasó a ti aquella noche, la del canal civil antiguo, la subió por canal directo al General cuatro días después del primer combate, con su firma oficial.
Eso le dio a Orion casi dos semanas para decidir qué hacer con él. Decidió hace doce horas.
—¿Adónde lo llevaron?
—A la Estación Trinidad. A la unidad de evaluación psicológica preventiva. En el papel, es un traslado protocolar por síntomas de agotamiento operativo prolongado .
—¿Y Arteaga?
—Arteaga también. Le hicieron firmar retiro voluntario y lo mandaron a casa con sus hijos a Ceres Sur. Voló contigo en aethon. Eso bastó.
—¿Y los tres de la rotación a Tycho Sur? Goldstein, Acosta, Juanes.
Maren bajó los párpados un instante.
—Embarcaron hace cuatro días. La nave de transporte llegó a Tycho Sur.
Los tres entraron al Centro de Evaluación Estratégica con sus credenciales.
Tres días después, Goldstein y Juanes figuran en la lista de personal del Centro.
Acosta no. Acosta tiene un acta de defunción firmada el día siguiente al embarque, de su mano: paro respiratorio durante revisión médica de adaptación atmosférica .
Es la cuarta acta que firma Feren este año.
Goldstein y Juanes están vivos por ahora.
Los van a mantener unas semanas más antes de decidir.
Saben que los están mirando. Quiroga me lo confirmó esta mañana por canal indirecto: Goldstein dejó una palabra en el comentario de un parte rutinario que únicamente yo iba a leer.
Suficiente . Eso es lo único que pude rescatar de los tres.
Nova bajó la mirada al jarro térmico. La miel ya se había mezclado con el fondo del té; quedaba un anillo dorado adherido a la pared interna del jarro. Se quedó mirándolo un rato largo.
—¿Algo más que hayas cruzado y no me hayas dicho?
Maren se tomó un instante.
—Una cosa rara. De las que no sé todavía qué significan.
Hace dos años el General firmó, sin anunciarlo, una operación de prospección dimensional clase ocho en el sector 12-N.
Clase ocho es un nivel de encriptación que no se usa sin razón.
Prospección dimensional no está en los manuales operativos que yo conozco.
La orden sigue archivada, cerrada, sin conclusión registrada.
La dejo para después. Si vivimos. —Soltó una risita seca y se la tragó.
Nova cerró los ojos.
Peralta era el oficial de comunicaciones que le había hecho llegar la tableta con la transmisión Zynari aquella noche, hacía ya muchas semanas.
Compañero de academia. Había bajado la voz en un pasillo para decirle tengo una transmisión no encriptada, la voz no es humana .
Desde entonces había hecho su trabajo con la discreción de los que entienden.
No había levantado la voz. No había hecho preguntas.
Había visto pasar cosas por su consola que no debían pasar, y las había dejado pasar porque no había nada que él pudiera hacer.
—Feren firmó —dijo Nova.
—Sí. Para Peralta.
Maren tomó el jarro y bebió; Nova tomó el suyo e hizo lo mismo.
—¿Y nosotras? —preguntó Nova.
Maren no contestó enseguida.
—Tú estás demasiado visible para que te toquen sin contexto —dijo Maren—.
Derribaste a kryx. Tu nombre figura en el informe de aethon.
La grabación con las palabras de aethon en canal abierto tiene tu voz.
Si desapareces ahora, la desaparición levanta preguntas que el aparato no quiere tener que responder.
Contra ti, no pueden operar limpio. Tendrían que montar un teatro. Y el teatro cuesta. Eso te protege.
—¿Por ahora?
—Por ahora.
—¿Y tú?
Maren bebió y se quedó con la vista en el jarro, y lo dejó luego en el suelo, al lado de la rodilla, antes de levantar la mirada. Nova vio en los ojos de Maren algo que había visto antes únicamente cuando hablaba de su hermana Ixa, una calma que no era calma, sino el lado quieto de algo muy viejo.
—Yo no tanto —dijo Maren—. Yo soy ingeniera. Paso desapercibida. No tengo nombre en los informes de combate. Mis firmas están en órdenes de mantenimiento rutinario que nadie lee. Si yo desaparezco, la desaparición cabe en un párrafo. Eso me hace más útil que tú a un asesino, no menos.
—Maren, si tú te quedas, yo no…
Maren levantó una mano, no con violencia, con la firmeza de quien interrumpe una discusión que ya ha oído antes y no le cambia la opinión.
—No me digas nada, Reyes. Solo escucha.
Nova cerró la boca.
—Tienes que pensar en salir —dijo Maren—.
No mañana. No dentro de una semana. Pronto.
Tienes que llevar la semilla a alguien que pueda hacer algo con ella.
Los datos que metimos nosotras, los de Feren, los de Soria; esos datos solamente sobreviven si salen del alcance terrano.
La Arboleda. Tienes el contacto. kaelvorn ya sabe que viene.
Los Zynari van a duplicarlo en sus archivos y en archivos civiles que nosotros no podemos alcanzar.
Eso es lo único que puede hacer que lo de Kessler, lo de Ibáñez, lo de los tres de las otras flotas, lo de Peralta, signifiquen algo.
Si tú sales con los datos, su muerte fue un retraso.
Si no sales, se cancela el sello que les pusimos.
—Maren.
—Yo me quedo.
—Maren.
—Yo me quedo, Reyes. Yo soy más útil aquí que afuera.
Desde aquí puedo calibrar tu salida, falsificar los ecos de combate cuando te escapes, retrasar la respuesta de la flota mientras tú saltas.
Si yo me voy contigo, nadie te cubre. Saltas sola, te alcanzan en el vector de salida, te disparan cuando sales del salto, y te matan. Si yo me quedo, tú vives.
—No.
Maren no se movió.
—Sí, Reyes.
Nova se levantó, caminó tres pasos, volvió, se sentó.
Bebió el té. La miel le bajó por la garganta con peso de cosa caliente.
No lloró. No gritó. Las cosas más importantes en la vida de Nova se habían discutido siempre con la voz baja.
El grito es para lo que no lo es , le había dicho Maren un año y medio atrás, después de una avería que había matado a un técnico junior.
Maren era, ahora, quien le imponía esa regla.
Nova lo entendía. Con la parte de la cabeza que medía vectores y catalogaba probabilidades, era cálculo. La otra parte, la que no medía nada, no encajaba.
—¿Cuándo? —preguntó Nova, muy bajo.
—Pronto —dijo Maren—. No sé exactamente.
Voy a programar un vuelo de reconocimiento legítimo para ti hacia un sector vacío, calibrar el Halcón con sobrecarga de drive y falsificar los protocolos de telemetría para que parezca una patrulla estándar hasta el último minuto.
Cuando saltes, la flota va a tardar en entender que saltaste.
Yo voy a retrasar la respuesta todo lo que pueda.
Seis horas, quizá. Podrían ser cuatro. Podrían ser dos, si tenemos mala suerte.
Para entonces tú ya tendrás que estar en coordenadas Zynari.
—¿Y tú?
Maren bebió. No respondió a tiempo.
—Yo decido sobre la marcha —dijo, después.
Nova sabía lo que eso significaba. Maren también.
Nova no preguntó más.
* * *
Subió al camarote a las 20:47. No por la escalera de servicio.
Por el ascensor principal, para que la registrara el sistema de cámaras.
Mantente visible. Caminó con la postura normal y saludó a un oficial que cruzó el pasillo, después a otro.
Cerró la puerta del camarote, se quitó el uniforme, se puso la camiseta de dormir y se dejó caer en la litera.