5 #3
Y aquí estamos, aunque ahora dista mucho de ser aquel chico que dejó monedas sobre los ojos de mi madre y que me salvó de la ira de su padre.
El que se encuentra frente a mí es el ángel de la muerte, la propia parca envuelta en sombras y elegancia.
Un hombre cuyas manos han sido diseñadas para segarles la vida a otros.
El alma más oscura de todas, aprisionada en un cuerpo gélido como el invierno y cincelado a la perfección a partir del mármol más puro, con una piel de porcelana que resplandece a la luz de la luna.
Lleva la camisa de manga larga remangada hasta los codos, dejando al descubierto las venas de color azul oscuro que le recorren los antebrazos como las raíces de un árbol.
Y, por un instante, me pregunto de qué color es su sangre.
Si le abriera la piel ahora mismo, ¿brotaría rojo de la herida o sería negro? , ¿tal vez dorado?
—Hablando de las otras chicas… —interviene Sage.
Parpadeo y aparto la vista del rostro de Thatcher—.
Tenemos que ayudarlas de alguna forma. Sabemos que existe esta organización.
Hay quince desaparecidas nada más que en Ponderosa Springs y sus inmediaciones.
¿Quién sabe cuántas más habrá por ahí? No podemos quedarnos callados y permitir que mueran.
—Cariño, ya hemos hablado de esto…
—Ni cariño ni cariña. —Fulmina a Rook con la mirada y mantiene los ojos clavados en los suyos durante unos segundos, como si se estuvieran comunicando en un lenguaje privado—.
Mi hermana podría haber sido una de ellas; de hecho, fue tan víctima como las demás.
No pienso mirar hacia otro lado como hace todo el mundo en este puñetero pueblo.
Estiro la mano sin pensármelo, entrelazo mis dedos con los de Sage y le doy un apretón para que sepa que la apoyamos. Hablar de Rosemary es duro para todos, y más aún para ella. No puedo ni imaginarme lo que debe de ser vivir sin tu otra mitad.
—Briar, Lyra y yo hemos estado recopilando nombres a lo largo del verano. Podemos llevar lo que tenemos a…
—Si estás pensando en la policía, entonces eres más tonta de lo que creía, y eso ya es decir mucho —la interrumpe Thatcher con una risa sombría—.
Esas chicas no son nuestro problema. No nos metimos en esto para hacer de justicieros.
La única razón por la que estamos aquí es por Silas: cumplimos con lo que él quería y ahora estamos esperando a que le den el alta.
En cuanto salga, se acabó, y haremos como si esto no hubiera pasado.
Él es el principio y el final de todo este asunto.
—Bueno, no todos somos unos psicópatas sin corazón, Thatcher. No voy a permitir que muera gente inocente porque tú seas un narcisista con unos traumas paternos chungos de cojones —le espeta Briar para provocarlo.
No puedo decir que me sorprenda la tensión que se instala alrededor. Sabíamos que podría pasar algo así cuando les sacáramos el tema; lo que no me había imaginado es que sería la primera noche que volvíamos a estar todos juntos.
Su lealtad está con el resto de los chicos, con Silas.
Thatcher tiene razón: el único motivo por el que se pusieron a indagar en este desastre fue por él y Rosemary. No se comprometieron a salvar a nadie. Y son momentos como este los que me recuerdan con quién estamos tratando, a quién hemos ligado nuestras vidas.
Los Hollow Boys no se ganaron la fama que tienen por ser precisamente los héroes.
Alistair, Rook, Silas y Thatcher no son buenas personas.
Hacen lo que hacen para cumplir con sus propios objetivos y protegerse entre ellos, y lo respeto, pero también tengo que entender que es imposible que cambien su naturaleza.
El hecho de que dos de los cuatro hayan encontrado cierto consuelo en los brazos de mis amigas no los convierte en criaturas dóciles. Siempre serán lobos capaces de llegar a cualquier extremo con tal de defenderse los unos a los otros.
—Ya lo discutiremos —dice Alistair con voz firme y controlada, tratando de rebajar la tensión del ambiente.
—Pero…
—Briar —susurra Alistair, mirando a mi amiga con unos ojos oscuros como la noche—. Deja que lo hablemos, ¿vale? Dame un poco de tiempo.
Mi amiga gira la cabeza con un gesto desafiante, rehuyendo su mirada.
Sé que no va a replicarle porque no es de las que discuten con su pareja en público.
Ambos son bastante reservados con su relación; es algo suyo y, como tal, se lo guardan para ellos.
A diferencia de Sage y Rook, que son capaces de airear los trapos sucios del otro en mitad de un supermercado cuando alguno de los dos se enfada.
Se me dibuja una sonrisita al ver cómo él le sujeta la barbilla y le vuelve el rostro para que lo mire de nuevo.
—¿Por favor? —le pregunta en un tono mucho más bajo.
Cuando la expresión de su novia se suaviza, observo cómo relaja los hombros. Mientras tanto, yo sigo intentando asimilar que Alistair Caldwell haya dicho «por favor».
El silencio se prolonga solo unos segundos antes de que me recuerden por qué estoy aquí.
—A mí se me había prometido un juego —dice Thatcher—. Así que ¿vamos a jugar o solo estáis haciéndome perder el tiempo?