Capítulo 24 · Hora cincuenta y dos #2
—La lesión se produjo por fricción contra una superficie rugosa —dijo Orduña—. No es un corte limpio.
—Me apoyé en la barandilla.
—Eso declaró.
—La madera estaba dañada.
—Sí.
La doctora colocó otra imagen.
Los puntos oscuros aparecían ampliados hasta parecer piedras.
—Recuperamos varias partículas incrustadas en la piel.
—¿Madera?
—No.
Leire dejó una fotografía de la casa de bronce.
—Bronce —dije.
—Una aleación de cobre y estaño con restos de la misma pátina artificial utilizada en la escultura —respondió Orduña.
Celia se inclinó.
—¿Puede afirmarse que proceden de ese objeto concreto?
—La composición es compatible. No es una identificación individual absoluta.
—Había otros objetos de bronce en la casa —dije.
—Dos tiradores y una lámpara —contestó Leire—. Ninguno presenta la misma pátina.
—Toqué el premio por la mañana.
—Sí.
—Entonces ya está.
La doctora negó.
—Las partículas estaban dentro de la abrasión.
—Me la hice al levantarlo.
—Dijo que se apoyó en el descansillo al bajar después de la caída.
—Podía haberme raspado por la mañana y no darme cuenta.
—La lesión presentaba sangrado reciente cuando la examinamos.
—Podía abrirse otra vez.
—Es posible.
Celia aprovechó la palabra.
—Entonces existe una explicación inocente.
—Sí —dijo Orduña—. Pudo lesionarse por la mañana manipulando la escultura y reabrir la herida durante la noche.
—Eso ocurrió.
La doctora continuó:
—Pero el patrón resulta más compatible con una fricción intensa producida al sujetar una superficie áspera mientras la piel se desplazaba.
—No entiendo.
Orduña colocó su mano sobre la mesa.
—Si se roza un borde, la herida suele ser lineal y las partículas quedan distribuidas hacia un extremo. En su palma aparecen concentradas en el centro, como si el objeto hubiera resbalado dentro de una mano cerrada.
Cerré los dedos.
La abrasión quedaba justo donde la base de la escultura habría apoyado su peso.
Leire lo vio.
—No lo haga —dijo Celia.
Abrí la mano.
—Cogí el premio por la mañana.
—¿Resbaló? —preguntó Orduña.
—Pesaba.
—¿Sintió dolor?
—No recuerdo.
—¿Sangró?
—No lo vi.
—Sonia tampoco.
—No me estaba mirando las manos.
Leire sacó la declaración.
—Dice que usted levantó la escultura, la colocó sobre la consola y después preparó café. No vio sangre en el objeto, en la consola ni en la taza que utilizó.
—Era una herida pequeña.
—Sí.
—Podía no sangrar hasta después.
—Podía.
La inspectora dejó la hoja.
—¿Cuándo volvió a tocar la escultura?
—No la toqué.
—Su mano dice que sí.
—Mi mano dice que la toqué en algún momento.
—Con suficiente fuerza para que el metal resbalara y se incrustara en una abrasión reciente.
—Por la mañana.
—O en el descansillo.
—No.
Orduña señaló otra fotografía.
El lateral de la base presentaba una pequeña zona sin pátina, apenas visible.
—Aquí se produjo la transferencia.
—¿Cómo lo sabe?
—La forma y la distribución de los residuos. También encontramos células epiteliales.
—¿Mías?
—La muestra es parcial, pero el perfil es compatible.
Celia tomó el informe.
—Una persona que levanta un objeto doméstico deja células.
—Sí.
—No demuestra cuándo.
—No.
—Ni para qué.
—No.
Mi abogada cerró el documento.
—Entonces no existe ninguna novedad capaz de justificar una nueva prisión.
Leire miró mi palma.
—Existe una conexión física entre la herida fresca de Mara y el objeto que lesionó a Damián.
—Con una explicación confirmada por Sonia.
—Sonia confirma que tocó la escultura. No que se hiciera daño.
—No tenía por qué verlo.
—No.
—¿Hay sangre de Mara en el premio? —preguntó Celia.
—Una cantidad mínima en la base.
La miré.
—Eso no me lo habían dicho.
—El perfil estaba incompleto hasta hoy.
—¿Coincide conmigo?
—Sí.
Celia volvió a abrir el informe.
—¿Dónde exactamente?
Orduña señaló el lateral inferior.
Cerca de la zona sin pátina.
—Entonces me corté por la mañana.
—Puede —dijo la doctora.
—La limpiaron después.
—Sonia la limpió antes de que Mara la levantara —respondió Leire.
—Mara pudo dejar la sangre al colocarla.
—Sí.
—Y la escultura permaneció sobre la consola hasta la caída.
—Eso sostiene.
—No solo ella. La empleada la dejó allí.
—Por la mañana.
—¿Alguien la vio moverla después?
—No.
—Entonces Damián pudo cogerla.
—Sí.
—Ariadna pudo entrar.
—No hay indicios.
—Iván.
—Tampoco.
—Pudo caer sola.
—Desde una consola situada a varios metros del primer tramo.
—El cuerpo pudo golpearla.
—La sangre de Mara estaba debajo de una transferencia posterior de Damián.
—Eso solo establece el orden.
—Mara sangró sobre el objeto antes de que Damián lo hiciera.
—Por la mañana.
—O inmediatamente antes.
—No pueden fechar una gota dentro de la misma jornada.
—No con precisión.
Celia guardó el informe.
—Gracias.
Se puso de pie.
Leire no había terminado.
—Hay una prueba de agarre.
Mi abogada volvió a sentarse.
—¿Qué significa?
Orduña mostró una imagen de la base desde arriba.
Había marcas suaves en el polvo de revelado. No huellas completas. Zonas de presión.
—El patrón combina una palma sobre la base y dedos de la otra mano en el tejado —explicó—. No podemos identificar todas las impresiones, pero la disposición es compatible con dos manos.
—También se levanta así para colocarla —dijo Celia.
—Sí.
—Entonces seguimos en el mismo punto.
—No exactamente —respondió Leire.
Se puso de pie y tomó una réplica de plástico que estaba sobre un armario. Tenía las mismas dimensiones que el premio, aunque pesaba menos.
La sujetó con la mano derecha bajo la base y la izquierda sobre el tejado.
—Así se levanta.
La colocó a la altura del pecho.
—También así puede transportarse.
—Sí —dijo Celia.
Leire giró el objeto.
Apoyó el borde del tejado hacia abajo.
—Pero la lesión de Damián no requiere un balanceo amplio.
—¿Qué requiere?
—Presión y desplazamiento.
La inspectora acercó la réplica al borde de la mesa.
No golpeó.
Empujó.
El tejado de plástico recorrió unos centímetros sobre la madera.
—Damián estaba más bajo que la persona que sostenía el objeto —explicó Orduña—. De rodillas, sentado o inclinado.
El descansillo apareció otra vez.
Damián agarrado a la barandilla.
La cabeza a la altura de mi cintura.
—La escultura pudo caer sobre él —dije.
—Sí.
—Pudo golpearlo al intentar levantarse.
—Sí.
—Entonces no necesitan una persona sosteniéndola.
—No la necesitamos para explicar la lesión —dijo Leire—. La necesitamos para explicar la posición final del objeto, las partículas en su mano y el impacto aislado registrado durante la pausa.
—No es una necesidad. Es su teoría.
—Sí.
—¿Quiere saber la mía?