La sangre imposible (Gilraen 1) Capítulo XXVI - Lo que el bosque vio #3
63%

Capítulo XXVI - Lo que el bosque vio #3

Claro. Por supuesto. La explicación élfica más confusa posible.

Tomé otro pequeño sorbo antes de poder detenerme.

Mala idea. Porque la sensación cálida se intensificó inmediatamente.

El bosque parecía más brillante. Los cantos más hermosos.

Y Faelidrin… Tuve que apartar la mirada rapidísimo.

Porque Faelidrin ya era peligrosamente hermosa normalmente.

Con aquella bebida dentro de mi cuerpo… el problema estaba alcanzando niveles críticos.

El cabello negro reflejaba pequeñas luces doradas del festival.

Sus ojos marrones parecían más cálidos. Más suaves.

Y la serenidad constante de su expresión resultaba absurdamente hipnótica.

No. Definitivamente aquella bebida era una amenaza pública.

Ella debió notar algo en mi cara, porque inclinó apenas la cabeza.

— Te dije que tuvieras cuidado.

La señalé inmediatamente con indignación.

— ¡Tú ya sabías que esto hacía esto!

— Sí.

— ¡Y aun así me dejaste beberlo!

— También te advertí.

Abrí la boca. La cerré. Porque, desgraciadamente…

tenía razón. Eso era lo peor de Faelidrin.

Casi siempre tenía razón. Y empezaba a sospechar seriamente que una parte de mí la odiaba un poquito por ello.

La otra parte, mucho más problemática, solo quería seguir escuchándola hablar en élfico toda la noche.

Otro efecto inesperado de aquella bebida fue mucho más peligroso que el calor o la euforia. Perdí la cautela. No de golpe. No como si alguien hubiese apagado una parte de mi mente de repente. Fue más sutil. Más traicionero.

Las dudas empezaron a parecerme absurdas. Las inseguridades, innecesarias. Y los sentimientos que llevaba días intentando ordenar dentro de mí dejaron de parecer algo que hubiera que esconder. Porque, de pronto… ¿para qué ocultarlos?

El bosque entero parecía sincero aquella noche. Los árboles daban frutos porque querían darlos. El río compartía energía porque quería compartirla. Los elfos cantaban lo que sentían sin esconderse.

Y entonces me pregunté por qué yo seguía fingiendo que no entendía lo que me pasaba cada vez que Faelidrin me miraba. La observé mientras hablaba con otro grupo de elfos cerca del rio.

La luz dorada de las flores flotantes se reflejaba suavemente en su cabello negro. Y aquella serenidad imposible seguía rodeándola incluso en medio de una fiesta.

Pero ahora también veía otras cosas. Pequeñas.

Casi invisibles. La forma en que inclinaba apenas la cabeza cuando escuchaba atentamente a alguien.

La manera en que sus dedos rozaban las hojas al pasar, como si saludara inconscientemente al bosque.

La paciencia infinita con la que siempre me corregía cuando pronunciaba mal una palabra en élfico.

Y entonces comprendí algo peligrosísimo.

No quería seguir callándome aquello. La bebida convirtió esa idea en una certeza inmediata.

Me acerqué a ella antes siquiera de pensarlo demasiado.

— Tenemos que hablar.

Faelidrin apartó la atención del elfo con el que estaba conversando y me miró directamente.

Y, por supuesto, alzó una ceja apenas.

— ¿Así?

Había algo casi divertido en su voz. Aquello me puso todavía más nerviosa. Y la bebida convirtió los nervios en valentía imprudente.

— Verás… — empecé.

Perfecto. Magnífico. Ya estaba tartamudeando.

Intenté ordenar mis pensamientos. Mala idea.

Cuanto más intentaba ponerles palabras, más imposibles parecían.

Porque ¿cómo se explicaba algo así? ¿Cómo le decía que pensaba demasiado en ella?

¿Cómo le explicaba que había empezado admirándola y que ahora…

ahora era muchísimo peor? Intenté hablar en élfico.

Error gravísimo. Mi cerebro decidió olvidar exactamente todas las palabras útiles del idioma en aquel preciso momento.

— Es complicado… — murmuré frustrada—. No sé cómo expresarlo. Y todavía menos en élfico.

Faelidrin seguía observándome en silencio. Demasiado tranquila. Eso empeoraba todo muchísimo. Intenté decírselo en lengua común.

— Yo… cuando estoy contigo… y tú…

Excelente. Absolutamente desastroso. La bebida me había quitado la inhibición. No la incompetencia emocional. Cerré los ojos un instante, completamente frustrada conmigo misma.

— Olvídalo — murmuré—. Te lo diré de otra forma.

Y entonces dejé de pensar. Lo cual probablemente fue el verdadero problema.

Me moví antes de que Faelidrin pudiera anticiparlo.

La velocidad vampírica seguía siendo muchísimo mayor que la de cualquier humano.

Y ahora empezaba a mezclarse con la ligereza y precisión de movimientos que estaba aprendiendo de los elfos.

Un instante estaba frente a ella. Al siguiente… La besé.

Por fin. El pensamiento atravesó mi cabeza al mismo tiempo que mis labios rozaban los suyos. Y el mundo desapareció durante un segundo. Porque había imaginado cómo sería demasiadas veces. Y aun así la realidad fue distinta. Más cálida. Más suave. Más peligrosa.

Faelidrin olía a bosque después de la lluvia, a hojas húmedas y aquella energía tranquila que siempre parecía rodearla.

Sus labios estaban tibios. Y durante aquel instante absurdamente breve sentí algo recorrerme el pecho con tanta intensidad que casi dolió.

Fue alivio. Como si una parte de mí llevase demasiado tiempo intentando llegar exactamente a aquel momento.

Pero entonces Faelidrin reaccionó. Se apartó de golpe.

Tan rápido que el vacío que dejó fue casi físico.

Sus ojos marrones se clavaron inmediatamente en mí.

Y, por primera vez desde que la conocía, parecían completamente desordenados.

No tranquilos. No serenos. Desordenados.

Eso me dejó inmóvil. Porque acababa de romper algo.

O de cambiarlo. Y todavía no sabía cuál de las dos cosas era peor.

Faelidrin respiró una vez lentamente antes de hablar.

— Has bebido demasiado.

Las palabras cayeron entre nosotras como agua helada. Sentí el calor de la bebida desaparecer un poco de golpe. Abrí la boca inmediatamente.

— Faelidrin, yo…

Pero ella ya estaba retrocediendo. No enfadada.

Y aquello casi era peor. Porque parecía…

asustada. La princesa élfica sostuvo mi mirada apenas un segundo más.

Luego desapareció entre los otros elfos.

Literalmente. Se movió entre el bosque con aquella elegancia silenciosa imposible suya hasta confundirse con las luces, las hojas y las figuras élficas del festival.

Y me dejó completamente quieta en medio del claro.

El corazón me latía tan fuerte que dolía. Durante unos segundos fui incapaz de moverme.

La euforia de la bebida seguía allí, pero ahora mezclada con otra cosa muchísimo más incómoda. Vergüenza. Mucha vergüenza. Me llevé una mano a la cara lentamente.

— Perfecto, Siria — murmuré para mí misma—. Absolutamente perfecto.

Una parte de mí quería salir corriendo inmediatamente hacia mi árbol-cabaña y no volver a mirar a Faelidrin jamás en toda mi larguísima existencia híbrida.

La otra parte… la otra parte seguía recordando el beso. Y eso era todavía más problemático.

Porque incluso después de cómo había terminado…No me arrepentía. Aquello me horrorizó un poco. Intenté tranquilizarme respirando hondo. Mala idea.

Porque el aire seguía oliendo a verano, flores y bebida élfica mágica diseñada aparentemente para destruir cualquier capacidad racional.

El festival continuó a mi alrededor como si nada hubiera ocurrido.

Los elfos seguían cantando entre las raíces gigantes. Algunos danzaban lentamente alrededor de pequeñas luces suspendidas en el aire. Otros compartían historias y canciones en grupos dispersos bajo los árboles.

Y aun así…Para mí, algo había cambiado completamente.

Porque ahora veía a Faelidrin a lo lejos entre los demás elfos y ya no sabía cómo acercarme a ella otra vez.

La observé durante varios minutos desde la distancia. Seguía hablando con otros elfos. Serena. Elegante. Impecable.

Pero había algo distinto. Algo muy pequeño. Ya no buscaba mi mirada. Y eso me dolió muchísimo más de lo que debería.

Intenté distraerme. Probé nuevos frutos.