CAPÍTULO 3 - LAS CAMPANAS VACÍAS
INFORME PRELIMINAR
No existían registros oficiales de actividad religiosa desde hacía más de doce años.
Las campanas del edificio habían sido retiradas décadas antes.
Aun así, los habitantes aseguraban escucharlas cada madrugada.
Siempre a la misma hora.
03:17 AM.
Montenegro encontró el expediente dentro de una carpeta marcada con tinta roja.
Alguien había escrito una advertencia sobre la portada.
“NO ESCUCHAR CON AURICULARES”
El investigador permaneció varios segundos observando aquella frase.
Después abrió la carpeta.
Dentro encontró fotografías del pueblo.
Calles estrechas de piedra húmeda.
Ventanas cerradas.
Niebla espesa cubriendo los caminos incluso durante el día.
La iglesia aparecía en todas las imágenes.
Oscura.
Inmóvil.
Como si el resto del pueblo hubiera sido construido alrededor de ella.
REGISTRO HISTÓRICO
La iglesia de San Martiño fue construida en el siglo XVII.
Los archivos parroquiales mencionan múltiples relatos vinculados a procesiones nocturnas observadas en los bosques cercanos.
En varios documentos antiguos aparecía repetida la misma frase:
“Cuando las campanas suenan sin manos… la procesión ya camina.”
Montenegro tomó nota inmediatamente.
Era la primera vez que encontraba referencias directas entre las campanas y el fenómeno.
Hasta entonces, las apariciones parecían aisladas.
Ahora comenzaban a comportarse como partes de un sistema.
TESTIMONIO - CARMEN VEIGA
(Residente de San Martiño)
“La primera vez pensé que alguien había vuelto a la iglesia.
Las escuché desde mi habitación.
Lentas.
Pesadas.”
La mujer afirmó que las campanas no sonaban normales.
No vibraban como metal.
El sonido era más profundo.
Más húmedo.
“Era como escuchar algo bajo tierra.”
Las campanas comenzaron a sonar cada madrugada durante semanas.
Al principio, los vecinos intentaron ignorarlo.
Después empezaron las desapariciones.
Animales encontrados muertos en los caminos.
Puertas abiertas al amanecer.
Velas consumidas frente a casas vacías.
INFORME POLICIAL LOCAL
“No se encontraron rastros de intrusión en las viviendas afectadas.
Sin embargo, varios testigos coinciden en haber observado figuras luminosas desplazándose cerca del cementerio parroquial durante la madrugada.”
Montenegro revisó las fotografías anexas.
En una de ellas aparecía el interior de la iglesia.
Bancos cubiertos de polvo.
Paredes húmedas.
Altar parcialmente derrumbado.
Pero había algo extraño.
Cera fresca.
Sobre el suelo.
El investigador acercó la fotografía a la lámpara del escritorio.
La cera formaba pequeñas líneas irregulares.
Como si varias velas hubieran sido transportadas mientras aún estaban encendidas.
TRANSCRIPCIÓN - ENTREVISTA A TOMÁS REY
(Ex-sacristán de la iglesia)
La grabación presentaba interferencias constantes.
En algunos fragmentos parecía escucharse respiración adicional.
Nunca pudo identificarse el origen.
“Las campanas comenzaron antes de que aparecieran las luces.”
El entrevistador preguntó qué luces.
Hubo un silencio prolongado.
“Las del camino.”
Otro silencio.
“No bajaban del cementerio.
Salían de él.”
Montenegro sintió una presión incómoda en el pecho mientras leía.
Pasó la página.
Encontró dibujos realizados por niños de la aldea semanas antes del abandono del pueblo.
Todos mostraban lo mismo.
Figuras largas.
Velas.
Y una cruz torcida repetida en las esquinas.
La misma cruz de la libreta negra.
El investigador abrió rápidamente uno de sus cuadernos y comparó ambos símbolos.
Coincidían exactamente.
Misma inclinación.
Misma línea irregular en la base.
Un golpe seco resonó en el despacho.
Montenegro levantó la vista de inmediato.
El sonido había venido del pasillo exterior.
Permaneció inmóvil.
Esperando.
Nada.
Miró el reloj.
03:17 AM.
Entonces escuchó las campanas.
Lejanas.
Lentas.
Funerarias.
El investigador se puso de pie tan rápido que la silla cayó hacia atrás.
Las campanas continuaron sonando.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
El sonido parecía venir desde muy lejos… y al mismo tiempo desde dentro del edificio.
Montenegro abrió la puerta del despacho.
El pasillo estaba vacío.
Las luces fluorescentes vibraban débilmente sobre el techo.
Pero el sonido seguía ahí.
Más fuerte ahora.
Más cercano.
Avanzó lentamente.
El eco metálico retumbaba en las paredes del corredor vacío.
Entonces algo llamó su atención.
Huellas húmedas.
Sobre el suelo.
Marcas alargadas de barro oscuro que atravesaban el pasillo.
No parecían pasos normales.
Eran arrastres.
Como si algo pesado hubiera sido llevado por el corredor.
Las marcas se detenían frente al ascensor.
Las puertas permanecían cerradas.
Montenegro sintió un impulso irracional de alejarse.
Pero algo más fuerte lo obligó a acercarse.
Presionó el botón.
Nada ocurrió.
Las campanas sonaron otra vez.
Más cerca.
Y entonces el ascensor descendió lentamente.
Piso por piso.
Sin que nadie lo hubiera llamado.
El marcador digital mostró:
7… 6… 5…
Montenegro retrocedió.
El edificio solo tenía cuatro pisos.
El ascensor continuó subiendo desde números imposibles.
4… 3… 2…
Las campanas se detuvieron de golpe.
El silencio absoluto regresó.
DING.
Las puertas comenzaron a abrirse lentamente.
Y antes de que pudiera ver el interior…
el olor húmedo volvió.
Tierra mojada.
Cera derretida.
Madera podrida.
Montenegro sintió que algo estaba al otro lado de las puertas.
Esperando.
Inmóvil.
Entonces las luces del pasillo se apagaron.