Mordido
Tengo una próspera charla con Lucía Vilaboi.
Durante más de dos horas me cuenta su vida y obra con Damián Avilés.
Un tipo huraño y retraído que, a pesar de todo, no la trata mal.
Por lo visto, su concepto de no tratarla mal es que no la pega.
Aunque sí se muestra un tanto violento en las relaciones sexuales.
Pese a todo, ella dice que cuando lo conoció era un tipo mucho más bruto de lo que es ahora.
Esa es la palabra que usa: «bruto». Insiste en saber por qué lo buscamos y le digo que antes necesito que me cuente sobre el tipo de la foto.
Se le ensombrece la mirada cuando se la enseño.
Con reticencias al principio, y con mucha locuacidad al final, me confiesa, sin darse cuenta, la clave del caso.
La dejo en manos de Amaya y Pleite, quienes serán los encargados de darle la mala noticia, pese a sus protestas.
Protestas que ignoro porque han de curtirse en estas lides.
Salgo a la calle con Toribio.
—¿Dónde está Luis?
—En la furgo al final de la calle.
—Tráeme sus gafas aquí —Toribio me mira, inquisitivo—. Ahora os lo cuento a los dos.
Listín tendrá que trazarme unas posiciones en el móvil para llegar al final de esta historia, pero mientras tanto llamo a Olga.
—¿Cómo va la cosa?
—Creo que nos ha mordido, jefe.
—¿No me jodas, otra vez?
—Sin joder. Ochaíta ha hecho la aproximación él mismo, ha localizado el coche según la descripción que nos ha dado Lucía, y ha puesto a tres agentes a vigilarlo. Llevamos dos horas aquí y nada. La mujer nos ha dicho que cuando se va tan pronto, a las diez ya suele estar en casa.
—Aquí no ha regresado.
—Pues muy mal.
—No te preocupes, a las malas siempre podrás ponerle en tu lista en Fugitivos.
—No hace gracia, Del Olmo.
—No lo decía para hacer gracia.
—Ya…
—Te llamo en un par de horas.
—¿Para?
—Contarte cosas muy jugosas, aunque antes necesito que Luis me verifique unos datos. Si te digo de reunirnos donde apareció el cadáver de María, ¿cómo lo tienes?
—Me tendrás que mandar a alguien que me recoja.
—Sin problema. Hablamos en un rato. Cuídate, inspectora.
—Y tú, jefe.
Luis tarda más de cuatro horas en recopilar la información que necesito porque tiene que pasar por la autorización del juez, pero al filo del atardecer la tendrá lista, y yo me reuniré con Saavedra en el lugar donde María Ostende fue, primero violada, después, asesinada.
Antes de encaminarme a la fatídica localización, Amaya se reúne conmigo para añadir un dato importante más.
—No te vas a creer lo que nos acaba de confesar Lucía.
—Yo ya me lo creo todo.