Capítulo 15 #4
—Lo del ducado... ¿quieres que lo sepan los hombres?
—Todavía no.
—De acuerdo. Bastante cuesta que terminen un trabajo sin que crean que vas a pagarles con tierras.
Tavish dejó escapar una respiración que casi fue una risa.
—Seguirán cobrando lo que les corresponde.
—Eso quería oír, capitán.
Eleanor lo encontró más tarde sentado en la cámara contigua a su camarote, con la carta de Lachlan abierta sobre las rodillas.
La señora Bell se había retirado a su alojamiento. Conocía el día que habían pasado y les había dejado una lámpara y una jarra de agua.
Eleanor cerró el cuaderno donde había copiado las referencias.
—Mañana iremos a buscar el registro —dijo.
Tavish no levantó la cabeza.
—Llevan años buscándolo.
—Han buscado donde decía la certificación. Su padre descubrió que había otro depósito. Empezaremos por comprobar qué ocurrió con él.
Tavish pasó el pulgar junto a la firma.
—Mi madre lo ayudaba.
—Sí.
—Sabía que leía. Que escribía cartas. Nunca me habían contado que hiciera algo así.
Eleanor se sentó a su lado.
Tavish sacó del bolsillo el broche de Màiri. Había olvidado devolverlo a la caja. Lo depositó junto a la lámpara, con el cierre roto vuelto hacia arriba.
—¿Sabe qué me ha pasado delante de aquel cuadro? —preguntó—. He querido enseñárselo a mi padre —Eleanor lo miró—. Solo un momento. He pensado que le haría gracia.
Ella acercó la mano, sin cubrir la carta.
—Me habría gustado conocerlo.
Él giró el rostro hacia ella.
—¿Y cuando empiecen a decirme cómo debe comportarse un duque?
Eleanor miró su camisa desabrochada y los papeles amontonados sobre el banco.
—Sospecho que tendrán bastante trabajo.
Por fin consiguió una sonrisa.
Tavish se llevó su mano a los labios. Eleanor sintió el roce de su boca y permaneció cerca cuando él alzó la cabeza.
El primer beso fue breve. Después Tavish apoyó la frente contra la suya.
Eleanor le acarició la nuca.
—Puede quedarse conmigo.
Él volvió a besarla.
Eleanor sintió sus labios cálidos y la mano que le acariciaba la mejilla. Cuando se separaron, Tavish permaneció cerca, con la frente apoyada contra la suya.
—Gracias por acompañarme hoy, inglesa.
—No tiene que agradecérmelo.
—Entonces no lo haré. Aunque me temo que tendrá que soportarme mañana.
Eleanor sonrió.
—Empiezo a acostumbrarme a esa desgracia.
Tavish soltó una risa y la besó otra vez, brevemente, antes de apartarse para recoger los documentos que habían quedado sobre la mesa.
Eleanor lo observó mientras guardaba la carta de su padre.
Aquella mañana había descubierto un bisabuelo idéntico a él, una ascendencia vikinga que se remontaba muchos siglos atrás y la posibilidad de convertirse en duque. Sin embargo, desde que habían regresado al barco, apenas había preguntado por las tierras o el castillo.
Lo único que le importaba era Lachlan MacKinnon.
Eleanor se acercó para ayudarlo a ordenar los papeles. Tomó la carta de Màiri, todavía abierta junto al pequeño broche roto.
—Tavish, ¿puedo preguntarle algo?
—Desde luego.
—¿Su abuela le habló alguna vez de las personas que investigaban la muerte de sus padres?
—No. Apenas me contó nada del accidente. ¿Por qué?
Eleanor volvió a examinar la carta.
—Aquí hay algo escrito en el reverso.
Tavish se acercó.
La tinta era más clara y la letra menos firme, como si Màiri hubiera añadido aquellas líneas tiempo después de escribir el resto.
Eleanor inclinó el papel hacia la lámpara.
—Parece una anotación posterior.
—Léala.
Ella comenzó a descifrar la escritura.
Han vuelto a preguntar por el niño.
Eleanor guardó silencio.
Tavish frunció el ceño.
—Continúe.
Era el mismo caballero que vino a hablar con Lachlan antes de que emprendiera aquel desgraciado viaje. Esta vez preguntó dónde estaba Tavish y cuándo volvería a casa.
Eleanor levantó los ojos.
—Dios mío...
—Siga leyendo, Eleanor.
La letra de Màiri se volvía más temblorosa hacia el final.
Dijo que venía en nombre de la casa de Airdmòr. Le respondí que mi nieto estaba lejos y que no sabía cuándo regresaría. No volveré a permitir que se acerquen a él. Ya me han arrebatado bastante.
Tavish le quitó la carta con una rapidez que la sobresaltó.
Leyó las últimas líneas una vez. Después otra.
—¿Cuándo escribió esto?
Eleanor examinó la fecha anotada al margen.
—Tres semanas después del accidente.
Tavish permaneció inmóvil.
Durante toda su vida había creído que la muerte de sus padres había sido una desgracia ocurrida en un camino de montaña.
Ahora sabía que Lachlan investigaba una herencia, que existían dudas sobre el estado del carruaje y que alguien relacionado con Airdmòr había visitado a su abuela poco después de la tragedia.
Pero había algo todavía peor.
Aquel desconocido no había preguntado por los documentos.
Había preguntado por él.
Tavish dejó lentamente la carta sobre la mesa.
—Tenía cinco años —murmuró.
Eleanor sintió que se le helaba la sangre.
Él levantó la mirada. Sus ojos avellana habían adquirido una expresión que ella no le había visto jamás.
—Por Dios, Eleanor... —Su voz sonó ronca—. No buscaban a mi padre. Después de matarlo, vinieron a buscarme a mí.