La sangre naranja (Del Olmo y Saavedra 2) Presión
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A pesar de estar agotado, duermo fatal. Vuelvo a soñar con mis padres y con las carreras por el río con mis primos, aunque más que soñar, son pensamientos, imágenes en mi cabeza en el estado previo al sueño.

Cuando dan las siete, me levanto y en el salón me encuentro con Olga, que me tiene preparado un té. Toribio dormita en el sofá-cama.

—Han llegado todos los análisis de la lista que autorizó Menéndez. Adivina

—Todos negativos.

—Obvio. El análisis del espectro ampliado de la muestra hallada en María debería llegar a lo largo de la mañana. Ya he avisado al GOES del noroeste y en cuanto demos luz verde, se plantan aquí en nada. La UIP de Oviedo también está avisada. El operativo sería esta misma noche.

Le agradezco el té. Poco a poco los integrantes del grupo llegan a desayunar y Olga les cuenta lo mismo.

Los nervios son patentes. Nos desplazamos a la comisaría para, en caso de confirmación, organizar el operativo desde allí.

Cuando llegamos, Vilda, con el brazo en cabestrillo me da un abrazo. A mí y al resto del grupo.

—¿Te han dado ya el alta, hombre?

—La he forzado un poco.

—Un poco bastante —repongo.

Nos sonreímos de forma sincera.

El juez se presenta a los pocos minutos.

Me mira con severidad. Y yo ni quiero preguntarle cómo «escapó» de la sacristía.

El padre Josué ya no es procesable por haber abusado de su media hermana ni Gloria lo denunciará nunca, claro.

No obstante, me quedaré con la duda de saber qué piensa Menéndez.

Lo que sí me queda claro es que nos va a joder el día cuando dice:

—Señores, antes de proceder, hay que verificar que el ADN de los restos de la víctima corresponde a Damián Avilés.

El murmullo que había en la sala se apaga, como si le hubieran dado al botón del mute de un mando a distancia.

—¿Disculpe? —se adelanta Olga.

—Aunque la prueba del ADN del padre Josué resulte positiva, no hay certeza de que Damián Avilés sea su hijo.

—Su propia madre lo ha confesado —insiste la inspectora.

—¿Y eso ya le otorga una verdad absoluta? ¿Ha firmado una declaración al respecto?

—No, pero usted mismo ha autorizado el análisis al religioso…

—Me he precipitado por la presión a la que me están sometiendo. Aquí tienen la orden que autoriza la recogida de muestras del investigado —Me entrega un documento que no le recojo.

—¿Presión? —pregunto, y antes de proseguir me interrumpe

—Me consiguen una muestra del individuo y la mandamos a analizar. Y si hay coincidencia plena, pues adelante con el operativo —Menéndez deja la orden encima de una mesa cercana.

—¿No le ha quedado claro que el individuo es peligroso?

—Sí, y también que ustedes son la élite de la policía.

Resoplo antes de proseguir.

—Con el debido respeto, señoría. ¿Tiene usted algún tipo de relación con el padre Josué?

—¿Qué dice?

—No sé, lo mismo habría que hacerle también una prueba genética.