CAPÍTULO 10 - LOS SÍMBOLOS
Clasificación: Investigación comparativa Responsable: Dr. Elías Montenegro Estado del informe: Incompleto Nivel de acceso: Restringido
NOTA PRELIMINAR
A medida que aumentó la recopilación de casos vinculados a la Santa Compaña, comenzaron a identificarse elementos visuales repetitivos presentes en distintos países, épocas y testigos sin conexión aparente.
La recurrencia estadística supera cualquier posibilidad razonable de coincidencia cultural espontánea.
Montenegro llevaba más de treinta horas sin dormir cuando inició el análisis comparativo.
El despacho parecía distinto durante las madrugadas.
Más estrecho.
Más oscuro.
Como si el edificio completo cambiara ligeramente después de las tres de la mañana.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías, mapas y documentos unidos por líneas rojas.
Galicia.
Asturias.
Portugal.
Chile.
Argentina.
Incluso pequeñas referencias aisladas en Brasil y el sur de Francia.
Distintos idiomas.
Mismas descripciones.
Velas.
Niebla.
Campanas.
Y el símbolo.
La cruz torcida.
Montenegro observó el dibujo fijado al centro del muro principal.
No era una cruz común.
La línea vertical aparecía desviada apenas unos grados hacia la izquierda.
Y la base inferior terminaba deformada, como si hubiera sido arrastrada.
El símbolo aparecía en:
● iglesias abandonadas
● dibujos infantiles
● fotografías antiguas
● informes policiales
● paredes húmedas
● páginas escritas durante episodios de pérdida de memoria
Y ahora…
también aparecía en el despacho.
Montenegro apartó lentamente una carpeta del escritorio.
Debajo, grabada sobre la madera con algo similar a cera endurecida, estaba la cruz torcida.
No recordaba haberla visto antes.
REGISTRO PERSONAL - 02:47 AM
“Empiezo a creer que el símbolo no representa a la procesión.
Creo que funciona como una marca.”
El investigador continuó organizando fechas.
Y entonces encontró el patrón más importante hasta ese momento.
Los incidentes graves ocurrían en ciclos.
No exactos.
Pero cercanos.
03:03 03:12 03:14 03:17
Siempre durante la misma franja de madrugada.
Como si algo atraviesa parcialmente la realidad durante esos minutos.
NOTA ANALÍTICA
“La repetición horaria sugiere sincronización, no casualidad.
Posible ventana de manifestación.”
Montenegro se detuvo.
Escuchó algo.
Campanas.
Muy lejanas.
Miró el reloj.
02:58 AM.
Todavía faltaban minutos.
La tensión en su pecho aumentó.
Sabía que algo ocurriría.
Ya podía sentirlo antes de que empezara.
Continuó revisando documentos para distraerse.
Entonces encontró una fotografía que no recordaba haber archivado.
Era reciente.
Demasiado reciente.
Mostraba el interior de su propio despacho.
Tomada desde la puerta.
Montenegro sintió un escalofrío inmediato.
La fotografía estaba fechada la noche anterior.
Pero él nunca había tomado aquella imagen.
Observó cuidadosamente el fondo.
Todo parecía normal.
El escritorio.
Los documentos.
La lámpara.
Hasta que vio la ventana.
Había figuras reflejadas detrás de él.
Altas.
Cubiertas por túnicas oscuras.
Inmóviles.
Montenegro soltó la fotografía.
La respiración comenzó a acelerarse.
Las campanas volvieron a sonar.
Más fuertes.
03:03 AM.
Las luces del despacho vibraron violentamente.
El investigador observó los mapas colgados sobre la pared.
Varias líneas rojas comenzaban a despegarse solas.
No.
No se despegaban.
Se movían.
Lentamente.
Como arrastradas por una corriente invisible.
Entonces ocurrió algo peor.
Los símbolos marcados sobre las fotografías comenzaron a aparecer en lugares donde antes no existían.
Uno tras otro.
Cruces torcidas dibujándose lentamente sobre el papel húmedo.
Montenegro retrocedió.
El olor a tierra mojada llenó el despacho.
Las luces se apagaron durante un segundo.
Cuando regresaron…
las líneas del mapa habían cambiado.
Ahora todos los puntos conectaban hacia un único lugar.
Su despacho.
El investigador sintió el peso invisible caer sobre sus brazos con una intensidad insoportable.
Sus rodillas casi cedieron.
Y entonces escuchó respiración detrás de él.
No giró inmediatamente.
No quería confirmar lo que ya sabía.
La respiración continuó.
Lenta.
Húmeda.
Humana.
Montenegro reunió valor y se volvió lentamente.
Había alguien al otro lado del despacho.
Una figura alta cubierta parcialmente por sombras.
No llevaba túnica completa.
Su ropa parecía húmeda.
Antigua.
Y entre sus manos…
sostenía algo invisible.
Exactamente igual que él.
El investigador sintió terror puro por primera vez.
Porque la figura tenía su rostro.
No exactamente.
Más viejo.
Más delgado.
La piel gris.
Los ojos hundidos.
Pero era él.
La versión deteriorada de sí mismo levantó lentamente la cabeza.
Y habló.
“Todavía puedes dejar de leer.”
Las luces explotaron.
Oscuridad absoluta.
Montenegro escuchó movimiento alrededor del despacho.
Muchos pasos.
Arrastrándose lentamente entre las sombras.
Las campanas comenzaron a sonar violentamente.
Más fuertes que nunca.
Y entre toda aquella oscuridad…
aparecieron las velas.
Decenas.
Cientos.
La procesión rodeaba el despacho.
Montenegro apenas podía respirar.
El peso invisible aplastaba sus brazos.
Entonces vio al otro él nuevamente.
De pie entre las figuras.
Esperándolo.
La versión deteriorada levantó lentamente una mano y señaló los documentos sobre el escritorio.
“Ellos no quieren que entiendas.”
Silencio.
Y luego añadió algo peor.
“Quieren que recuerdes.”
Las velas se apagaron al mismo tiempo.
El sonido regresó violentamente.
Las luces del despacho volvieron.
Todo desapareció.
Montenegro cayó al suelo intentando recuperar el aire.
Las paredes estaban normales.
Las fotografías quietas.
Las líneas inmóviles.
Pero en el centro del mapa principal…
había una nueva marca.
Una cruz torcida.
Dibujada exactamente sobre la ubicación del edificio.