La sangre que anhelamos (Hollow Boys 3) 1 #3
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—Os dejo a solas, Lyra. Seguro que tenéis mucho que contaros. —Conner pasa por mi lado, esbozando una sonrisa agradable, avanza hacia la puerta y saluda brevemente con la mano a mis amigos—. Señorita Lowell, señor Caldwell.

Observo cómo su figura se desdibuja por los pasillos vacíos y, cuando se ha alejado lo suficiente, me centro de nuevo en Briar.

—¿Rook y Sage también han vuelto? ¿Cómo está tu madre?

Ay, Señor, verás cuando te enseñe la cabaña que he estado decorando todo el verano.

Sé que ahora tenéis un apartamento para los dos, pero puedes seguir pasándote por aquí.

No podemos descuidar las reuniones obligatorias de las Lobas Solitarias ni…

—Yo también te he echado de menos —me interrumpe Briar entre risas, dándome otro abrazo.

Sí que la echaba de menos, muchísimo. Los he echado de menos a todos.

La primera amistad que he hecho de verdad en años se ha pasado el verano en Texas, visitando a su familia y mostrándole a Alistair el lugar en el que se crio.

Sage, una chica a la que he visto pasar por un auténtico infierno y he llegado a admirar como amiga y mujer, hizo las maletas para embarcarse en un viaje por carretera a lo largo de la costa con Rook Van Doren, el Hollow Boy con el que mejor me entiendo, sobre todo porque siempre lleva encima algo de picar.

Y bueno, también le prendimos fuego a un árbol legendario de la universidad, pero esa es otra historia.

El caso es que me dejaron aquí sola y, a pesar de que una parte de mí quería estar molesta por ello, lo cierto es que lo entendí.

Briar, Alistair, Rook y Sage necesitaban alejarse de tanta sangre y destrucción, del constante sufrimiento y del interminable dolor al que este sitio los ha sometido.

Aunque solo fuera durante unas semanas, se merecían disfrutar de una vida normal y, por más que lo intentase, no puedo reprochárselo.

—Sage y Rook volverán mañana por la noche. Hemos quedado en Black Sands Cove —responde Briar.

Ahí está, ese brillo travieso en los ojos que he aprendido a adorar y a detestar a partes iguales. Por lo general, significa que lo que sea que vayamos a hacer va a exigirnos algún tipo de esfuerzo físico.

—La playa está cerrada por la noche —comento, esperando que ese pequeño contratiempo sea suficiente para frustrar cualquier plan que tengan en mente.

—Ya lo sabemos. —Alistair sonríe detrás de ella—. A Rook le vendrá bien desahogarse un poco. Volver a Ponderosa Springs sin que Silas esté aquí va a dejarlo hecho mierda.

El corazón me martillea en el pecho. No sabemos cuánto tiempo necesitará Silas para recuperarse. Teniendo en cuenta la gravedad del brote psicótico que sufrió, los médicos dijeron que podría tardar unos meses o incluso varios años.

A mí se me partió el alma al recibir la noticia, pero a Rook lo destruyó por completo. Estaban muy unidos, y sé que se culpa a sí mismo por no haberse dado cuenta de que había dejado de tomarse la medicación.

El plan no es quedar mañana por la noche para vernos sin más, sino para mostrarle nuestro apoyo a Rook. En el fondo, creo que todos lo necesitan. Todos lo echan de menos.

—Juntos de nuevo por primera vez desde el funeral del alcalde Donahue. ¿Creéis que Sage estará bien? —pregunto.

—Creo —comienza Briar— que Sage está llevando bien la muerte de su padre. Sabe que un accidente lo tiene cualquiera.

Claro, un accidente. Porque provocar deliberadamente un incendio con su padre y un agente federal dentro de su casa fue, sin duda, un accidente.

Pero, como he dicho, son secretos que me llevaré a la tumba. Debo hacerlo para proteger a mis amigos. Además, yo también tengo unos cuantos que Sage y Briar conocen y han decidido guardarme, incluso ante sus novios.

Nos protegemos las unas a las otras, y eso incluye mantener a salvo los secretos que cargamos a nuestras espaldas. Es parte del trato que sellamos al unirnos a las Lobas Solitarias: por muy solas que estemos, nunca nos sentiremos como tal.

—Hemos pensado que podríamos reavivar nuestra amistad con un jueguecito —interviene Alistair—. Por los viejos tiempos.

Un juego, cómo no. Es que encima estoy segura de que será ilegal y acabaré dejándome los pulmones por intentar seguirles el ritmo.

Me obligo a tragarme el miedo; no al juego en sí, sino al hecho de saber que mi plan está a punto de ponerse en marcha y que, para llevarlo a cabo, no me quedará más remedio que enfrentarme a él.

No me limitaré a esconderme entre las sombras y observarlo en silencio, no.

Tendré que encararlo, alzar la voz y pedirle lo que quiero.

Hace unos meses vino a buscarme, afirmando que la deuda estaba saldada. Pero yo aún no he terminado con el Príncipe de la Muerte. Esto no ha hecho más que empezar.

La primera vez que le pedí un favor me lo negó. En esta ocasión, no aceptaré un no por respuesta. Por más que me encante ser su fantasma, ahora quiero que me vea.

No me basta con atormentarlo, necesito más de él.

—¿Qué juego?

Briar esboza una sonrisa amplia y llena de emoción que hace que me dé un vuelco el estómago.

—El pillapilla.