Capítulo 22 #2
Acto seguido, Morgana regresó sobre sus pasos y se colocó detrás de Brandon para dirigirse hacia aquello que nos habían ocultado hasta ese momento.
Unos segundos más tarde, mi antigua compañera de vida guio hasta mí a alguien que llevaba los ojos vendados y los oídos tapados.
Era una figura frágil, mucho más diminuta que ellos dos.
Creí haber visto un espíritu en cuanto la reconocí.
—¡Madre, madre!
Las manos me temblaron mientras la tomaba entre mis brazos, incrédula ante lo que estaba viendo. Toqué su melena rubia, el rostro que protagonizaba tantos de mis recuerdos, su traje de campesina... Estaba allí, no era un sueño.
Ella se mantuvo muy quieta, permitiendo que le quitara la venda que le cubría los ojos y los trozos de tela que taponaban los oídos. Parpadeó hasta que su mirada se enfocó y me reconoció.
—¡Savannah! —Su voz sonaba entrecortada al verme por fin—. ¡Savannah, cariño!
Me alegré de ir vestida con un simple camisón. De haber llevado uno de mis vestidos más ostentosos, se habría quedado de piedra. Aunque quizá ya sabía quién era yo.
—¡Estás viva! —sollocé de alegría.
—¡Mi niña!
Ambas nos abrazamos y, por un instante, el resto del mundo dejó de existir. Era un regalo del Prado Más Alto: madre había regresado y, por fin, sentía que había alguien en el mundo por quien merecía la pena seguir con vida.
Me pregunté cuánto sabía de mí; mi identidad ya no debía de ser un secreto para ella por culpa del hermano de la reina.
—Clement la secuestró para intentar sonsacarle información sobre ti —me reveló Morgana—. Le pagó a vuestro sangrero para que se inventara que la había matado un vampiro. Esta noche, Brandon y yo la hemos liberado sin que Clement lo sepa.
La misma parte de mí que seguía pidiéndome que confiara en Morgana agradeció el riesgo que estaba segura de que habían asumido. Eso significaba que había contrariado los deseos de Clement por una vez, y que lo había hecho por mí.
Aunque el abrazo fue más corto de lo que a madre y a mí nos hubiera gustado, ella se apartó para dirigirse a Morgana.
—Gracias. —Le acarició el rostro para reforzar su muestra de gratitud—. Has cometido un grave error, pero has intentado solucionarlo, y eso es lo que, para mí, cuenta.
—No, madre —la amonesté, al tiempo que intentaba apartarla de ella.
Oí a Morgana sorber por la nariz e hipar. Ignoraba qué le había hecho llorar, si mi reproche o el comentario de madre. Fuera como fuere, algo dentro de mí se rompió un poco más.
—Muy enternecedor todo... —soltó Omelia con ironía—. Pero hemos venido aquí por un motivo, que no es ni el trágico amor entre Savannah y Morgana ni la madrastra de Savannah.
—Esta es una pequeña muestra de nuestra buena fe para que sepáis que estamos de vuestra parte —comunicó Brandon—. Repito: queremos aliarnos con vosotras y enfrentarnos al verdadero enemigo.
Pero a mí ya no me importaba nada más, solo que madre había regresado con vida. De modo que me senté en el suelo y la acuné en mis brazos durante el resto de la reunión.
—De acuerdo —contestó Omelia—, supongamos que os creemos y que hay una supuesta fuerza maligna que quiere muertos a ambos bandos. Por mucho que queramos unirnos contra este enemigo, necesitaríamos medios.
—En otras palabras, quieres Zinnia. Bueno, tu tía quiere Zinnia. Ese es el motivo por el que te pusiste en contacto conmigo.
Omelia tardó un poco en responder.
—Sí.
—Pues buena suerte convenciendo a mi madre de que se una al bando de la Reina Colmillos.
Al oír que había llamado a Lilith de ese modo, mi prima maldijo por lo bajo.
—Brandon, esto no es un juego —masculló entre dientes—. Vosotros creéis que hay un supuesto tercer bando. Con más razón: necesitamos aunar fuerzas. Clement, Lilith..., todos.
—Eso no va a ocurrir hasta que uno de los dos caiga, Omelia. Y lo sabes. Por eso es mejor que las nuevas generaciones...
—¡Qué nuevas generaciones, Brandon! —Ella movió las manos en el aire, irritada—.
Ya no eres el futuro duque, y Morgana es solo el títere de Clement.
¡¿Qué clase de poder nos podéis aportar?
! Ya no sabemos quién es de fiar, ¿vamos a crear todavía más divisiones entre aquellos que sí lo somos en nuestros respectivos bandos?
Estaba de acuerdo con Omelia. En un mundo ideal, los jóvenes podríamos enfrentarnos a las amenazas que se nos interpusieran, pero en la vida real... Solo éramos hijos y sobrinos de los verdaderamente influyentes. Nosotros no éramos nadie.
—Sabes que mi madre odia a los vampiros con toda su alma... —le recordó Brandon.
—¡Sí, porque mataron a sus padres! ¡Y los vampiros también mataron a los míos y a mi abuela! Ni siquiera llegué a conocerlos porque solo tenía un año. Tu madre no es la única que ha perdido a gente, ¡por las cuatro diosas!
—A mí no tienes que convencerme —contestó Brandon—. Me da igual esta pelea entre hermanos.
Omelia se mostró exasperada al darse cuenta de que la reunión había sido una pérdida de tiempo. No iba a conseguir Zinnia. Brandon se lavaba las manos ante esa responsabilidad. Y Morgana había dejado de participar en la conversación, visiblemente afectada por nuestro reencuentro frustrado.
—Entonces, ¿para qué has venido, para que creemos una alianza inútil y sin recorrido alguno?
Aunque desde la oscuridad y la distancia no podía distinguir su expresión, intuía que había herido su orgullo.
—Al menos lo he intentado —dijo alargando las palabras—. Morgana, deberíamos irnos. No vamos a convencerlas, y no es buena idea que Clement te eche demasiado de menos. Y se enfadará cuando vea que la campesina ha desaparecido.
—Se llama Mildred —dijimos Morgana y yo al unísono, ambas molestas. Pero no dejé que nuestras miradas se encontraran.
Omelia y madre se despidieron de ellos de manera escueta cuando salimos del callejón, pero yo los ignoré. A su vez, Brandon y Morgana comenzaron a alejarse de nosotros. Sin embargo, sabía que ella se arrepentiría de ese adiós tan agridulce y se volvería.
Lo hizo.
—¡Savannah!
Cuando estuvo a mi altura, extendió los brazos para abrazarme. Aunque me moría de ganas de hacerlo, mi orgullo hizo que me alejase aún más.
—Ya está, Morgana. Déjame.
Ella bajó la mirada al suelo y asumió que no iba a conseguir una reacción compasiva por mi parte, y mucho menos cariñosa.
—Espero que puedas perdonarme algún día —rogó.
—¿Así de fácil? ¿Me delatas, Clement secuestra a mi madre y me hace creer que está muerta...? ¿Y esperas que te perdone solo porque me la has devuelto en aparente buen estado?
Aparté el brazo que rodeaba los hombros de mi madre para acercarme a ella. La que fue mi compañera de vida apretó los labios, pero no se alejó en ningún momento de mí.
—Me has traicionado, Morgana. —Mi rostro estaba tan próximo al suyo que nuestros alientos se rozaron—. Podrías haberme contado la verdad sobre mí... o lo que habías hecho. Me habría enfadado mucho, pero hubiera sido más sencillo perdonarte.
Me moría de ganas por besarla, no para demostrarle mi amor por ella, sino para descargar la rabia que no me abandonaba.
Me aparté antes de hacerlo. De lo contrario, mis sentimientos entumecerían cualquier decepción y odio que sintiera hacia ella.
—Te perdonaré el día que sepas imponerte ante ese hombre que se está aprovechando de ti —dije a modo de despedida—. O cuando también yo te traicione y estemos en paz.
La odiaba, pero una parte de mí seguía ardiendo por ella. Una parte que me pedía a gritos que me diera la vuelta y corriera hacia ella para darle ese beso que se quedó entre nosotras.