La segunda caída Capítulo 17 · Hora veintinueve #2
40%

Capítulo 17 · Hora veintinueve #2

La declaración de Lía ya no era limpia. El premio podía haber aparecido después. La secuencia podía ser una mezcla. La voz, una película. Los tiempos, una invención infantil.

Leire reprodujo de nuevo.

Eva había retirado los muñecos. Ahora solo hablaban.

—Quiero preguntarte algo importante, Lía. No hay respuestas buenas ni malas. No vas a hacer que nadie se enfade.

—Mamá se enfada.

—¿Crees que se enfadará por hablar conmigo?

—Sí.

—¿Te lo ha dicho?

—No.

—Entonces ¿por qué lo piensas?

—Porque quiere volver.

—¿Y tú quieres que vuelva?

Lía apretó el conejo.

—Sí.

—¿Mucho?

Asintió.

—¿Crees que algo de lo que digas puede impedirlo?

Otra vez asintió.

—¿Quién te ha dicho eso?

—La tele.

—¿Qué escuchaste?

—Que si mamá estaba en la escalera no vuelve.

—¿La tía te explicó algo?

—Dijo que no mirara.

—¿Mamá te ha pedido que digas que estaba contigo?

El silencio se alargó.

Mi hija levantó la vista.

—Mamá estaba conmigo.

—No te he preguntado dónde estaba. Te he preguntado si te pidió que lo dijeras.

—Me dijo: «Yo estaba aquí contigo».

—¿Cuándo?

—Cuando volvió.

—¿Después del primer ruido?

—Sí.

—¿Antes del segundo?

Lía empezó a llorar.

No respondió.

Eva se acercó, pero no la tocó.

—Podemos parar.

—No quiero que se lleven a mamá.

—Nadie va a tomar una decisión por una sola cosa que tú digas.

—Sí.

—No.

—Papá dijo que se la iba a llevar.

—¿A quién?

—A mí.

—¿Cuándo lo dijo?

—Antes.

—¿Esa noche?

—Sí.

—¿Lo escuchaste tú?

—Sí.

—¿Qué dijo exactamente?

—Que yo no estaba segura.

—¿Con mamá?

Lía asintió.

—¿Te sentías insegura con ella?

Negó tan rápido que el pelo le golpeó la cara.

—No.

—¿Mamá te hacía daño?

—No.

—¿Te gritaba?

—A veces.

—¿Te pegaba?

—No.

—¿Papá?

Lía miró la alfombra.

—No.

—¿Te gritaba?

—Sí.

—¿Le hacía daño a mamá?

La respuesta tardó.

—Mamá dice que sí.

No pude respirar.

—¿Tú lo viste alguna vez?

—No.

—¿Viste marcas?

—El brazo.

—¿Cuándo?

—Después.

—¿Mamá te explicó quién se las había hecho?

—Papá.

—¿Ella te lo dijo?

—La tía.

Leire pausó el vídeo.

—Su hermana habló de las agresiones delante de la niña —dijo Celia.

—Sí.

—Y después la policía le preguntó si su padre hacía daño a su madre.

—La pregunta es abierta.

—No lo bastante.

—¿Está afirmando que no existió violencia?

—Estoy afirmando que esta entrevista no puede demostrarla.

Miré la pantalla congelada.

Lía tenía los ojos húmedos y la boca apretada.

—¿Falta mucho? —pregunté.

—Treinta y un minutos —respondió Leire.

—No pienso verlos.

—Hay una parte relevante.

—Toda mi hija es relevante.

—Se refiere a la noche de la caída.

—No ocurrió delante de ella.

—Eso es lo que intentamos establecer.

Celia pasó varias páginas de la transcripción.

—Vaya al minuto treinta y ocho.

Leire adelantó el vídeo.

Lía ya no estaba sentada en el suelo. Se había subido a uno de los sillones, con las rodillas contra el pecho. Eva le había dado agua.

—¿Te acuerdas de algo que olieras esa noche? —preguntaba.

—Sangre.

—¿La sangre tiene olor?

—Sí.

—¿Cuándo la oliste?

—Cuando bajé.

—¿Antes no?

—No.

—¿Y algún otro olor?

Lía pensó.

—El perfume.

Sentí que Celia se enderezaba.

—¿Qué perfume?

—El de la señora.

—¿Qué señora?

—La amiga de papá.

Leire me miró.

—¿Ariadna? —pregunté.

—No haga comentarios.

En la pantalla, Eva no mencionó nombres.

—¿Habías visto a esa señora?

—En fotos.

—¿La viste esa noche?

—No.

—Entonces ¿cómo sabes que era su perfume?

—Mamá dijo que papá olía a ella.

La esperanza se deshizo.

Otra cosa escuchada después.

Otra imagen construida con mis palabras.

—¿Dónde oliste el perfume?

—En papá.

—¿Cuando bajaste?

—Sí.

—¿Te acercaste a él?

—No mucho.

—¿Había alguien más abajo?

—Mamá. Los médicos. La policía.

—¿Antes de que llegaran los médicos?

—Mamá.

—¿Viste a alguna otra persona salir?

—No.

—¿Escuchaste una puerta?

—No.

—¿Una voz de mujer?

—No.

—¿Pasos?

Lía se quedó quieta.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Después de que papá dijera «Mara».

El silencio de la sala cambió.

—¿De dónde venían? —preguntó Eva.

—De la escalera.

—¿Subían o bajaban?

—No sé.

—¿Rápidos o despacio?

—Despacio.

—¿Cuántos pasos?

—No sé.

—¿Podían ser de papá?

—No sé.

—¿De mamá?

Lía empezó a tirar otra vez del hilo de la sudadera.

—Mamá no hacía ruido.

—¿Por qué?

—Porque llevaba zapatillas.

Miré la fotografía de la suela dentro de la carpeta de Celia.

—Eso puede haberlo escuchado después —dijo mi abogada.

Leire no respondió.

Eva preguntó:

—¿Qué zapatillas?

—Las grises.

—¿Las viste?

—Cuando vino a mi cuarto.

—¿Mamá llevaba zapatillas cuando te dijo que papá se había caído?

—Sí.

—¿Estás segura?

—Sí.

—Después, cuando bajaste, ¿las llevaba?

Lía negó.

—Estaba descalza.

Celia detuvo el vídeo ella misma.

La pantalla quedó inmóvil.

Nadie habló.

—¿Cuándo se realizó esta parte? —preguntó finalmente.

—En la misma entrevista —respondió Leire.

—¿La niña sabía que se habían encontrado las zapatillas?

—No.

—¿Las había visto la policía?

—Los técnicos las recogieron mientras Lía estaba en la planta superior.

—Pudo verlas en el armario.

—Claro. Vivía allí.

—Entonces sabe cómo son.

—Sí.

—También pudo deducir que su madre las llevaba.

—¿Por qué iba a deducirlo?

—Porque Mara las utilizaba dentro de casa.

Leire me observó.

—¿Era habitual?

—Cuando hacía frío.

—¿Las llevaba esa noche?

—No.

—Su hija dice que sí.

—También dijo que no sabía si yo tenía el premio.

—En eso se corrigió. Con las zapatillas mantiene la misma versión durante tres preguntas.

—No entiende la diferencia entre saber e imaginar.

—¿Y usted?

La miré.

—Yo estaba descalza cuando llegaron los sanitarios.

—Eso lo sabemos.

—Entonces Lía se equivoca.

—O se las quitó antes.

—¿Por qué haría eso?

Leire no respondió.

No necesitaba hacerlo.

Las zapatillas habían dejado sangre en el descansillo.

Después aparecieron limpias por arriba y guardadas dentro del armario.

Alguien se las había quitado.

—Pudo verme antes de que Damián llegara —dije—. Las llevaba durante la tarde y después me las quité.

—¿Dónde?

—En el recibidor.

—¿Antes de acostar a Lía?

—Sí.

—Entonces la niña está mezclando el momento.

—Exacto.

—Pero recuerda que usted entró en su habitación con ellas después del primer ruido.

—No recuerda. Reconstruye.

—Como usted.

Celia cerró la carpeta.

—No seguiremos participando en esta exhibición. La entrevista contiene contradicciones, información incorporada después de los hechos e influencia evidente de los medios, los familiares y la propia investigación.

—También contiene detalles que no eran públicos —dijo Leire.

—Unas zapatillas que la niña veía a diario.

—Con sangre en la suela.

—Eso no lo sabía.

—No necesitaba saberlo para recordar que Mara las llevaba.

—O imaginarlo.

—Sí.