Pelea
En un vehículo van Olga, Toribio, Arturo y Vilda. En el mío conduce Amaya y nos acompañan Pleite y Listín. Les repaso toda la Operación Cribado desde el principio. Son buenos policías y cuando yo me retire, ellos seguirán en homicidios. Hoy tienen una misión importante.
—Ninguno de vosotros entró en el club de caza, ¿no?
—Yo estaba en Madrid —confirma Pleite.
—Yo no entré, ni Luis tampoco —dice Amaya—, ¿por?
—Porque tenéis que provocar una pelea.
Me miran con la boca abierta, Amaya lo hace por el retrovisor.
—¿Qué estás diciendo, jefe? —pregunta Julio.
—Es la forma más fácil que tenéis de conseguir una muestra para poderle hacer un análisis de ADN hoy mismo, y sin riesgos.
—¿Cómo que sin riesgos? —dice Luis.
—En la carnicería no tendrá escopeta, digo yo.
—¿Quieres que nos peleemos con el carnicero? —pregunta Pleite—, no tendrá escopeta, pero los cuchillos no tienen que ser pequeños…
—Con el carnicero no, animal —le reprendo—, entre vosotros dos— digo señalando a los chicos.
—Yo no me he peleado en la vida, Del Olmo —protesta Luis.
—Para todo hay una primera vez.
—¿Qué estás tramando, inspector? —pregunta Amaya.
—El juez me va a apartar del caso, pero estamos a tiempo de tomar una muestra hoy, y analizarla aquí mismo, en Oviedo.
Es algo fácil porque haremos una simple prueba de paternidad, aunque también mandaremos otra muestra a Santiago.
Vilda conoce un laboratorio que ha colaborado con ellos en alguna ocasión; me ha dicho que nos pueden dar el resultado en doce horas; y así montaríamos el operativo para la madrugada.
—Entonces lo dices en serio —replica Amaya.
—Y tanto. No habéis visto las pelis de Ocean’s Eleven, Twelve… —digo, y ninguno responde—. Vaya, que es una distracción. Tú le tocarás el culo a Solís —señalo a Pleite—, y tú le zurrarás —señalo a Listín.
—No me lo puedo creer —protesta Solís.
—A ver, perdón, no te lo tiene que tocar, solo pasará detrás tuya y lo fingiréis…
—¿Y qué pretendes con eso?
—El carnicero saldrá de su mostrador y, con la trifulca montada, Solís intentará sacarle algo: saliva, pelo, sangre…
Le entrego un estuche a la oficial. Ellos resoplan, casi al unísono, pero, por mucho que lo hagan, es la única opción de conseguir la muestra antes de que me aparten del caso. Y no le voy a dar ese gusto a su señoría.