La Santa Compaña: Expediente I CAPÍTULO 9 - EL INVESTIGADOR
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CAPÍTULO 9 - EL INVESTIGADOR

NOTA DE ARCHIVO

A partir de este punto, parte del expediente comienza a incorporar registros personales del doctor Elías Montenegro.

Diversos fragmentos fueron encontrados desordenados, incompletos o escritos sobre documentos ajenos.

Algunas anotaciones presentan diferencias de caligrafía imposibles de explicar.

Montenegro dejó de dormir correctamente el 14 de noviembre.

No podía precisar por qué recordaba la fecha con tanta claridad.

Simplemente quedó grabada en su mente.

Como si algo hubiese comenzado aquella noche.

Al principio fueron pequeños detalles.

Horas perdidas.

Objetos cambiando de lugar.

Páginas abiertas que no recordaba haber revisado.

Después llegaron los sueños.

REGISTRO PERSONAL - 02:11 AM

“Sueño con caminos húmedos.

Siempre es de noche.

Siempre escucho campanas antes de ver las luces.”

El investigador había intentado mantener disciplina científica.

Registrar síntomas.

Separar sugestión de evidencia.

Pero el expediente comenzaba a filtrarse dentro de su vida diaria.

Y cada vez le resultaba más difícil distinguir dónde terminaba la investigación.

REGISTRO PERSONAL - 03:03 AM

“Hoy desperté sosteniendo algo.

No había nada entre mis manos.

Pero el peso seguía ahí.”

Montenegro dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

Sus dedos temblaban.

El síntoma se repetía constantemente ahora.

A veces mientras caminaba.

A veces mientras dormía.

A veces incluso despierto frente a los archivos.

Como si algo invisible descansara entre sus brazos.

Algo pesado.

Algo antiguo.

La degradación psicológica comenzó a notarse fuera del despacho.

Compañeros de trabajo describieron cambios bruscos en su comportamiento.

Irritabilidad.

Desorientación.

Fijación obsesiva con las horas de madrugada.

DECLARACIÓN - MARTA SALGADO

(Asistente administrativa)

“El doctor empezó a quedarse solo todas las noches.

Hablaba poco.

Casi no comía.”

La mujer aseguró haber escuchado campanas dentro del edificio durante varias ocasiones.

Nadie más las reconoció oficialmente.

“Y siempre había olor a tierra mojada cerca de su oficina.”

Montenegro leyó aquella declaración días después.

No recordaba haber permitido entrevistas internas.

No recordaba muchas cosas últimamente.

REGISTRO PERSONAL - SIN HORA

“Las páginas cambian cuando no las observo.”

El investigador comenzó a notar alteraciones directas dentro de los documentos.

Frases nuevas.

Símbolos repetidos.

Líneas escritas con su propia letra que no recordaba haber redactado.

Una noche encontró una página completa llena con la misma oración repetida decenas de veces.

“SIEMPRE HAY UNO VIVO”

No recordaba haberla escrito.

Pero era su letra.

Montenegro empezó a grabar audio mientras trabajaba para comprobar si sufría episodios disociativos.

La primera grabación útil ocurrió el 19 de noviembre.

TRANSCRIPCIÓN - REGISTRO PRIVADO

[00:03] sonido ambiente papeles moviéndose

[02:11] Montenegro: “No hay nadie aquí.”

[02:14] silencio

[02:21] campana lejana

[02:25] Montenegro: “Otra vez…”

La grabación continuaba normalmente durante varios minutos.

Hasta que algo extraño ocurrió.

[11:43] respiración adicional detectada

Montenegro no estaba solo en el despacho.

Pero las cámaras de seguridad mostraban el lugar vacío.

La transcripción seguía.

[11:47] voz desconocida: “No sigas.”

El investigador jamás escuchó aquella voz mientras grababa.

Sólo apareció durante la reproducción posterior.

REGISTRO PERSONAL - 03:12 AM

“Hoy olvidé cómo llegué al despacho.”

La pérdida de tiempo comenzaba a empeorar.

En varias ocasiones Montenegro descubría documentos abiertos que no recordaba haber revisado.

Una madrugada despertó sentado frente al computador con barro húmedo bajo las uñas.

No sabía de dónde había salido.

NOTA MÉDICA NO ENTREGADA

Montenegro redactó un informe privado sobre su propio estado psicológico.

Nunca llegó a enviarlo.

“Considero la posibilidad de contaminación cognitiva derivada de exposición prolongada a material traumático.”

La siguiente línea estaba tachada violentamente.

“O tal vez ellos ya comenzaron.”

El investigador permaneció largos minutos observando aquella frase.

No recordaba haberla escrito.

Entonces escuchó algo dentro del despacho.

Una respiración.

Montenegro levantó lentamente la vista.

El sonido venía desde la esquina más oscura de la habitación.

No había nadie.

Pero el aire parecía diferente allí.

Más denso.

Más oscuro.

Las luces comenzaron a vibrar.

El investigador se puso de pie lentamente.

Y entonces vio movimiento.

Muy leve.

Como una sombra alejándose dentro de otra sombra.

El sonido desapareció.

Completamente.

Silencio absoluto.

Montenegro retrocedió lentamente hasta el escritorio.

Las luces parpadearon una vez.

Dos veces.

Y entonces aparecieron las campanas.

No lejanas esta vez.

Cercanas.

Demasiado cercanas.

El investigador sintió el peso invisible entre sus manos con más fuerza que nunca.

Dolía.

Algo golpeó la puerta del despacho.

Una vez.

Lento.

Pesado.

Luego otro golpe.

Y otro más.

No parecían nudillos humanos.

Sonaban húmedos.

Como madera mojada chocando contra la superficie.

Montenegro permaneció inmóvil mientras los golpes continuaban.

Rítmicos.

Sin prisa.

Entonces una voz habló al otro lado de la puerta.

Muy baja.

Casi un susurro.

“Doctor…”

Montenegro sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Porque reconoció aquella voz.

Era la suya.

El golpe volvió a sonar.

Más fuerte.

“Ábrenos.”

Las luces se apagaron.

Oscuridad total.

Y detrás de la puerta…

algo comenzó a arrastrarse lentamente sobre el piso.