La sangre naranja (Del Olmo y Saavedra 2) Fuera del caso
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Fuera del caso

La sangre sube hasta los carrillos del juez Alberto Menéndez.

Los ojos se le abren y la boca se le cierra y su cuerpo se tensa como si le hubieran dado una descarga con un táser.

Vilda me mira descompuesto, al igual que casi todos los que están en la sala.

Me puedo haber jugado un expediente, pero este tío nos está entorpeciendo la investigación como nunca he visto en mis veinte años en homicidios.

—Inspector Vilda, venga usted conmigo a otro despacho —pide el juez.

Lorenzo me mira encogido de hombros antes de abandonar la sala. Cuando lo hacen, Toribio se viene a mi lado:

—¿Estás loco o qué, Del Olmo?

—Me da igual. Soy capaz de hablar con el DAO y que nos cambien al juez. Y si hace falta clavarle una aguja a Menéndez, se la clavamos.

—El DAO no tiene autoridad para ello —se queja Toribio.

—Ya procuraré yo que hable con quién la tenga…

—Estás fatal, jefe —protesta Luis—. Nos va a perjudicar esta salida de tono. ¿Y si tenemos que hacer test a más gente?

—¿A quién, Luis? Damián Avilés es nuestro hombre.

—¿Cómo estás tan seguro? —interviene Pleite.

—Vosotros no visteis los ojos de Gloria Montes —Olga sale en mi defensa.

—¿Y qué vamos a hacer? —pregunta Amaya.

—Pues jugárnosla con Damián —respondo.

—¿Cómo jugárnosla?

—Toribio, ¿algo reseñable en las escuchas al tipo?

—Muy poco tiempo lleva pinchado, así que nada interesante. Llamadas a compañeros del club de caza. El fin de semana pasado estuvieron matando bichos en el monte y este que viene también. No ha llamado a su madre.

—Arturo, tú has sido su sombra, ¿no?

—Del trabajo a casa y de casa al trabajo, inspector.

—Bien, pues si Menéndez quiere ADN del tipo, habrá que conseguirlo. ¿Basura, Arturo?

—Ayer por lo menos no la sacó, pero es contenedor tipo isla, de los enterrados…

Meneo la cabeza, eso complica la inspección de la basura para recoger posibles muestras de ADN.

—¿Dónde trabaja? —pregunto.

—En una carnicería en el mercado —apunta Olga.

—Joder, es verdad, que es carnicero…

—Según las BTS ahora mismo está allí —dice Luis.

—¿Vamos? —pregunta Amaya.

—No, esperamos al resultado genético y a ver qué le pica al juez —sentencio.

La espera es tensa. No sé qué le estará diciendo Menéndez a Vilda, pero me inquieta. No por mí, sino por la investigación. Respecto a los resultados que están por llegar del laboratorio de Santiago, no tengo dudas ni, por tanto, nervios.

Arturo, que ha trasladado su ordenador a la sala de reuniones, no para de darle al F5 de su teclado.

Me pone tan nervioso que le pido que lo mire cada diez minutos.

Desobedece, y a los tres minutos llega lo que todos esperamos.

Nos arremolinamos alrededor de la pantalla, y esta vez sí grito de júbilo.

En el primer análisis, se confirma que la muestra del ADN hallado en el cadáver de María pertenece a un individuo pelirrojo. En el segundo, queda confirmado que el padre Josué es el padre biológico de nuestro hombre.

—Le han hecho la prueba de parentesco —aclara Olga—, es decir para saber si podría ser padre, o hermano o hijo…. Y se confirma cien por cien que tu amigo Josué es el padre del violador.

—¿Y cómo es que no lo hemos encontrado en el archivo diocesano? —pregunta Listín.

—¿En serio me haces esa pregunta, Luis?

El inspector se encoge de hombros.

—Porque el libro donde sale su propio nacimiento lo tiene él. El tipo tiene de cuarto apellido Expósito, me juego el cuello a que se lo cambió el él mismo, que de alguna forma borró el García de su linaje. Y con Damián pasa tres cuartas de lo mismo. ¿O tenemos a algún Damián Avilés localizado?

—Jefe, buscábamos a algún García o descendiente de García.

—Tienes razón…

En ese momento, entra Vilda en la sala con la cara del que se ha enterado de una desgracia. Se me acerca y me dispara a bocajarro:

—Te quiere fuera del caso.