La sed del nuevo despertar (El sacrificio de la corona 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

Esa noche, por algún motivo, concilié el sueño como no lo había hecho nunca. Quizá fuese por el agotamiento, porque mi cuerpo no estaba del todo recuperado o porque la cama me pareció más mullida. El caso fue que no tardé nada en quedarme dormida...

... hasta que alguien abrió la puerta de par en par sin llamar.

Omelia, en camisón, irrumpió en mi dormitorio a altas horas de la madrugada y acabó con la única noche en que habría podido descansar de verdad.

Llevaba algo en las manos, pero no lo distinguía bien a través de mi visión borrosa por culpa del sueño.

—Buenos días —me saludó con voz espabilada.

Buscaba que la saludara con la misma efusividad, pero mi respuesta fue algo más hostil:

—¿Es que nadie me va a dejar descansar en este castillo?

Mi comentario no pareció sentarle bien, pues me observó con una expresión indescifrable. La parkisana amable que había intentado ser mi confidente cada vez se mostraba menos cercana a mí.

—Le he escrito la primera carta a Brandon —me espetó con voz cortante—. Te la he traído para que me digas qué te parece.

A esas horas, cualquier cosa me iba a parecer una mala idea, sobre todo si para ello debían interrumpir mi sueño. Así que, de mala gana, le quité el sobre sin sellar y saqué la misiva.

Querido Brandon :

Durante semanas, he estado meditando la conversación que mantuvimos en el monasterio de la Santa Sangrienta, pensando en si me había equivocado contigo, pero el ataque a Savannah ha hecho que me dé cuenta de que nunca podré estar en vuestro bando.

No quiero saber nada más de ti. No me escribas. No vengas a verme .

Te odio ,

Omelia

No quería ser yo la que la contradijera, porque al final era ella la que conocía a Brandon, pero sus palabras no parecían del todo... apaciguadoras. Si me escribieran de esa forma, haría arder el castillo de Branamor a modo de represalia.

—Eh... —Intenté escoger las palabras adecuadas para no acrecentar su enfado—. ¿No sería mejor declararle tu amor en vez de reprocharle el ataque de Clement?

Ella chascó la lengua ante mi crítica, como si no entendiera nada. Y era verdad.

—En una situación normal, si le declarara mi amor, interceptarían la correspondencia en el castillo. Y como no lo van a hacer porque forma parte del plan, Brandon sospecharía. Así que he escrito el verdadero mensaje con zumo de limón.

—¿Z-zumode limón? —balbuceé, siendo consciente de que la irritaría todavía más.

—El zumo de limón funciona como tinta invisible.

—En efecto, sonaba molesta—. Brandon y yo solíamos escribirnos mensajes secretos con eso.

Nuestra frase en clave siempre era «He estado meditando la conversación que mantuvimos...

». Sabrá que hay algo más en esa carta de lo que se puede leer a simple vista.

Asentí con la cabeza mientras volvía a leer el aparente mensaje.

—¿Y qué dice el mensaje secreto?

—«Quiero verte a solas. Tú y yo».

Levanté la mirada y me encontré con la de Omelia. Mi intuición me decía que ese mensaje secreto no lo había acordado con Lilith.

—¿Lo sabe la reina?

—No, y no se lo vas a contar —respondió muy tranquila—. Ella no permitiría que me viera a solas con Brandon, pero es el único modo de comenzar mi misión. Por eso he venido a hablar contigo: necesito una aliada que sepa la verdad. Y esa eres tú.

Casi escupió las últimas palabras, dándome a entender que estaba disgustada conmigo. Bufé, cansada de la actitud que había adoptado desde que había entrado en la habitación.

—¿Me puedes decir ya qué te pasa, Omelia? —le pregunté—. Me aburren las personas que hablan constantemente con indirectas.

Ella se mantuvo unos segundos en silencio, un tanto encorvada, como si estuviera hablando consigo misma.

—Que me he pasado la noche en vela pensando de qué modo puedo hacer que Brandon caiga en mi juego —estalló— mientras tú has estado durmiendo tranquila y, encima, te molesta que te haya despertado a altas horas de la noche.

—¿Cuál es el problema? —Me encogí de hombros—. Mi jornada de futura sacerdotisa y las clases que me imparten duran más que el trabajo de un sirviente en el castillo. Entiende que esté cansada.

—Que este es tu reino, Savannah, y parece que te da igual.

—Repito, ¿cuál es el problema?

Omelia hizo una pequeña pausa de nuevo, intentando contener aquello que se moría por espetarme.

—Déjalo, Savannah. No me pongas de mal humor cuando ni siquiera ha amanecido.

—No, dímelo, en serio. Si lo estás deseando...

Ella no se hizo de rogar.

—Pienso que te importa más tu amor frustrado con Morgana que el destino de tu pueblo. Y se supone que eres tú la que te estás preparando para heredar Parkisan.

Entorné la mirada.

—Omelia, hasta hace casi dos semanas no sabía que iba a heredar Parkisan.

No esperes que sienta la misma pasión por el trono que si me hubiera criado aquí, asimilando cuál era mi deber.

—Parecía que mis palabras la habían aplacado un poco, pero no iba a tolerar que alguien que seguía sin ser nadie para mí me reprendiera de ese modo.

De manera que continué avivando el fuego—: Además, creo que no haces esto de forma generosa...

No me creo que una parte de ti no se muera por volver a ver a Brandon.

Has encontrado la excusa perfecta para ponerte en contacto con él, y encima con el beneplácito de la reina.

Ignoro hasta qué punto te importa tanto el destino de los parkisanos corrientes...

Omelia apretó los puños y los labios, lo que provocó que esbozara una sonrisa, divertida.

—De acuerdo. Soy una parkisana privilegiada que no ha conocido ni conocerá en su vida los desafíos a los que se enfrentan los ciudadanos más pobres.

—Se levantó y me apuntó con el dedo mientras se acercaba a mí—.

Pero tú tienes la oportunidad de ser una reina diferente, de cambiar las cosas que supuestamente detestas de la Corona, y solo piensas en huir de aquí para vivir tu vida sin preocuparte por nadie más que por ti misma.

La mueca se me borró al instante. Sus últimas palabras habían ido directas al corazón.

—No somos tan diferentes, Savannah —me soltó—. Somos dos personas egoístas. La única diferencia es que yo lo admito mientras que tú crees que tienes una moralidad superior por haberte criado entre el pueblo llano.

Me quedé sin palabras porque, en parte, tenía razón.

Durante toda mi vida, me había quejado de las penurias que pasábamos los parkisanos.

La realidad era que, con ese título, tenía la oportunidad de cambiar aquello, al menos si vivía para contarlo.

Pero, en vez de celebrarlo y entender que esa nueva responsabilidad podía ayudarme a cumplir ese objetivo, solo pensaba en mí. En como quería huir para ser libre.

¿Qué opinaría madre si me viera? ¿Estaría de acuerdo con mi actitud desde el Prado Más Alto?

Desde luego, no era tan diferente a Omelia. Me había creído mejor persona que mi familia de sangre y que otros muchos nobles, pero mi actitud era igual de reprobable o más.

—Si no quieres hacer esto por ti, Savannah, hazlo por ese estamento más bajo al que tanto defiendes. Buenos días.

Omelia salió y cerró de un portazo. No fui capaz de despedirme de ella, sino que me dejé desangrar el alma por las estocadas que acababa de darme.

Para mitigar el dolor, me tumbé e intenté dormirme de nuevo. No lo conseguí.