Capítulo 28 · Hora sesenta y cuatro
La primera versión duró cuarenta y seis segundos.
No el documento.
Mi voz.
Cuarenta y seis segundos hablando sola mientras Damián permanecía al pie de la escalera y el teléfono de emergencias todavía no sabía que existíamos.
Celia no me enseñó el informe completo hasta que regresamos al apartamento. Cerró la puerta, dejó el bolso sobre la mesa y comprobó las dos habitaciones como si temiera encontrar otra prueba esperando encima de una almohada.
—Siéntate.
—No soy una niña.
—Entonces deja de obligarme a darte instrucciones básicas.
Permanecí de pie.
Mi abogada sacó tres hojas impresas.
En la primera aparecía el documento que la policía había recuperado de la carpeta DESPUÉS.
PRIMERA VERSIÓN
Damián bebe. Discusión. Me agarra. Cae hasta el rellano. Intento ayudar. Vuelve a caer. Llamo. Lía estaba conmigo.
Nueve frases.
Ninguna completa.
Un esqueleto.
—Eso no es una historia —dije—. Son notas.
—El título dice versión.
—Podía referirse a una primera redacción.
—¿De qué?
—De lo que había ocurrido.
—Antes de llamar a emergencias.
—Necesitaba ordenar la cabeza.
—Damián estaba abajo.
—Creía que estaba muerto.
—¿Lo comprobaste?
—No respiraba.
—En la llamada dices que no sabes si respira.
—Porque la operadora me hizo dudar.
—¿Tenía pulso?
—No lo encontré.
—¿Lo buscaste antes de escribir esto?
—Sí.
Celia colocó la segunda hoja sobre la mesa.
—La aplicación conserva el historial de revisiones.
No quería leerlo.
Lo hice.
23:57:04
Primera versión. Damián bebe. Discutimos. Me agarra. Cae al rellano. Bajo. Me agarra otra vez. Tiro y cae.
Debajo aparecía la primera modificación.
23:57:17
Primera versión. Damián bebe. Discusión. Me agarra. Cae hasta el rellano. Intento ayudar. Me agarra otra vez. Tiro de mi brazo. Vuelve a caer.
Segunda modificación.
23:57:29
Damián bebe. Discusión. Me agarra. Cae hasta el rellano. Intento ayudar. Vuelve a caer. Llamo.
Tercera.
23:57:43
Damián bebe. Discusión. Me agarra. Cae hasta el rellano. Intento ayudar. Vuelve a caer. Llamo. Lía estaba conmigo.
El título se había mantenido durante todo el proceso.
—El dictado entendió mal —dije.
—¿Qué parte?
—«Tiro y cae».
—Después lo corregiste por «tiro de mi brazo».
—Porque era eso.
—Y doce segundos más tarde borraste también esa parte.
—No hacía falta.
—Era el único movimiento entre el agarre y la segunda caída.
—No la provoqué.
—No he dicho eso.
—Es lo que está escrito.
—Está escrito que tiraste y cayó.
—Tiré de mi brazo.
—La primera transcripción no incluye brazo.
—Los dictados se equivocan.
—La segunda sí lo incluye.
—Porque lo corregí.
—Y después lo eliminaste.
—Porque podía interpretarse mal.
Celia me miró durante varios segundos.
—Antes de llamar a emergencias ya estabas pensando en cómo podía interpretarse.
—Acababa de morir mi marido.
—Aún no sabías que estaba muerto.
—No respondía.
—Eso no es lo mismo.
—Para mí sí.
Mi abogada señaló la hora.
—El segundo impacto se produjo aproximadamente a las veintitrés cincuenta y seis y cincuenta segundos. El documento se creó catorce segundos después.
No recordaba que hubiera sido tan rápido.
—Entonces estaba en shock.
—Catorce segundos después de que terminara de caer, desbloqueaste el teléfono, abriste una cuenta oculta, entraste en una carpeta titulada DESPUÉS, creaste un documento y dijiste «primera versión».
—La cuenta ya estaba abierta.
—Eso reduce un paso.
—La aplicación también.
—¿Por qué?
—Había estado revisando cosas.
—Antes de que llegara Damián.
—Sí.
—Después de la segunda caída, ¿el teléfono seguía en tu mano?
—Estaba en la cocina.
—Entonces tuviste que bajar, cruzar el recibidor, llegar a la encimera, cogerlo y desbloquearlo.
—Sí.
—¿Pasaste junto a Damián?
—Sí.
—¿Te arrodillaste?
—Sí.
—¿Comprobaste si respiraba?
—Sí.
—¿Buscaste pulso?
—Sí.
—¿Y todo eso ocurrió en catorce segundos?
No respondí.
—La hora puede estar mal.
—Tiene un margen inferior a tres.
—Entonces el impacto registrado no fue el último.
Celia se quedó inmóvil.
—¿Qué significa?
—Pudo haber otro golpe después.
—La cámara exterior y el asistente registran la segunda caída completa.
—Entonces el documento empezó más tarde.
—No.
—Los sistemas pueden tardar.
—No tanto.
—¿Qué quiere que diga?
—La verdad sobre qué hiciste inmediatamente después de escucharlo caer.
—Bajé.
—¿Corriendo?
—Sí.
—¿Con las zapatillas?
—No. Ya me las había quitado.
—Las guardaste antes de la llamada.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Al bajar.
—¿Antes de comprobar a Damián?
—No recuerdo.
—Hace dos días dijiste que te las quitaste porque resbalaban durante la reanimación.
—Eso creía.
—Ahora el documento demuestra que utilizaste el teléfono casi inmediatamente después de la caída.
—No demuestra que no lo tocara antes.
—Catorce segundos.
—Podía abrirse con la voz.
—Se desbloqueó con código.
—Entonces el reloj está mal.
Celia recogió la primera hoja.
—La policía ha sincronizado la cuenta con el teléfono, la cámara, el asistente y la llamada.
—La policía quiere que parezca una planificación.
—No necesitan hacer que parezca nada. Tú escribiste la secuencia antes de pedir ayuda.
—Porque sabía que me preguntarían.
—¿Quién?
—La policía.
—Todavía no habías llamado.
—Sabía que vendrían.
—¿Por qué no una ambulancia?
—Porque Damián estaba muerto.
—Otra vez.
Me alejé de la mesa.
El apartamento no tenía espacio suficiente para caminar sin volver siempre al mismo lugar.
—No sé cómo explicar lo que ocurre dentro de la cabeza cuando alguien cae así.
—Empieza sin explicarlo. Cuenta lo que hiciste.
—Escuché el golpe. Volví. Bajé. Vi a Damián.
—¿Desde dónde?
—Desde arriba.
—¿Lía estaba contigo?
—En la habitación.
—¿Le dijiste algo?
—Que esperara.
—Ella afirma que dijiste «papá se ha caído, yo estaba aquí contigo».
—Eso fue antes.
—Antes de la segunda caída.
—Sí.
—Entonces después del golpe final bajaste, pasaste junto a él y abriste el teléfono.
—No pasé de largo.
—¿Cuánto tiempo estuviste arrodillada?
—No sé.
—Menos de catorce segundos.
—El documento pudo crearse con retraso.
—No.
—¿Por qué me pregunta si ya ha decidido la respuesta?
Celia dejó las hojas.
—Porque mañana la fiscal no preguntará. Afirmará que preferiste escribir una coartada antes que pedir ayuda.
—No era una coartada.
—«Lía estaba conmigo».
—Era verdad.
—No durante los noventa y cuatro segundos.
—Estaba arriba.
—Tú no.
—Estábamos en la misma planta.
—La frase no dice eso.
—Las notas no tenían que ser precisas.
—Pero corregiste «tiro y cae».
—Porque eso sí necesitaba ser preciso.
La miré.
—¿Qué pretende?
—Que entiendas cómo se lee.
—Sé cómo se lee.
—No lo parece.
—Parece que aparté el brazo y Damián cayó.
—Sí.
—Eso fue lo que ocurrió.
Celia tardó en responder.
—Hasta ahora dijiste que él te soltó, quedó de rodillas y cayó cuando intentó seguirte.
—Son partes de lo mismo.
—No.
—Tiré de mi brazo. Me soltó. Quedó apoyado. Yo me fui. Después cayó.
—Entonces ¿por qué el primer dictado une «tiro» y «cae»?
—Porque estaba hablando deprisa.
—¿Cuánto tiempo pasó entre las dos cosas?
—Segundos.
—¿Cuántos?
—No sé.
—¿Uno?
—No.
—¿Dos?
—Quizá.
—¿Diez?
—No sé.
—En tu declaración dijiste que habías llegado casi a la puerta de Lía cuando escuchaste la segunda caída.
—Sí.
—Desde el descansillo hasta la habitación tardas más de dos segundos.
—Caminaba rápido.
—Aun así.
—Entonces el dictado resumió.
—¿Por qué lo llamaste primera versión?
—Porque iba a escribirlo mejor después.
—¿Para quién?
—Para mí.
—¿Por qué necesitabas una versión para ti misma de algo que acababa de ocurrir?
La pregunta no tenía una respuesta inocente.
Tenía respuestas humanas.
No servían igual.
—Porque ya no sabía qué había pasado —dije.
—Cuarenta segundos después.
—Todo estaba mezclado.
—Pero sabías que había bebido, que discutisteis, que te agarró, que cayó dos veces y que Lía estaba contigo.
—Eso era lo básico.
—También sabías qué parte convenía borrar.
Me acerqué a la mesa y señalé la primera revisión.
—No borré el agarre.
—No.
—Ni las dos caídas.
—No.
—Ni que tiré de mi brazo.
—En la segunda versión sí.
—Porque «intento ayudar» era suficiente.
—No significa lo mismo.
—Estaba intentando ayudarlo cuando me agarró.
—Entonces ¿por qué no escribiste «me agarra mientras intento ayudar»?
—No estaba redactando una declaración jurada.
—Estabas redactando la historia que contarías antes de llamar.
—No.
Celia sacó la tercera hoja.
—El sistema conserva también los comandos de voz.
—¿Qué comandos?
—Las órdenes que no formaron parte del texto.
Sentí un frío lento en el estómago.
—No sabía que guardaba eso.
—No guarda el audio completo. Solo transcribe algunas instrucciones.
Me mostró la hoja.
23:57:12 — “Borra eso.”
23:57:18 — “Pon: tiro de mi brazo.”
23:57:26 — “No, quita lo de otra vez.”
23:57:35 — “Añade que intento ayudar.”
23:57:41 — “Pon que Lía estaba conmigo.”
No leí más porque no había más.
Cuarenta y seis segundos.
Cuatro correcciones.
—Estaba intentando ser exacta.
—¿Por qué quitaste «otra vez»?
—Porque me había agarrado más de una vez y podía confundirse.
—¿A quién podía confundir una nota privada?
—A mí.
—¿Olvidabas cuántas veces te había agarrado cuarenta segundos después?
—No sabía cuál había dejado el hematoma.
—Eso no figuraba en el documento.
—Lo pensaba.
—¿Por qué añadiste al final que Lía estaba contigo?
—Porque lo estaba.
—¿Te lo preguntó alguien?
—No.
—¿Era necesario para explicar la caída?
—No.
—¿Entonces para qué lo añadiste?
—Porque era importante.
—¿Para quién?
No respondí.
Celia volvió a guardar las hojas.
—La fiscal ha pedido otra comparecencia.
—La jueza ya rechazó prisión esta mañana.
—No conocía el historial de correcciones.
—¿Cuándo?
—Esta tarde.
—Tengo que ver a Lía otra vez.
—La visita de hoy ha terminado y el equipo recomendará suspender las siguientes.
—No pueden hacerlo por un documento.
—No es solo el documento.
—Siempre dicen eso.
—Porque siempre aparece otra cosa.
Me senté en el sofá.
—¿Qué ocurrirá ahora?
—La policía quiere que reconstruyas la creación del archivo.
—Ya lo he hecho.
—Con ellos.
—No.
—Si guardas silencio, la fiscal dirá que no existe explicación.
—La acabo de dar.
—A mí.
—Entonces utilícela.