Capítulo 14 #2
—Mintieron para que la gente no se tomara esta competición como una broma. —«Y para que, cuando llegara yo, lo tuviera más fácil», pensé—. El caso es que, cuando estuve aquí..., Morgana hizo algo que me rompió el corazón.
—¿El qué?
Aunque una parte de mí ansiaba hablarle sobre esas espadas que se clavaban en lo más hondo de mi ser, no podía hacerlo, así que me encogí de hombros.
—Cuando me sienta preparada, te lo contaré —me excusé.
Sam asintió con la cabeza y no volvimos a hablar del tema. A pesar de ello, no pude disimular mi tristeza. No dejaba de recordar lo que fuimos ella y yo, lo que podríamos haber seguido siendo. Si no me hubiera traicionado. Si no hubiera participado en la muerte de madre, y en la mía.
Cada vez me costaba más exculparla de mi intento de asesinato.
De camino al dormitorio, nos encontramos con Omelia, que iba acompañada por sus escoltas.
—Oh, así que tú eres la Elección de Gracia de Savannah —lo saludó. Su actitud seguía siendo igual de hostil que la última vez que nos vimos.
—¿La elección de qué...? —preguntó, confuso.
—Savannah podría haber deseado algo que fuera beneficioso para el reino, no a un antiguo sirviente de sangre. Pero bienvenido seas al castillo de Branamor, nuestro pequeño país.
Mi amigo se mostraba mucho más calmado de lo que habría estado yo si hubiera oído esas palabras. De hecho, paseó la mirada por el objeto que ella cargaba y le preguntó con sosiego:
—¿Ese libro que llevas es Las cinco llamaradas del dragón ?
En otra ocasión, la mirada de mi prima habría brillado ante esa pregunta; sin embargo, lo que Sam tuviera que decirle ese día sobre aquella historia no parecía importarle menos.
—¿Lo has leído? —Arqueó una ceja.
—Sí. De hecho, conozco a la autora. Vive en una aldea cerca de mi antigua casa, alejada de las ciudades más concurridas. —Ella no le contestó—. La aldea se llama Allfyd.
Al instante, algo cambió en la opinión que Omelia tenía de mi amigo. La sobrina de la reina abrió mucho los ojos y esbozó una sonrisa. No cabía en sí de gozo.
—¡No puedes estar hablando en serio! —chilló, emocionada—.
La autora no tiene contacto con nadie desde hace años.
No sabes en cuántas ocasiones he intentado concertar un encuentro privado para conocerla, pero ni siquiera acepta.
Mi tía me propuso amenazarla con expropiarle sus tierras, pero le dije que no, porque no quería aprovecharme de mi posición.
¿Cómo es? ¿Es tan maravillosa como he imaginado siempre?
Resoplé estupefacta al ver la normalidad con la que comentaba que la reina había intentado abusar una vez más de su poder.
—Así es —contestó Sam—. Es una persona bastante reservada, pero conversar con ella no decepciona. Es fascinante oírla hablar. Su mente funciona de una manera que jamás he visto. Si algún día se da la circunstancia, quizá pueda presentártela.
—¡Sí, no hay nada en esta vida que me haga más ilusión!
Digo... —Con una mano, Omelia se sacudió la falda, como si eso la ayudara a recuperar la compostura—.
Cuando llegue el momento, podríamos organizar un encuentro.
—Entonces me observó y volvió a adoptar una actitud distante—.
Tengo que hablar contigo, Savannah. A solas.
Alzó un poco el libro que llevaba en las manos y comprendí que nuestra conversación tenía que ver con Brandon. Acto seguido, se encaminó hacia su torreón y aguardó a que la siguiera. Sin embargo, antes me despedí de mi amigo.
—Me sorprende la facilidad con la que has conseguido apaciguarla —consideré.
—¿No has leído el pasaje del Elanon que habla sobre el encantador de serpientes? —Me guiñó un ojo—. «En esta vida, aquellos que encanten a la serpiente tendrán un destino más próspero que quienes intenten matarla».
Omelia y yo llegamos a sus aposentos, amueblados con un estilo parecido al de los míos. La única diferencia era que su dormitorio parecía un poco más grande.
Mi prima se acomodó a los pies de la cama y levantó la barbilla, momento que aproveché para sincerarme con ella.
—Omelia, tenías razón —solté de golpe.
—¿Con qué, exactamente?
Se relamió los labios, divertida con aquella situación.
—Con que soy una egoísta.
—Ah —realizó una pausa—. Siempre la tengo. Pero no me mires con esa pena, yo también lo soy. En cuanto lo aceptas, es mucho más fácil vivir con ello.
—Pero yo no quiero ser así. Me encantaría convertirme en la reina que me habría gustado que fueran conmigo, pero... No sé si es lo que deseo.
Me callé en cuanto me di cuenta de que a Omelia no le importaba lo mucho que me estaba abriendo a ella.
Me sentí estúpida, así que, en silencio, presencié cómo abría su ejemplar de Las cinco llamaradas del dragón .
Dentro había una carta, la respuesta del hijo de los duques de Zinnia.
Vi que, junto a la nota, Brandon le había enviado una zinnia que había comenzado a marchitarse.
—Me alegra que estés empezando a aceptar tu responsabilidad. De momento, podemos leer juntas la correspondencia de Brandon, si te parece. Se la he leído a la reina, pero ella no sabe que hay un mensaje secreto. Cree que le voy a seguir mandando cartas.
Para mis adentros, comencé a leer la respuesta de Brandon:
O melia:
Me conmueve la manera tan emotiva con la que te has puesto en contacto conmigo.
No esperaba menos, después de nuestro encuentro en el monasterio de la Santa Sangrienta.
P ero no te preocupes, sé que todos tus «te odio» son tu manera de decirme que me quieres y que no me has olvidado. Y o tampoco lo he hecho.
En cuanto a lo de ese ataque, no sé de qué me hablas. Espero que Savannah se recupere.
Y o también te odio,
B randon
Esbocé una sonrisilla mientras en mi cabeza podía oír el tono sarcástico y divertido con el que Brandon había escrito esas palabras.
Sin embargo, la simpatía que me despertaba su amorío secreto y pactado se vio sustituido por un aguijonazo de envidia en cuanto recordé que mi situación no era tan afable con Morgana.
Las manos me temblaron mientras asía la carta.
Para revelar el mensaje oculto, Omelia acercó el papel a uno de los candelabros. Fascinada, observé cómo la parte escrita con zumo de limón se teñía de marrón, revelando el mensaje secreto que Brandon había escrito para ella entre párrafos:
Y o también quiero verte. El pr óx imo miércoles, cuando la medianoche esté cerca, en el callej ó n donde nos besamos por última vez. Ten cuidado, es peligroso pasear sola a esas horas por D houl. Y o estaré acompañado.