9 #3
No recibo ninguna respuesta, pero… puedo sentir la presencia de alguien merodeando en las sombras, más allá del alcance de la vela.
—¡Lyra!
Oigo mi nombre susurrado con ímpetu desde la abertura del suelo.
Echo un último vistazo a la oscuridad antes de volver a toda prisa a la habitación y cerrar la puerta.
Apoyo la espalda contra ella y observo cómo la trampilla se abre para dar paso a la melena rubia de Briar.
Mi amiga recorre la habitación con los ojos hasta dar conmigo.
—Parece que has visto un fantasma —murmura desde el agujero, alzando la vista hacia mí con el ceño fruncido—. ¿Estás bien?
Me froto el esternón con el puño, intentando que el corazón deje de latirme a un ritmo tan acelerado. Tiene que haber alguna explicación lógica para la caja de música, pero, en este momento, lo único que se me ocurre es que haya sido un regalo de alguien.
Si hubieran querido hacerme daño, podrían habérmelo hecho.
—Creo que llevo demasiado tiempo aquí arriba.
Ayudo a Briar a levantarse y contemplo cómo Sage se alza con rapidez por el agujero, hasta adentrarse por completo en la habitación, y se sacude los vaqueros de lunares que tan bien le sientan.
—Deberías dejar que te diera un poco el sol, tía, que a este paso te vas a fundir con la oscuridad —añade Sage mientras avanza hacia mí con una sonrisa que le ilumina el rostro repleto de pecas y me aparta un rizo de la cara con la mano.
—Podríamos habernos reunido en un sitio donde no hiciera falta entrar a la fuerza, ¿sabes? Mi apartamento, el de Sage, tu cabaña… —dice Briar con un suspiro, escudriñando la estancia polvorienta a nuestro alrededor—. Estoy empezando a pensar que no quieres que veamos tu guarida.
Se refiere a la cabaña de mi madre, o, mejor dicho, a la que ahora es mi cabaña.
Me he pasado los dos últimos veranos reformando el interior, pintando el exterior y convirtiendo el espacio en un lugar habitable. Ese sitio es una de las muchas cosas que me legó en su testamento, y también uno de sus rincones favoritos.
Tras cumplir los dieciocho, mi custodia dejó de estar a manos del estado y mi cuenta bancaria aumentó de manera considerable.
Aunque sabía que mi madre y yo teníamos una buena posición económica, los ojos estuvieron a punto de salírseme de las órbitas al ver los números.
La compañía de seguros me dijo que toda esa cantidad provenía de su póliza, pero, aun así, me pareció una suma excesiva de dinero.
No es que no quiera a las chicas allí, porque sí que me gustaría que fueran a visitarme, más de lo que se imaginan. Lo que pasa es que me pone nerviosa la idea de compartir con otras personas un proyecto en el que he invertido tanto esfuerzo y que, además, era un lugar muy importante para mi madre.
Sé que no van a juzgarme —son mis amigas, las únicas que he tenido en la vida—, pero mi inseguridad y todos los años de burlas que he sufrido a manos del resto de la gente hacen que me ponga en alerta.
—No os estoy ocultando nada a ninguna de las dos —respondo con calma—, es que este sitio me parece mucho más guay.
—Lyra, yo te quiero mucho —murmura Sage mientras Briar deja caer su mochila—, pero eso no quita que dé un mal rollo de la hostia.
—La mayoría de los lugares que me gustan suelen darlo.
—Y por eso te queremos —dice Briar guiñándome un ojo desde el suelo.
Está en cuclillas, rebuscando algo en su mochila; cuando lo encuentra, se levanta para ofrecérmelo. No obstante, al acercarme con la intención de cogerlo, lo aparta antes de que llegue siquiera a tocarlo.
—Alistair me ha contado lo de la visita que le hicisteis a Silas.
—Ya, lo sé —respondo, frunciendo el ceño—. Quedamos en que investigarían las desapariciones de las otras chicas. Os lo dije.
—Me lo ha contado todo, Lyra —recalca, y la mirada se le endurece de repente—. Pensaba que entre nosotras no había secretos.
—No pasó nada, Bri.
La mentira me deja un regusto tan amargo y agrio en el paladar que me dan ganas de soltar un escupitajo.
—Entonces, ¿solo te llevó aparte para hablarte de tareas de clase? —inquiere, cruzándose de brazos—. Mira, si te está molestando, puedes decírmelo. Puedo…
—No hace falta que hagas nada —contesto, manteniéndome firme—. No quiero que vayas a contárselo a Alistair. Soy perfectamente capaz de ocuparme de Thatcher Pierson yo sola. Lo que pasó entre nuestros padres no tiene nada que ver con nosotros.
En realidad, sí que tiene que ver, y mucho, pero quiero dejarle clara mi postura.
Sé que Briar lo ve como el enemigo. Cree que, por culpa de lo que hizo su padre, me he convertido en su objetivo. Está comportándose como una buena amiga al intentar protegerme, aunque puedo defenderme sola.
Soy callada, no débil.
—Sabemos que eres más que capaz —interviene Sage—.
Es solo que nos preocupamos, Lyra. Tienes que ir con cuidado.
Intento respetar la fascinación que sientes por él, pero no quiero que Thatcher monte una pataleta cuando descubra que has estado…
—la palabra se le queda atascada en la garganta—, bueno, ya sabes, siguiéndolo.
—Querrás decir acosándolo, ¿no? —la corrijo, y ella se estremece ante mi respuesta.
Ellas mismas dijeron que no tenían derecho a juzgar lo que hago ni lo que siento, aunque sé que es difícil de comprender, para ellas y para cualquiera. La conexión que compartimos es algo que solo él y yo podemos sentir y entender, y me gusta que sea así.
La caja de recuerdos que he ido guardando de Thatcher a lo largo de los años fue lo que me delató. Son conscientes de lo obsesionada que estoy con él y, a pesar de que he intentado explicarles por qué siento la necesidad de tenerlo cerca, siguen sin aprobarlo.
—Es peligroso. Esa fijación que tienes con él podría ser solo una secuela de la experiencia tan traumática que tuviste que vivir, Lyra. Me da miedo que te acerques a él —replica Briar, sin molestarse en disimular lo poco que le agrada.
Me encojo de manera involuntaria ante la evidente hipocresía de sus palabras. Briar Lowell es la típica persona valiente que quieres a tu lado cuando se desata el caos alrededor. Haría cualquier cosa por ella, y ella por mí, pero esto no es propio de mi amiga.
—Ah, ¿sí? Porque recuerdo haber oído lo mismo sobre Alistair y mírate ahora, Bri —le espeto—. ¿Crees que él es menos peligroso, que no asusta a la gente?
—Lyra…