Capítulo 13 — Sin firma
Sin firma
Había sido una noche sin turno, sola en el módulo siete.
No había dormido. Había abierto, con su credencial personal de ingeniería, el subsistema de identificación de las dos baterías de fase defensivas exteriores del hangar secundario de pruebas, el mismo hangar donde un Halcón-X obsoleto se deterioraba lento en su soporte desde hacía seis años.
El subsistema pedía firma de identificación para cada nave autorizada a entrar o salir del cuadrante.
Maren reescribió la del Halcón-X, acoplándola al perfil de una nave amistosa con autorización de tránsito de servicio activable con su código personal.
Las baterías no dispararían contra esa firma.
Probó el código tres veces contra una simulación interna. Pasó las tres veces.
No sabía aún que iba a usarlo. Lo hacía sin nombrarlo, como se cierra una válvula extra antes de dormir aunque ninguna alarma haya sonado.
Cerró el terminal, borró el rastro del acceso, guardó la credencial y salió del módulo siete con las manos vacías, sin prisa. Durmió dos horas.
* * *
Tres días después de aethon, el aire de la Hécate-7 bajó dos grados.
La primera vez fue en el ascensor de cubierta tres, a las 07:42, mientras subía al comedor de oficiales para el desayuno de siempre.
Las paredes del ascensor estaban frías al tacto, no lo bastante frías para disparar el sensor de termorregulación automática, pero frías, y el aire que le entraba por la nariz tenía esa sequedad mínima que cualquier ingeniera con algo de experiencia reconocía como una baja intencional en la humedad relativa.
Kessler, en alguna conversación de pasillo, le había explicado una vez por qué se hacía: cuando una flota entraba en alerta interna discreta, bajaban dos grados la temperatura y cinco puntos la humedad.
En el papel, optimización energética. En la práctica, los cuerpos quedaban un grado más alertas.
Es un truco viejo, Reyes , le había dicho.
Lo usaban los capataces del Cinturón cuando los turnos se ponían largos.
La gente discute menos cuando tiene un poco de frío.
Nadie había anunciado alerta interna.
Nova cruzó el pasillo hasta el comedor. Kessler estaba en la mesa del fondo, solo, con un tazón de cereal sintético que no había tocado y la tableta apoyada en el borde.
Levantó la vista cuando Nova entró. La mirada le duró medio segundo, lo justo para hacer un asentimiento mínimo, y volvió a la tableta.
Nova lo registró: era la primera vez que Kessler se sentaba solo en el comedor en dos años.
Otros cuatro oficiales en las mesas. Dos tomaban café.
Uno leía una tableta. Otro miraba al vacío con la cara de haber dormido dos horas.
Ninguno la saludó. Los saludos, en la Hécate, siempre habían sido mínimos pero regulares, un asentimiento, un teniente , un movimiento de la mandíbula.
Esta mañana, no. Los tres oficiales que la vieron entrar bajaron la mirada medio segundo más tarde de lo que habrían bajado una semana atrás. No era mucho; bastaba, con todo.
Nova tomó café. Se sentó al lado de la pared. En la pantalla lateral, el feed interno de TerraNet Flota corría boletines operativos y administrativos de la Séptima. Una nota en letras blancas sobre fondo azul oscuro ocupaba el panel principal.
COMUNICADO: La Cap. M. R. Ibáñez ha sido reasignada a Mando Central, División de Auditoría Estratégica. Toma posesión de su nuevo puesto en 96 horas. La flota agradece sus años de servicio.
El comunicado terminaba ahí. Nova lo leyó dos veces y bebió el café sin prisa, hasta el fondo, sin sentir el sabor.
Ibáñez había sido la oficial más experimentada de la Hécate.
La que hacía cinco días le había hecho la auditoría sobre la baliza defectuosa, había cerrado la libreta de cuero con la pluma de tinta azul oscuro y había mirado a Nova cinco segundos sin insistir.
Ascendida de golpe. Desplazada de la nave.
Con la rapidez administrativa que la Confederación Terrana reservaba para las reasignaciones que no se discutían.
Un técnico pasó al lado de su mesa y le dijo buen turno, teniente ; Nova le devolvió el saludo y el técnico siguió caminando. La rutina seguía, pero no era rutina.
* * *
Nova no fue a ingeniería ese día. Tampoco el siguiente.
Cumplió la instrucción que Maren le había dado después de aethon: visible, comedor, turno completo, sin visitar el módulo siete hasta nuevo aviso.
Voló su patrulla, firmó sus formularios, saludó a quien saludaba y calló a quien callaba. Durmió mal. Durmió, igual.
El segundo día después de la nota sobre Ibáñez, Kessler no apareció en el briefing matutino.
A las 08:02, cuando entró a la sala B-04, encontró a Soria de pie en la tarima en lugar del comandante.
Los oficiales estaban sentados. Quince pilotos, seis oficiales de apoyo.
El aire de la sala estaba dos grados más frío, como en el resto de la nave.
Nadie hablaba. Nova se sentó en su lugar habitual.
Kessler nunca llegaba tarde a un briefing.
Kessler, en dos décadas de servicio, no había llegado tarde a un briefing ni siquiera el día que su hijo mayor se había casado, porque había organizado el horario para entrar al briefing con media hora extra.
Soria comenzó a las 08:04.
—Buen día, oficiales. Antes del briefing operativo regular, un anuncio.
—Soria hizo una pausa mínima. La cara no se le movió—.
El comandante Kessler sufrió un fallo de soporte vital durante la prueba nocturna del Halcón nueve entre las 02:14 y las 02:31 de esta mañana.
El sistema de oxigenación de la cabina presentó una anomalía no detectada por el diagnóstico preventivo.
El comandante Kessler fue declarado sin signos vitales en el sitio.
Reemplazo en el escuadrón Halcón será asignado en las próximas horas. Funerales según protocolo. Continúen.
Continúen.
Nova oyó la palabra repetida, y oyó también lo que Soria no decía.
Oyó la mandíbula tensa que había visto en el pasillo cinco días atrás.
La voz baja de Kessler diciendo si esto se desploma, tú vuelas primero .
El saludo que le había hecho al pasar, breve, más despedida que saludo.
La cabina del Halcón nueve a las 02:14 con un piloto solo dentro, sin nadie que mirase.
Los diecisiete minutos que el sistema había tardado en darse cuenta.
La mano izquierda apretó el lápiz de la tableta hasta que el plástico le crujió en el puño.
Lo soltó. La otra mano había olvidado tomar nota.
La pantalla esperaba. Nova respiró cuatro cuatro seis sin la cuenta, aire nada más.
Dispuso a Kessler al lado de Caldeira, al lado de Beltrán, al lado de Sandoval.
Cuatro asientos que no se ocuparían. Cinco con Maren, cuando le tocara.
Y a Maren le tocaría. Nova ya lo había aceptado, aunque no se lo hubiera dicho.
Nadie se movió durante tres segundos. Después Soria inició el briefing: coordenadas de patrulla, asignación de turnos, cambios en el calendario de mantenimiento.
Nova tomó notas en su tableta. La rutina hacía el resto.
Las notas le salieron bien. Los dedos sabían qué hacer.
El resto de la cabeza estaba en otra parte.
Kessler era el más cercano a algo parecido a un oficial honesto en la flota.
Le había susurrado en el pasillo, cinco días atrás: Alguien nos quiere en otro lado, Reyes.
No es ataque. Había sido la única voz en el briefing de aethon que había hecho preguntas técnicas a Soria y recibido respuestas de plantilla.
Había pilotado Halcones durante veintidós años.
Los pilotos de veintidós años no se mueren por un diagnóstico preventivo que falla.
Nova levantó la mirada una sola vez durante el briefing, para ver a Soria. Soria leía la pantalla mural, no miraba a nadie. Nova bajó la mirada.
Cuando el briefing terminó a las 08:31, Nova se levantó con los otros y salió de la sala.
Subió a cubierta dos, fue al camarote y cerró la puerta.
Pensó en Kessler, en la mandíbula de Kessler, en las sienes blancas, en los ojos rápidos y oblicuos.
En los treinta y cuatro tripulantes del Tordo , que habían sobrevivido a aethon por los botes de escape.
En los técnicos sin nombre de las dieciséis estaciones del primer silencio.
En Ibáñez reasignada a una oficina donde las libretas de cuero no servirían para nada.
Pensó que en tres días la Hécate-7 había perdido, sin que nadie lo dijera, a tres personas distintas de tres maneras distintas que tenían un hilo común.
* * *
A las 19:14 la consola del camarote hizo un clic. Un mensaje entró en la bandeja personal. Remitente: ingeniería. Asunto: chequeo de rutina de tubos de oxígeno en camarote 2-47 . Hora de realización: 19:30.
Nova leyó el mensaje. Conocía el código.
Maren le había dicho dos meses atrás, en una conversación lateral que Nova no había sabido entonces para qué guardaría, que si alguna vez necesitaba citarla sin citarla, el mensaje iba a llegar bajo ese formato exacto, chequeo de rutina de tubos de oxígeno en camarote 2-47 , y Nova debía entender que la cita era en ingeniería, módulo siete, en la hora indicada, con entrada discreta y sin registro externo.
Dos meses atrás, cuando Maren había pasado el código, Nova había dicho jefa, eres paranoica .
Maren había respondido soy ingeniera, Reyes. La diferencia es menor .
A las 19:28 Nova bajó, no por el ascensor principal sino por la escalera de servicio de estribor, que Maren mantenía fuera del registro de cámara bajo la clasificación de zona de mantenimiento no supervisada .
A las 19:31 entró al módulo siete por la puerta trasera.
Maren la estaba esperando, sentada en el banco, con dos jarros térmicos ya servidos.