La sangre naranja (Del Olmo y Saavedra 2) Cobrizo
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Cobrizo

Accedo con todo el grupo a la vieja iglesia de Sabugo.

Hay unas veinte personas esperando a la misa de siete.

Una misa que se va a retrasar. En dos horas hemos conseguido la orden del juez para el test genético.

Hemos conseguido que un equipo de criminalística de Oviedo se desplace para hacer la extracción al religioso.

Y hemos conseguido, de paso, que Mansilla nos reserve unos billetes de tren para pasar el fin de semana en casa.

Entro a la sacristía y encuentro a otro religioso jovenzuelo ayudando a Josué a ponerse la casulla para la misa.

—¡Alto ahí! —exijo—. Que luego será más lío tener que quitársela de nuevo.

El joven cura se asombra ante la irrupción de tanto policía.

—¡Pero qué demonio! —maldice Josué.

—Josué Eleuterio Montes Aranguren —le nombro y me quedo con las ganas de mencionar el cuarto apellido: Expósito. Le enseño la orden judicial—. Vamos a proceder a tomarle una muestra de sangre para compararla con ADN que tenemos bajo custodia.

—¿Que me va a hacer el qué?

—Lo lamento, padre —dice el juez, que también acompaña a la comitiva con la vana esperanza de que el hombre lo entienda. O, al menos, no monte el numerito.

Una policía de la científica se le aproxima y el padre toma la garrota con la intención de golpearla. Me adelanto y le sujeto el bastón; con el forcejeo, aprovecho para quitarle la boina y quedan a la vista los cuatro pelos ralos que le faltan por caer.

Algunos canos. Otros de un color cobrizo muy tenue.