La segunda caída Capítulo 24 · Hora cincuenta y dos
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Capítulo 24 · Hora cincuenta y dos

La fiscal llamó planificación a las nueve y ocho de la noche.

No utilizó la palabra en televisión, ni delante de una cámara, ni dentro de una sala donde pudiera discutirla. La escribió en un documento de diecisiete páginas que Celia recibió mientras regresábamos al hotel.

SOLICITUD DE REVISIÓN URGENTE DE MEDIDAS CAUTELARES POR APARICIÓN DE INDICIOS DE PLANIFICACIÓN PREVIA.

Mi abogada leyó el título dos veces antes de entregarme el teléfono.

—No abras el archivo —dijo.

—¿Por qué?

—Porque vas a leer una frase, responder antes de comprenderla y terminarás llamando a alguien.

—No tengo a quién llamar.

—Precisamente.

Guardó el teléfono en el bolso.

Conducía más despacio que de costumbre. La lluvia había cesado, pero el asfalto seguía cubierto por una película brillante que deformaba las luces.

En la radio hablaban de un partido de fútbol.

Era la primera vez en dos días que escuchaba a personas discutir sobre algo que no fuera la muerte de Damián.

—¿Van a detenerme? —pregunté.

—La fiscal ha solicitado una nueva comparecencia mañana a las ocho.

—¿Y esta noche?

—La jueza ha rechazado ordenar una detención inmediata. Quiere escuchar a las partes.

—Entonces no cree que exista planificación.

—Cree que tienes derecho a discutirla antes de volver a encerrarte.

—No es lo mismo.

—No.

—¿Qué contiene el informe?

Celia sostuvo el volante con las dos manos.

—Una cronología.

—Ya tienen una.

—Ahora la han ordenado como una preparación.

—Ordenar cosas no cambia lo que son.

—A veces sí.

—¿Qué significa eso?

—Que una escalera, una escultura, una película infantil y una llamada a un trabajador son hechos separados hasta que alguien consigue colocarlos en la misma página.

—Leire.

—La fiscal.

—Leire le ha dado la página.

Celia no respondió.

El hotel estaba rodeado por más periodistas que por la mañana. Habían colocado focos frente a la entrada y una furgoneta bloqueaba parcialmente el acceso al garaje.

—No podemos entrar por aquí —dijo.

—Estoy cansada de esconderme.

—No te escondes. Evitas que te fotografíen mientras lees una solicitud de prisión.

—Esconderse con una explicación sigue siendo esconderse.

Mi abogada dio la vuelta a la manzana y aparcó en un edificio cercano. Caminamos por un pasaje que comunicaba con la parte trasera del hotel. Llevaba la capucha puesta y la cabeza baja.

A mitad del recorrido escuché mi nombre.

No venía de una cámara.

Una mujer estaba junto a la pared, protegiéndose bajo el saliente de un comercio cerrado. Tendría unos sesenta años. Sostenía un cartel doblado contra el pecho.

—Mara.

Celia me agarró del codo.

—Sigue andando.

La mujer abrió el cartel.

YO TAMBIÉN TARDÉ EN CONTARLO.

No supe qué hacer.

Ella no intentó acercarse.

—No estás sola —dijo.

Las palabras me acompañaron hasta la puerta del hotel.

Dentro del ascensor, Celia pulsó el botón de nuestra planta.

—No vuelvas a detenerte.

—No era periodista.

—Puede publicar una fotografía igual.

—Me estaba apoyando.

—No sabe qué ocurrió.

—Nadie lo sabe.

—Exactamente.

La puerta se abrió.

En la habitación, mi abogada cerró las cortinas, comprobó el baño y dejó el bolso sobre la mesa. Después sacó una copia impresa del documento.

—¿Cuándo lo ha impreso?

—En el despacho.

—Entonces ya sabía lo que decía en el coche.

—Sí.

—Y no quería contármelo.

—Quería llegar antes de que empezaras a responder a una acusación que todavía no habías leído.

Me entregó las páginas.

La fiscal había utilizado un formato sencillo.

Números.

Fechas.

Horas.

Cada hecho ocupaba un apartado independiente. No había adjetivos hasta el final. No eran necesarios.

1. RECOPILACIÓN PREVIA DE INFORMACIÓN SObrE EL FALLECIDO.

Durante cinco meses había copiado correos, transferencias, facturas, conversaciones y fotografías.

—Para protegerme —dije.

—Lo sé.

2. CONOCIMIENTO DEL DEFECTO ESTRUCTURAL DE LA ESCALERA.

Sonia había confirmado que yo sabía que la barandilla se movía. También existía un correo enviado por mí a Damián tres meses antes.

Algún día alguien se va a caer. Arréglala.

—Eso me favorece.

—Demuestra que conocías el peligro.

—Y que intenté evitarlo.

—Sí.

3. MANIPULACIÓN DEL OBJETO COMPATIBLE CON LA LESIÓN CRANEAL.

Había levantado la casa de bronce aquella misma mañana.

Mis huellas aparecían cerca del borde.

—La coloqué sobre la consola.

—Sí.

4. RECEPCIÓN DE DOCUMENTOS RELACIONADOS CON LA CUSTODIA, EL PREMIO Y LA ESCALERA.

Ariadna me había enviado la demanda, fotografías del proyecto y un informe técnico pocas horas antes de la muerte.

—Yo no pedí que me los enviara.

—No.

5. REPRODUCCIÓN REITERADA DE UNA GRABACIÓN EN LA QUE LA INVESTIGADA VERBALIZA LA MUERTE DEL FALLECIDO EN DICHA ESCALERA.

Cuatro veces.

Cuarenta y siete minutos.

—Estaba escuchando cómo me maltrataba.

—Eso argumentaremos.

6. AGRUPACIÓN DE LOS ELEMENTOS ANTERIORES EN UNA CARPETA DIGITAL CREADA POR LA INVESTIGADA.

Demanda.

Grabación.

Premio.

Barandilla.

—Era para enfrentarme a él.

—Sí.

7. CONTACTO CON IVÁN CORBACHO DESDE UNA LÍNEA A NOMbrE DE LA INVESTIGADA.

La voz parecía la mía.

El mensaje lo llevó hasta la urbanización.

—No fui yo.

—Lo sé.

—No. Sabe que lo niego.

Celia no respondió.

Continué.

8. CONOCIMIENTO DE LA PRESENCIA DE ARIADNA VIVES EN LA URBANIZACIÓN.

La llamada al control de acceso demostraba que sabía que la amante estaba allí.

—Intenté impedir que entrara.

—Sí.

9. UBICACIÓN DE LA MENOR EN LA PLANTA SUPERIOR CON UN DISPOSITIVO DE REPRODUCCIÓN ACTIVO.

Sentí que las manos empezaban a temblarme.

—Acosté a mi hija.

—Era su hora.

—Era viernes.

—Sí.

—No la escondí.

—Eso diré mañana.

10. DESCONEXIÓN PREVIA DEL SISTEMA DE ALARMA Y DE LAS CÁMARAS TRASERAS.

—Lo hizo Damián.

—La cuenta principal estaba a su nombre.

—Y él tenía la contraseña.

—Sí.

11. PRESENCIA DE LA INVESTIGADA EN EL DESCANSILLO DURANTE EL INTERVALO ENTRE AMBAS CAÍDAS.

Mis zapatillas.

La sangre.

El audio.

Lía.

Ariadna.

Ya no podía negarlo.

Había tardado cuarenta y tres horas en admitirlo.

12. DEMORA EN LA SOLICITUD DE ASISTENCIA.

Más de dos minutos desde el segundo impacto según Carmen.

Casi tres desde la última activación de voz.

—Estaba en shock.

—Sí.

13. ELIMINACIÓN DEL ARCHIVO SONORO QUE REGISTRABA EL INTERVALO.

La solicitud había salido de mi teléfono.

—No lo borré.

—Sí.

Levanté la mirada.

—¿Sí qué?

—Sí, sé que lo niegas.

Volví al documento.

14. ALTERACIÓN O RETIRADA DEL CALZADO QUE SITUABA A LA INVESTIGADA EN EL DESCANSILLO.

Las zapatillas habían aparecido guardadas.

Yo estaba descalza cuando llegaron los sanitarios.

15. MANIFESTACIÓN INMEDIATA DE UNA NEGACIÓN NO SOLICITADA.

Yo no lo empujé.

La primera frase importante que pronuncié aquella noche.

Debajo de los quince puntos, la fiscal escribía:

Los elementos descritos, valorados aisladamente, admiten explicaciones alternativas.

Considerados en conjunto, presentan una secuencia coherente con la preparación previa de un escenario destinado a simular una caída accidental, atraer sospechosos externos, proporcionar una coartada basada en la presencia de la menor y dificultar la recuperación de evidencia sonora.

Dejé las páginas.

—No.

Celia no dijo nada.

—No puede escribir que utilicé a Lía como coartada.

—Puede escribirlo.

—No puede demostrarlo.

—Eso es diferente.

—La acosté porque era tarde.

—Sí.

—La película ya estaba empezada.

—Sí.

—Iván y Ariadna fueron por Damián.

—Eso dicen ellos.

—La alarma fallaba.

—Sí.

—El premio llevaba años en la consola.

—Sí.

—Todo lo de esa lista existía antes de que él muriera.

—Ese es el argumento de la fiscal.

—No. Su argumento es que yo hice que existiera.

—No exactamente. Sostiene que utilizaste elementos que ya existían.

—Eso no es planificación.

—Puede serlo.

Me puse de pie.

—Usted tiene una respuesta para todo.

—Es mi trabajo.

—No. Su trabajo es defenderme.

—También impedir que llegues mañana pensando que basta con repetir que cada punto tiene una explicación.

—La tiene.

—Pero la jueza debe decidir si quince coincidencias siguen siendo coincidencias.

—No son quince.

—¿Cuántas?

—La huella y las zapatillas son lo mismo. La grabación y la carpeta digital también. La alarma no la desconecté. La voz del teléfono azul no está identificada. Ariadna entró sin mi permiso. Lía estaba acostada. Damián cayó solo.

—Así se responde jurídicamente.

—¿Y cómo quiere que responda yo?

—Explicando por qué, si no preparaste nada, actuaste como una persona que conocía de antemano qué pruebas debía ocultar.

—No oculté pruebas.

Celia señaló el documento.

—El descansillo.

—Tenía miedo.

—Las zapatillas.

—Tenía miedo.

—El audio eliminado.

—No lo hice.

—La infidelidad.

—Me daba vergüenza.

—La demanda.

—No la había leído completa.

—Las grabaciones.

—Me protegía.

—Iván.

—No lo llamé.

—Cada respuesta es distinta, pero todas terminan igual: no contaste la verdad hasta que apareció una prueba.

—Eso no convierte un accidente en asesinato.

—No.

—Entonces deje de hablarme como si ya estuviera condenada.

Celia recogió las páginas.

—Hay algo que no aparece en la solicitud.

—¿Qué más han encontrado?

—Leire quiere enseñárnoslo antes de la comparecencia.

—¿Esta noche?

—Sí.

—No pienso volver a comisaría.

—Ha pedido que vayamos al laboratorio forense.

—¿Por qué?

—El informe sobre la herida de tu mano está terminado.

Miré la palma.

La abrasión se había convertido en una línea rojiza. Ya no dolía salvo cuando cerraba el puño con fuerza.

—Fue la madera.

—Eso dijiste.

—Tenía una astilla del descansillo en el camisón.

—La herida no contenía madera.

El miedo llegó antes de la pregunta.

—¿Qué contenía?

Celia guardó silencio.

No necesitaba responder.

Fuimos al laboratorio a las diez menos cuarto.

No era un edificio independiente. Ocupaba una planta de la jefatura, detrás de dos puertas que requerían tarjeta. Olía a desinfectante y aire acondicionado.

Leire nos esperaba en un despacho pequeño junto a la doctora Berta Orduña. La misma mujer que había explicado las heridas de Damián durante mi detención.

Sobre la mesa había una ampliación de mi palma.

La fotografía mostraba la abrasión antes de que la limpiaran. Una línea superficial bajo el pulgar, pequeños puntos oscuros y sangre seca.