La Santa Compaña: Expediente I CAPÍTULO 4 - LA CASA SIN LUZ
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CAPÍTULO 4 - LA CASA SIN LUZ

INFORME DE APERTURA

El siguiente caso fue incorporado al expediente principal por recomendación directa del doctor Elías Montenegro tras identificar múltiples coincidencias con incidentes registrados previamente en Galicia y Asturias.

La documentación original presenta inconsistencias horarias y fragmentos imposibles de verificar.

Diversos dispositivos electrónicos dejaron de funcionar durante el periodo investigado.

Montenegro comenzó a revisar el archivo a las 01:26 AM.

No recordaba haber decidido continuar trabajando aquella noche.

Solo sabía que no podía detenerse.

Había una sensación constante detrás de sus pensamientos.

Una presión silenciosa.

Como si algo esperara que siguiera leyendo.

El expediente pertenecía a la familia Navarro.

Cuatro integrantes.

Sin antecedentes psiquiátricos.

Sin historial de violencia doméstica.

Sin eventos anormales previos al incidente.

Todo comenzó con la luz.

DECLARACIÓN - ANA NAVARRO

(Madre de familia)

“Pensamos que era un problema eléctrico.

Las lámparas dejaron de funcionar primero.”

El documento indicaba que ningún fusible había explotado.

Los técnicos revisaron la instalación completa.

No encontraron fallos.

Aun así, la iluminación desaparecía cada noche exactamente a las 03:12 AM.

Pero había algo extraño.

Los aparatos seguían funcionando.

El televisor emitía sonido.

Los refrigeradores continuaban activos.

Los teléfonos vibraban.

Solo la luz desaparecía.

Como si algo la absorbiera.

Montenegro leyó nuevamente aquella frase.

“Absorbiera.”

Era exactamente la misma palabra utilizada en otro expediente de Portugal fechado en 1964.

REGISTRO TÉCNICO

“Las bombillas analizadas no presentan daños.

Sin embargo, durante el periodo de falla no emiten luminosidad pese a mantener corriente eléctrica activa.”

La primera semana, la familia intentó ignorarlo.

La segunda, comenzaron los sueños.

DECLARACIÓN - LUCÍA NAVARRO

(9 años)

La entrevista infantil fue realizada por una psicóloga local.

Las hojas anexas incluían dibujos hechos por la menor.

Todos mostraban figuras negras sosteniendo luces.

“No estaban afuera.”

La psicóloga preguntó dónde estaban.

La niña respondió inmediatamente.

“Esperaban en la casa.”

Montenegro observó los dibujos cuidadosamente.

Las figuras aparecían siempre incompletas.

Sin rostro.

Sin manos definidas.

Solo túnicas oscuras y pequeñas llamas blancas.

Pero en todos los dibujos había algo más.

Una figura diferente.

Más alta.

Sin capucha.

El investigador sintió un escalofrío involuntario.

NOTA DEL DR. MONTENEGRO

“La menor representa nuevamente la presencia de un individuo vivo dentro de la procesión.

Coincide con registros previos.

La recurrencia ya no puede considerarse casual.”

La actividad aumentó durante la tercera semana.

Las puertas comenzaron a abrirse solas.

No violentamente.

Lentamente.

Como si alguien las empujara desde el otro lado.

EXTRACTO - AUDIO DOMÉSTICO RECUPERADO

La grabación provenía de un teléfono móvil encontrado en la cocina.

El archivo presentaba distorsión severa.

[00:01] sonido ambiente

[00:07] puerta abriéndose lentamente

[00:11] respiración agitada

[00:14] voz masculina: “¿Hay alguien ahí?”

[00:18] silencio absoluto

[00:26] campanas lejanas

[00:31] voz infantil susurrando: “Ya entraron.”

La grabación terminaba abruptamente después de un ruido similar a múltiples pasos arrastrándose sobre madera.

Montenegro dejó el documento sobre el escritorio.

Por primera vez desde el inicio de la investigación, sentía miedo real.

No por el contenido.

Por las coincidencias.

Cada caso parecía conectado a una misma estructura invisible.

Como si todas las historias fueran fragmentos incompletos de algo mucho mayor.

La lluvia había cesado afuera.

El despacho estaba completamente silencioso.

Demasiado silencioso.

Entonces ocurrió nuevamente.

El sonido desapareció.

No fue gradual.

Fue instantáneo.

El zumbido eléctrico del edificio se extinguió.

La ventilación.

Los tubos fluorescentes.

Todo.

Montenegro permaneció inmóvil.

Su respiración era lo único que podía escuchar.

Hasta que dejó de escucharla también.

El investigador abrió los ojos lentamente.

Seguía respirando.

Simplemente… el sonido ya no existía.

Y entonces las luces se apagaron.

Oscuridad total.

Montenegro intentó levantarse, pero algo lo detuvo.

Una sensación extraña en las manos.

Peso.

Invisible.

Como si sostuviera un objeto inexistente.

El mismo síntoma descrito por múltiples testigos.

Las campanas comenzaron a sonar.

Muy lejos.

Muy lentas.

El investigador sintió un movimiento al otro lado del despacho.

No podía verlo.

Pero sabía que algo estaba ahí.

Esperando.

Entonces escuchó pasos.

No en el pasillo.

Dentro de la habitación.

Uno.

Luego otro.

Arrastrados.

Sin prisa.

Montenegro retrocedió lentamente hasta chocar contra el escritorio.

Intentó encontrar su teléfono.

Nada.

La oscuridad parecía absorber incluso el espacio.

Los pasos se detuvieron.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Y entonces una luz apareció frente a él.

Pequeña.

Temblorosa.

La llama de una vela.

Suspendida en medio de la oscuridad absoluta.

Después apareció otra.

Y otra.

Y otra más.

Montenegro sintió el terror subir lentamente por su pecho.

Porque las luces no flotaban solas.

Había figuras detrás de ellas.

Altas.

Inmóviles.

Cubiertas por túnicas oscuras.

No podía distinguir rostros.

Solo sombras.

Y silencio.

Entonces vio algo más.

Al frente de las figuras…

alguien respiró.

La vela iluminó brevemente una mano humana.

Viva.

Temblando bajo la cera derretida.

Las luces desaparecieron de golpe.

El sonido regresó violentamente al despacho.

La ventilación.

La lluvia.

Los tubos fluorescentes.

Todo al mismo tiempo.

Montenegro cayó de rodillas intentando recuperar el aire.

Miró desesperadamente alrededor.

El despacho estaba vacío.

Pero sobre el escritorio había algo nuevo.

Tierra húmeda.

Y una marca hecha con cera blanca.

Una cruz torcida.

CAPÍTULO 5 - EL NIÑO DEL BOSQUE

Expediente asociado: SC-18-ES Ubicación: Lugo, Galicia, España Fecha del incidente: Septiembre de 2003 Estado del menor: Desaparecido durante 11 horas Clasificación: Contacto temprano / alteración cognitiva

INFORME INICIAL

El siguiente caso fue considerado durante años como una desaparición infantil convencional.

La investigación fue reabierta tras detectarse coincidencias directas con patrones presentes en otros expedientes vinculados a la Santa Compaña.

El menor recuperado presentó alteraciones conductuales severas y recuerdos incompatibles con el entorno geográfico donde fue hallado.

Montenegro encontró el expediente oculto entre documentos médicos archivados erróneamente bajo registros psiquiátricos.

Alguien había intentado clasificarlo fuera del archivo principal.

No era la primera vez que ocurría.

Cada vez más documentos parecían moverse solos dentro de la investigación.

El niño se llamaba Iago Pereira.

Ocho años.

Desapareció mientras caminaba junto a su abuelo cerca de un sendero forestal utilizado por habitantes de la zona desde generaciones.

La desaparición ocurrió a plena luz del día.

14:32 PM.

Sin testigos adicionales.

Sin sonidos.

Sin rastro inmediato.

DECLARACIÓN - MANUEL PEREIRA

(Abuelo del menor)

“Estaba delante de mí.

Solo unos pasos.”

El anciano aseguró que el bosque se volvió silencioso segundos antes de la desaparición.

“Los pájaros dejaron de cantar.

El viento paró.

Todo se quedó quieto.”

Montenegro subrayó inmediatamente aquella frase.

Otra coincidencia.

El sonido desaparece primero.

El abuelo continuó describiendo el incidente durante la entrevista policial.

“Entonces apareció la niebla.”

No era una condición climática esperable.

Ese día el cielo permanecía despejado.

Sin humedad suficiente para formación de neblina.

Aun así, múltiples testigos afirmaron haber observado una capa blanca cubriendo parcialmente el bosque durante aproximadamente veinte minutos.

INFORME DE BÚSQUEDA

“Los perros rastreadores perdieron el rastro del menor cerca de un cruce de caminos no registrado en mapas locales.”

Aquello llamó la atención de Montenegro.

No era la primera referencia a caminos inexistentes.

El mismo detalle aparecía en expedientes de Portugal y del sur de Chile.

El niño fue encontrado once horas después.

Solo.

Descalzo.

Sentado frente a una pequeña capilla abandonada a casi nueve kilómetros del punto de desaparición.

Había un problema.

Iago no podía haber llegado ahí caminando.

Especialmente de noche.

Especialmente atravesando bosque cerrado.

EXTRACTO MÉDICO

“El menor presenta signos leves de hipotermia y agotamiento extremo.

No muestra lesiones importantes.

Repite constantemente frases relacionadas con luces y personas caminando.”

La primera entrevista psicológica ocurrió al día siguiente.

Montenegro leyó la transcripción lentamente.

Cada respuesta del niño resultaba más inquietante que la anterior.

TRANSCRIPCIÓN - ENTREVISTA INFANTIL

PSICÓLOGA: Iago, ¿recuerdas dónde estuviste?

IAGO: En el camino.

PSICÓLOGA: ¿Qué camino?

IAGO: El que aparece cuando ellos pasan.

Silencio.

PSICÓLOGA: ¿Quiénes pasan?

IAGO: Los de las luces.

Montenegro sintió tensión en la mandíbula mientras continuaba leyendo.

PSICÓLOGA: ¿Te hicieron daño?

IAGO: No.

PSICÓLOGA: Entonces, ¿por qué estabas asustado?

IAGO: Porque uno de ellos respiraba.

El investigador dejó lentamente las hojas sobre el escritorio.

La misma descripción.

Otra vez.

Siempre uno vivo.

La entrevista continuaba.

PSICÓLOGA: ¿Viste sus caras?

IAGO: No tienen.

PSICÓLOGA: ¿Cómo sabes que te miraban entonces?

IAGO: Porque dejaron de caminar cuando me encontraron.

Montenegro sintió un escalofrío recorrerle los brazos.

DIBUJOS RECUPERADOS

Los anexos incluían seis dibujos realizados por Iago días después del incidente.

Todos mostraban un bosque oscuro atravesado por figuras encapuchadas.

En cada dibujo aparecía el mismo símbolo.

La cruz torcida.

Pero había algo nuevo.

En el último dibujo, una de las figuras infantiles caminaba detrás de la procesión.

La psicóloga escribió una observación al pie del documento.

“El menor afirma que el niño del dibujo es él mismo.”

Montenegro observó aquella página durante varios minutos.

Había algo profundamente perturbador en la forma en que el niño se había dibujado.

No parecía una víctima.

Parecía… integrado.

NOTA MANUSCRITA DEL DR. MONTENEGRO

“Hipótesis preliminar:

La procesión no siempre busca matar.

En algunos casos parece reconocer, observar o preparar individuos específicos.”

El investigador cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos, escuchó algo.

Pasos.

Leves.

Arrastrados.

Dentro del despacho.

Montenegro se levantó de golpe.

No había nadie.

Pero las luces del techo vibraban débilmente.

La temperatura había descendido de forma brusca.

Miró el reloj.

03:12 AM.

Entonces vio algo imposible.

Barro húmedo.

Pequeñas huellas.

Descalzas.

Atravesaban lentamente el suelo del despacho.

No estaban ahí segundos antes.

Las marcas avanzaban desde la puerta hasta el escritorio.

Y terminaban justo frente a él.

Montenegro retrocedió lentamente.

Sintió nuevamente el peso invisible sobre sus manos.

Más intenso esta vez.

Como si algo quisiera obligarlo a sostenerlo.

Entonces las luces parpadearon.

Una vez.

Dos veces.

Y en el reflejo oscuro de la ventana…

vio una figura detrás de él.

Alta.

Cubierta por una túnica negra.

Inmóvil.

Montenegro giró de inmediato.

Nada.

El despacho estaba vacío.

Pero cuando volvió a mirar la ventana…

la figura seguía ahí.

Y esta vez…

había otra más detrás.

Las campanas comenzaron a sonar.