La sed del nuevo despertar (El sacrificio de la corona 2) Capítulo 38 #2
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Capítulo 38 #2

—Kendra mató a Clement y provocó el vampirismo.

Lleva atacando Parkisan desde hace más de veinte años, desde que su compromiso con Clement se rompió.

Sí, es la responsable del Amanecer de la Sangre Negra.

Parece que Nessia y yo tenemos la enfermedad de unos parásitos carroñeros de Korane.

Ella lo transmitió a los humanos cuando vertió su sangre en el lago en el que hacían un ritual cada año.

Como aquel día Kendra no siguió la tradición, fue la única que no se contagió.

La duquesa se cruzó de brazos y me escuchó con una sonrisa socarrona, lo que hizo que no hablara con la seguridad que me habría gustado. Aun así, no dudó de mí. La compañía de Morgana otorgaba a mis palabras una veracidad que no hubiese tenido en otro momento.

—Ya le dije a Clement que no se acercara a esa reina. Siempre creí que su compromiso era lo que nos había maldecido con el vampirismo. Y no me equivocaba.

—Cree que Parkisan es la manera en que su dios la ayuda a enmendar el error que cometió —continué—.

Hay parkisanos y vampisanos de ambos bandos que se están uniendo a ella.

Les promete una cura que creemos que no existe.

El chambelán Aaron Brackstone también es un traidor.

A él le ha prometido ser su rey consorte.

Cuando lo mencioné, la sonrisa de la duquesa se ensanchó aún más.

—Cuando Kendra mató a Clement, intentaron llevarse a Savannah, imagino que para incriminarla por la muerte de este —continuó Morgana—.

Pero los descubrí, así que también me secuestraron a mí.

Las dos logramos escapar, y ahora no sabemos dónde se esconden Kendra y Aaron, pero estamos convencidas de que quieren ganarse el favor de Zinnia.

«Si no, te habrían matado aquella noche. Y no habría podido hacer nada para evitarlo», pensé horrorizada. Ella no sabía que ese era el plan, y dudaba que alguna vez se lo fuera a contar.

—Siempre le dije a Lilith que ese Aaron Brackstone era un noble con ínfulas de rey. De hecho, si mi amistad con la Reina Colmillos se resquebrajó fue porque en muchas ocasiones confió en él antes que en mí.

Eso significaba que el distanciamiento entre Zinnia y la Corona era mucho más antiguo que el vampirismo.

—Así que tenía razón todo este tiempo. Siempre hubo un tercer bando —dijo Brandon, claramente orgulloso.

—No te adules, Brandon —le riñó su madre—. Estabas muy seguro de que había un problema mayor que Clement o Lilith, pero no conseguiste que nuestro príncipe sobreviviera.

Me quedé petrificada ante la cortante contestación que le había dado su madre. Él se encorvó ligeramente, de manera casi imperceptible, ante el reproche.

—Lo intentamos, Florence —lo defendió mi compañera de vida—. Pero no teníamos los medios o apoyos suficientes como para enfrentarnos a un enemigo del que no sabíamos nada.

—Podríais haber hablado con nosotros.

—Brandon habló contigo, madre —lo apoyó Nessia, que se había mantenido en silencio hasta ese momento—. Dijiste que era la mayor estupidez que habías oído en tu vida.

—No recuerdo que la conversación transcurriera de ese modo. —Realizó una pausa, ignorando a sus hijos, y posó los ojos sobre los míos—. ¿Y qué ocurre si me niego a brindaros mi apoyo?

Morgana estuvo a punto de responderle, pero alcé la mano para que no hablara. Era una pregunta dirigida a mí.

—Tienes una hija que es vampira —dije mientras bebía de mi copa de sangre—. No creo que a la gente de Parkisan, sobre todo a la de Zinnia, le parezca muy divertido que estés en contra de los vampiros mientras cuidas de uno.

Florence soltó una amarga carcajada, lo que me descolocó. Esperaba que su reacción fuera mucho más visceral, incluso negativa.

—Mentiría si dijera que no era esa la respuesta que imaginaba por tu parte.

Eres tan altiva como Lilith. —Esbozó una sonrisa y continuó, jocosa—: Me has convencido con tu amenaza desgarradora, tenéis el apoyo de Zinnia.

Eso no significa que vaya a perdonar cómo ha manejado Lilith la cuestión de los vampiros, pero no dejaré que una reina mediocre de un país mediocre se quede con Parkisan.

El día que tolere algo así, habré perdido el juicio.

Suspiré aliviada. Quizá se revertiría la guerra inminente y podríamos descansar tranquilas hasta que tuviéramos la oportunidad de volver a ver a Kendra.

—Eso sí, necesito algo más que vuestra palabra —añadió—. Ahora que sabemos cuál es el origen de esta inmunda enfermedad, quiero que se busque una cura para mi hija. No me conformo con que pase el resto de sus días teniendo que alimentarse de sangre humana.

—Así será, duquesa —le prometí, aunque sabía que tal vez no podríamos cumplir su deseo. Al menos, no a corto plazo—. ¿Cuándo empezamos las comunicaciones con la Corona?

—No habrá ningún tipo de comunicación. Morgana y tú seréis mis emisarias e informaréis a Lilith de que la enemistad entre el ducado de Zinnia y la Corona continuará con normalidad.

Mi rostro se desencajó ante la respuesta de la duquesa. De repente, la cara de la gente que nos acompañaba se emborronó.

—¿L-la declaración de guerra sigue adelante?

—Así es. De ese modo, la Reina de Nadie y su séquito no sospecharán que trabajamos contra ella.

—Pero morirá gente inocente por un conflicto que...

«... no existe», quise terminar, pero fui incapaz de encontrar las fuerzas para hablar.

—Vuestro cometido es hacer que Kendra salga de su escondrijo y matarla, ¿no?

Si la alertamos de que nos hemos aliado en su contra, no podremos predecir sus próximos pasos y atacará nuestro reino de un modo sibilino.

Pero, si la engañamos, como ella lleva haciendo décadas, se acabará poniendo en contacto con Zinnia para darnos ese apoyo por la paz.

Por ahora tendremos que darle al reino el espectáculo que desea.

Hasta que llegara ese momento, podían pasar semanas o meses. Para entonces, mucha gente de ambos bandos habría muerto en la batalla.

—¿Se te ocurre una idea mejor, princesa? —Ante mi incómodo silencio, pronunció mi título con sorna.

—Pues... capturar a algún aliado suyo e interrogarlo hasta que nos diga dónde se esconde.

—¿Estás segura de que lo saben? ¿O de que te revelarían la información?

«Fueron capaces de morir asesinados por ella durante el baile anual sin revelar nada», recordé.

A medida que pasaban los segundos, se me encogió el pecho, y me di cuenta de que no había otra solución. Si queríamos que Kendra bajara la guardia, tendríamos que hacerle creer que habíamos fracasado en nuestra misión de que Zinnia cambiara de bando.

—No...

—Si todo sale bien, al fin veremos el desenlace de este maldito conflicto, después de décadas sufriéndolo. Hablaré con la jefa de la guardia de Zinnia para que esté al tanto de nuestro plan.

En ese momento, la duquesa se puso en pie y se marchó de la estancia sin despedirse. Eso me hizo pensar que su intención era regresar.

—Acabaremos con Kendra antes de que te des cuenta —intentó animarme Morgana.

Apreté los nudillos hasta que se me pusieron blancos. Era la distracción perfecta para no hacer caso al ruido que enturbiaba mis pensamientos.

—Que tengas que consolar a la princesa porque no sabe cuál es su lugar es, cuando menos, curioso —le espetó Nessia. Aunque, en realidad, sus ataques iban dirigidos a mí.

—Nessia, no seas cruel —le pidió Brandon—. Tu problema con ella no es que sea la hija de Lilith.

—Como si mi vida girara alrededor de la de Morgana...

La duquesa no tardó mucho en regresar con un sobre cerrado. A pesar de que yo era la máxima autoridad en aquel despacho, se lo entregó a Morgana para demostrarme que yo no era nadie para ella.

—Avisad a Lilith. —En ese instante, me dedicó una miradita desafiante para intimidarme aún más—. De cara a todo el mundo, el conflicto continúa.

Mientras Morgana y yo nos poníamos en pie para marcharnos del palacio de Ardsill y poner rumbo al castillo, Brandon imitó nuestro movimiento.

—Madre, iré con ellas. —Su anuncio sonaba como una petición comedida—. Es necesario para demostrar que el conflicto entre Zinnia y la Corona es real.

Sin embargo, la duquesa no parecía convencida. Tampoco lo estábamos Morgana y yo.

—Quieres encontrar una excusa para estar con Omelia con mi beneplácito —afirmó la duquesa—. No puedes irte, Brandon, levantarías sospechas sobre la veracidad del conflicto y la fastidiarías, como siempre.

Me apenó el modo en que le hablaba a su hijo, casi parecía estorbarle.

—No, madre. Yo... En otras circunstancias, me habría puesto en tu contra si con eso hubiese conseguido que Omelia estuviera a salvo.

—Sí, pero siempre has antepuesto las necesidades de tu ducado a las tuyas. No tiene sentido que, de repente, el amor te vuelva valiente.

—Tengo una idea —intervine en la discusión familiar—. Si me lo permitís.