Capítulo 80
En la sombra del legado
El careo final
Malik esperaba en la habitación.
No estaba esposado.
No había guardias.
Ni siquiera parecía preocupado.
Cuando Clara entró, levantó lentamente la mirada.
Durante unos segundos ninguno habló.
Habían pasado toda una vida separados por secretos que ninguno de los dos había comprendido por completo.
Ahora estaban frente a frente.
Clara cerró la puerta.
—He estado en Sonnenstein.
La expresión de Malik apenas cambió.
Pero Clara lo vio.
Un mínimo movimiento en los ojos.
Una grieta.
—Entonces ya sabes —respondió.
—No.
Clara avanzó un paso.
—Ahora sé que tú tampoco conocías toda la historia.
Malik permaneció inmóvil.
—¿Qué te han contado?
—Lo suficiente para entender que Blackroot existía antes de nosotros.
Malik sonrió débilmente.
—Eso debería tranquilizarte.
—No me tranquiliza.
Clara dejó sobre la mesa una carpeta.
—Porque tú decidiste continuarla.
La sonrisa desapareció.
La herencia
Malik se acercó a la carpeta, pero no la abrió.
—Siempre has querido encontrar un culpable.
—Lo encontré.
—No.
Malik levantó los ojos.
—Encontraste una cadena.
Clara guardó silencio.
—Y ahora necesitas decidir dónde termina.
—Termina contigo.
Malik negó lentamente.
—Eso es lo que todavía no comprendes.
Se acercó a ella.
—No puedes destruir una idea matando a quien la utiliza.
—No pretendo matarte.
—Entonces todavía eres ingenua.
Clara sostuvo su mirada.
—No necesito matarte.
—¿Qué harás?
—Haré que todos sepan lo que hiciste.
Malik soltó una breve carcajada.
—¿Y crees que eso basta?
—No.
Clara señaló la carpeta.
—También voy a demostrarlo.
Lo que Alexander sabía
Malik abrió finalmente el expediente.
Sus ojos recorrieron las primeras páginas.
—Heinrich sigue vivo.
No era una pregunta.
Clara asintió.
—Me ha hablado de Alexander.
Por primera vez, Malik perdió la compostura.
—¿Qué te dijo?
—Que mi abuelo intentó destruir Blackroot.
Malik permaneció callado.
—Y que no pudo.
—No pudo —repitió él.
—¿Por qué?
Malik dejó el expediente sobre la mesa.
—Porque Alexander comprendió algo que yo tardé años en aceptar.
—¿Qué?
—Que Blackroot no era una organización.
Clara lo miró.
—Era una forma de pensar.
—Exactamente.
Malik se acercó a la ventana.
—Puedes cerrar una Fundación. Puedes destruir archivos. Puedes encarcelar a sus dirigentes.
Miró la oscuridad exterior.
—Pero no puedes impedir que alguien vuelva a descubrir que el miedo es una herramienta extraordinariamente eficaz.
Clara respondió sin apartar la mirada:
—Entonces habrá que enseñar a la gente a reconocerlo.
Malik giró lentamente la cabeza.
—Eso es lo que te hace peligrosa.
La elección
Clara dio un paso hacia él.
—Dices que somos producto de la misma herencia.
—Lo somos.
—No.
Malik arqueó una ceja.
—¿No?
—La sangre puede explicar de dónde venimos.
Clara señaló su pecho.
—Pero no decide lo que hacemos.
Malik la observó durante varios segundos.
—Eso te lo dices para dormir tranquila.
—No.
Clara sostuvo su mirada.
—Me lo digo porque es verdad.
Malik sonrió.
—¿Y tú crees que yo no tuve elección?
Clara vaciló.
La pregunta cayó entre ambos con más fuerza de la que esperaba.
Malik continuó:
—Todos quieren creer que los monstruos nacen monstruos. Es más cómodo. Permite pensar que el mal pertenece a una especie diferente.
Se acercó.
—Pero no es así.
Clara no respondió.
—Yo tuve elección —dijo Malik—.
Una pausa.
—Y elegí.
Aquella confesión resultó más perturbadora que cualquier explicación sobre experimentos o condicionamientos.
Porque eliminaba la excusa.
No era únicamente un producto.
Había decidido.
El último legado
—Entonces ¿por qué continúas? —preguntó Clara.
Malik la miró fijamente.
—Porque todavía creo que tengo razón.
—¿Aunque destruya vidas?
—El mundo siempre ha destruido vidas.
—Eso no responde.
—Sí responde.
Malik señaló la carpeta.
—La diferencia es que yo no finjo que la destrucción no existe.
Clara sintió una mezcla de rabia y tristeza.
—Ese es tu problema.
—¿Cuál?
—Confundes comprender la oscuridad con tener derecho a gobernarla.
Por primera vez, Malik no encontró una respuesta inmediata.
Clara recogió la carpeta.
—Se acabó.
—No.
La voz de Malik fue tranquila.
Demasiado tranquila.
—Todavía no.
Clara se volvió.
—¿Qué significa eso?
Malik la observó desde la penumbra.
—Que mientras tú estabas buscando el origen, alguien estaba preparando el siguiente movimiento.
Clara sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Malik no respondió.
Solo sonrió.
—Pregúntaselo a Erhardt.
La puerta
Clara salió de la habitación.
Luc la esperaba al otro lado.
—¿Qué ha dicho?
Clara permaneció unos segundos en silencio.
—Que no es el final.
—¿Le crees?
Ella miró hacia la puerta cerrada.
—Sí.
Luc frunció el ceño.
—¿Y ahora?
Clara levantó la carpeta.
—Ahora descubrimos qué está preparando Erhardt.
Comenzaron a caminar por el corredor.
Pero antes de llegar al final, el teléfono de Clara vibró.
Un mensaje.
Solo contenía tres palabras:
MARA HA DESAPARECIDO.
Clara se detuvo.
Luc la miró.
La sangre pareció abandonar el rostro de ambos.
Porque sabían lo que significaba.
La batalla no había terminado.
Acababa de cambiar de escenario.