La sangre imposible (Gilraen 1) Capítulo XXVI - Lo que el bosque vio #4
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Capítulo XXVI - Lo que el bosque vio #4

Algunos sabían a miel salvaje y viento frío. Otros dejaban una sensación cálida recorriéndome la garganta. Incluso descubrí una especie de flor cristalina que explotaba en pequeñas chispas dulces dentro de la boca.

Y todo seguía siendo fascinante. De verdad. Porque cuanto más observaba a los elfos, más diferencias encontraba entre ellos. Algunos tenían energías ligeras y musicales como el riachuelo. Otros parecían silenciosos y profundos como las raíces antiguas de Safel.

Empezaba incluso a reconocer pequeños rasgos culturales. Los elfos más jóvenes reían más alto y se movían más rápido. Los más ancianos hablaban poco, pero cuando lo hacían el bosque parecía escucharlos.

Vi grupos enteros cantando juntos para hacer florecer pequeñas plantas alrededor de sus pies solo por diversión.

Vi árboles inclinándose ligeramente hacia ciertos elfos concretos como si los saludaran.

Vi criaturas pequeñas acercarse sin miedo a recibir restos de fruta de las manos élficas.

Y, aun así…El encanto de la noche se había roto un poco para mí.

Porque una parte constante de mi mente seguía buscando su cabello negro entre la multitud. Y cada vez que lo encontraba… Faelidrin estaba mirando hacia otro lado.

Eso me hizo comprender algo incómodo. La había puesto nerviosa.

La idea resultaba tan absurda que casi parecía imposible.

Faelidrin siempre parecía tener el control de todo.

De sí misma. Del bosque. De las conversaciones.

De mí. Y, sin embargo… Durante aquel segundo después del beso… Había perdido completamente la calma.

Recordarlo hizo que mi corazón volviera a acelerarse. Genial. Ahora además de avergonzada estaba analizándolo todo demasiado. Las horas siguieron avanzando lentamente.

El cielo terminó de oscurecerse sobre Safel y el bosque empezó a llenarse de pequeñas luces naturales flotando entre las ramas. Algunas flores nocturnas se abrieron únicamente cuando comenzaron las canciones más lentas.

Y comprendí otra cosa maravillosa. Los elfos no celebraban dentro del bosque.

Celebraban con él. Todo Safel participaba.

Los árboles. El viento. El agua. Las criaturas nocturnas.

Todo parecía formar parte de aquella fiesta antigua.

Y quizá por eso me sentí todavía peor. Porque había convertido una noche hermosa en un caos emocional dentro de mi cabeza.

Suspiré lentamente. No quería marcharme inmediatamente. Eso habría sido descortés. Y ahora yo no solo era Siria. Era Gilraen.

Tiqueril prácticamente me había presentado aquella noche a todo Safel como una figura importante.

No podía desaparecer de golpe después de besar impulsivamente a una princesa élfica.

Aunque sinceramente empezaba a parecerme una idea excelente.

Así que resistí. Sonreí cuando debía sonreír.

Probé más frutos. Escuché canciones élficas antiguas.

Incluso hablé brevemente con algunos elfos curiosos sobre Rea, los vampiros y los dragones.

Pero cada vez me costaba más fingir normalidad.

Finalmente decidí que ya había pasado suficiente tiempo. Nadie podría acusarme de ser descortés. Ni ingrata. Ni que Gilraen los había deshonrado abandonando demasiado pronto una celebración importante.

Así que empecé a retirarme lentamente del claro. Sin llamar la atención. Y sin buscar a Faelidrin otra vez. Aquello fue deliberado. Porque ya no confiaba demasiado en mi capacidad para actuar con dignidad aquella noche.

El bosque me recibió inmediatamente en cuanto abandoné el centro de la celebración. Más tranquilo. Más oscuro. Más íntimo.

Las canciones seguían escuchándose a lo lejos entre los árboles mientras caminaba.

Y, poco a poco, Safel empezó a guiarme. Ya ni siquiera necesitaba pensar demasiado en el camino hacia mi árbol-cabaña.

El bosque parecía reconocerme. Las raíces facilitaban el paso bajo mis pies.

Algunas pequeñas luces naturales aparecían cerca cuando el sendero se oscurecía demasiado.

Y aquello calmó un poco el caos de mi mente.

Cuando finalmente llegué a mi árbol, apoyé ambas manos sobre el tronco lentamente. La energía antigua y tranquila del árbol me envolvió inmediatamente. Respiré hondo.

Y recordé lo que Faelidrin me había dicho. Debía agradecer al bosque todo lo que había recibido aquella noche. Cerré los ojos.

— Gracias — susurré en lengua élfica.

La corteza vibró suavemente bajo mis dedos.

— Gracias por los frutos.

Pequeñas hojas descendieron lentamente a mi alrededor.

— Por las bebidas.

El árbol respondió con aquella sensación cálida y lenta que ya empezaba a reconocer como felicidad tranquila. Y entonces añadí algo más. Algo completamente sincero.

— Y gracias… por dejarme formar parte de todo esto.

Porque era verdad. Jamás había probado manjares como los de aquella noche. Pero tampoco había vivido nunca algo parecido a aquella celebración. Safel seguía siendo extraño. Inmenso. A veces incomprensible. Pero poco a poco… empezaba a sentirse menos ajeno.

Y quizá eso era precisamente lo más peligroso de todo.