Olga sí está
El taxi me deja en la entrada de urgencias.
Me identifico ante el vigilante que me bloquea el acceso y me indica cómo llegar a la habitación de Lorenzo.
Después de perderme varias veces por los pasillos y de tomar dos ascensores distintos, doy con ella.
En efecto, Olga está acurrucada en el sofá reclinable para el acompañante.
El inspector Vilda tiene los ojos cerrados, pero los abre en cuanto me escucha acercarme.
—Buenos días, Lorenzo —susurro.
—Hola.
—¿Cómo coño tienes tú el móvil de la inspectora?
—La primera vez que has llamado me he levantado a cogerlo, aunque no me ha dado tiempo. Yo no puedo acceder a devolverte la llamada, pero cuando has llamado por segunda vez…
—¿Y por qué no has usado tu teléfono?
—Porque lo tengo ahí cargando y no me has dado ni tiempo, hombre. ¿A qué vienen tantas suspicacias?
—A nada, a nada… ¿y dices que ha venido porque no podía dormir?
—Eso ha contado, que estaba agobiada, que ha cogido un taxi y después de darse una vuelta por el Embalse de Trasona, se ha venido para aquí.
—¿De qué habéis hablado?
—De todo un poco, del caso, de qué tal la vida en Asturias, de… —hace una pausa.
—De Aire, ¿verdad?
—Pues, se lo he preguntado, obvio, pero dice que prefiere no hablar de ello.
—Conmigo tampoco; no suelta prenda de cómo lleva las pesquisas.
Se produce un pequeño silencio.
—Me ha contado que te has escapado de forma misteriosa en mitad de la noche en busca de un indicio.
Tomo aire y lo expulso, con lentitud. Miro por la ventana. Estamos en la cuarta planta y la habitación en la esquina norte. Eso nos otorga una vista privilegiada de Avilés y de la ría. Me acerco al cristal y disfruto de la calma de la noche. Son las cinco de la madrugada y no tengo sueño.
—Del Olmo, dispara, hombre, que te he escuchado desde que has abierto la boquita —Saavedra habla a mi espalda.
Yo también he notado que se ha despertado, y me vuelve a la mente si esa conexión mental que creo tener con ella es un hecho o imaginaciones mías.
—Pelirrojos.
Nadie responde hasta pasados unos segundos.
—¿Qué has dicho? —pregunta el inspector.
Me giro y me fijo en Olga que ya está tecleando en el móvil.
—Estamos buscando a un pelirrojo.