Medianoche
Vilda termina de hablar con el mayor de la Policía Municipal. Me mira con una cara que pinta la mala noticia en sus ojos.
—Que lo acaban de soltar, Del Olmo.
—¡Cómo!
—Al parecer, el tipo es conocido en la jefatura, hay un par de agentes que son miembros del club de caza. Ha pedido perdón al policía con el que se ha peleado, y a casa. Al fin y al cabo, le destrozaron el negocio…
—¿Destrozar? No me lo puedo creer. Joder —protesto—. ¿Solo una hora retenido? Si la muestra acabará de llegar a Oviedo.
—Llamo a Menéndez.
—No.
—No es una pregunta, inspector.
El juez no contesta. Ni lo hará en las siguientes horas.
La descoordinación y el secreto de sumario nos ha impedido facilitar información rápida a los locales, por lo que sueltan al sospechoso.
Nosotros sacamos a Pleite al cabo de un par de horas, y nos volvemos a la comisaría de la Nacional.
Allí reciben a Julio entre aplausos y abrazos.
Me hace mucha gracia el que se da con Luis, al que le saca una cabeza.
Hay risas y celebraciones por haber cumplido la misión pese a ser un desastre de operativo.
—Vamos, señores y señoras. Que no está todo hecho para andar celebrando nada.
—Déjales disfrutar del momento, que se lo merecen —me susurra Olga, que acaba de llegar de Oviedo donde ha viajado junto con Arturo. Solo confío en ella para la custodia de la prueba definitiva.
Asiento sin mirarla.
A pesar de que son casi las cinco de la tarde, nadie ha comido, así que nos vamos todos al Tagu.
Nos damos una buena comilona. En algún momento me permito sentirme mal porque podríamos haber retenido al tipo con los locales, y así nos hubiéramos ahorrado el operativo con el GOES y el consecuente riesgo para todos.
Sin embargo, decido no fustigarme más, que bastante tengo ya. Lo mismo mañana me expedientan.
Cuando retornamos a la jefatura, me llama el comisario.
—Del Olmo, ¿dónde estás?
—En la comisaría de Avilés.
—Tira para el piso y mañana te vuelves a Madrid.
—¿Por qué?
—Lo sabes de sobra. Y da gracias que no te meten un paquete por injurias a un juez.
—¿Injurias? Con el debido respeto, mi comisario…
—Ni respeto ni leches en vinagre. Mañana te quiero en la Brigada.
—Manuel, esto no es el teatrillo del otro día. Mañana no me voy a ir a Madrid. Estamos a punto de atrapar al culpable.
—Que me da igual. Que el juez es amigo de un magistrado del Supremo y el magistrado ha llamado al DAO, y no solo le ha contado lo que le has dicho esta mañana, si no también lo del teatrillo del otro día. No recuerdo haber pasado mayor vergüenza nunca.
—Dile al DAO que me llame y le cuento yo mi versión.
—¿Estás loco?
—Alamillos, si me obligas a ir a Madrid, te puedes ir buscando a otro inspector jefe. Y esta vez lo digo muy en serio.
—¡La madre que te parió, Del Olmo, la madre que te parió!
Se produce un silencio.
—Mi comisario, todavía no son las doce de la noche, si el resultado de la prueba llega antes —Le doy un poco de oxígeno a Alamillos porque lo necesita—, estaría todavía en el día en el que se supone que me expulsan del caso.
Si se confirma que es nuestro hombre, ningún juez en su sano juicio se atrevería a apartarme.
—Es que ya lo ha hecho.
—Pues elevo una queja y me da igual que Menéndez sea amigo de un ministro, del presidente del Gobierno, del Rey o del Dios que me hablaste aquel día. Me tiene que arrestar el mismo GOES para abandonar. ¿Me oyes?
—Tienes hasta las doce.
Cuelga sin despedirse.
Olga me mira preocupada, no porque los resultados lleguen o no a tiempo. Si no por las posibles consecuencias: sabe de sobra que no me voy a ir.
Pasamos el resto de la tarde con las escuchas a Damián, y con su seguimiento.
El tipo ha vuelto a la carnicería y después a su casa, de donde no se ha movido.
Ha marcado el teléfono de su madre, pero no ha conseguido contactar con ella.
Olga y yo nos miramos, cómplices cuando Listín nos comunica esto. El ambiente se ha virado tenso.
El suspense se termina a las once y cuarenta de la noche. Es Vilda quien nos trae, esta vez, un burofax. No lo ha querido abrir y me lo entrega.
Lo abro como si dentro estuviera el ganador del Óscar a la mejor película:
—Saavedra, llama al jefe del GOES y al de la UIP de Oviedo. Que estén aquí lo antes posible.