Capítulo 78
La instalación Sonnenstein
En las entrañas de la piedra
La carretera terminaba mucho antes de que apareciera el edificio.
Clara y Luc dejaron atrás el último tramo asfaltado y continuaron por un camino cubierto de nieve. Los árboles cerraban la visión a ambos lados y el GPS había dejado de funcionar hacía varios kilómetros.
Ya no tenían señal.
Tampoco sabían si alguien los estaba siguiendo.
Solo disponían de las coordenadas transmitidas por Mara.
Y de un nombre.
Sonnenstein.
—¿Sabes qué significa? —preguntó Luc.
Clara miró por la ventanilla.
—Piedra solar.
—¿Y por qué este lugar?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Porque Sonnenstein no es un nombre cualquiera.
Luc esperó.
—Durante el nazismo, el castillo de Sonnenstein, en Pirna, fue utilizado como uno de los centros del programa de asesinatos conocido como Aktion T4.
El silencio volvió al interior del vehículo.
—¿Crees que Blackroot empezó aquí?
—No lo sé.
Clara miró las montañas.
—Pero alguien quiere que pensemos que la historia comenzó mucho antes de Alexander.
El coche se detuvo.
Habían llegado.
Ante ellos aparecía una construcción de piedra parcialmente oculta entre los árboles. No figuraba en ningún mapa moderno. Una verja oxidada cerraba el acceso.
Luc bajó del vehículo.
—Esto no aparece en los registros.
—Precisamente por eso estamos aquí.
La habitación enterrada
La puerta cedió después de varios intentos.
Dentro, el aire olía a humedad, polvo y madera vieja.
No parecía una instalación científica.
Parecía un lugar abandonado.
Sin embargo, las huellas recientes sobre el suelo demostraban que alguien había estado allí.
Clara avanzó lentamente.
Pasaron por varias habitaciones vacías hasta llegar a una escalera que descendía bajo tierra.
Luc iluminó los peldaños.
—Esto no figura en los planos.
Bajaron.
Al final encontraron una puerta metálica.
No tenía cerradura.
Solo una inscripción.
ARCHIV.
Luc la empujó.
La habitación estaba intacta.
Había armarios metálicos, cajas de madera y estanterías cubiertas de polvo.
Pero una de las mesas parecía haber sido utilizada recientemente.
Sobre ella había una carpeta.
Y encima de la carpeta, una nota.
Clara la tomó.
Solo contenía una frase:
SI HABÉIS LLEGADO HASTA AQUÍ, YA HABÉIS VISTO DEMASIADO.
Luc abrió la carpeta.
Dentro había documentos en alemán.
Informes médicos.
Estudios sobre herencia.
Clasificaciones de pacientes.
Anotaciones sobre comportamiento.
Nada de ello parecía relacionado directamente con Blackroot.
Hasta que Luc encontró una fecha.
1938.
Después otra.
1941.
Y otra.
1952.
Los documentos habían continuado utilizándose mucho después de la guerra.
—No empezó con los Wexler —dijo Luc.
Clara negó lentamente.
—No.
Siguió pasando las páginas.
—Pero alguien decidió conservarlo.
El modelo cero
En el fondo de uno de los armarios encontraron una caja de madera.
No llevaba ningún nombre.
Solo un número.
00.
Luc la abrió.
Dentro había un cuaderno encuadernado a mano.
Las primeras páginas estaban escritas en alemán.
Clara leyó algunas líneas.
No hablaban de dominación mundial.
Ni de grandes conspiraciones.
Hablaban de algo mucho más sencillo.
Cómo modificar el comportamiento humano mediante el miedo.
Luc continuó leyendo.
Los primeros investigadores habían intentado determinar qué circunstancias podían hacer que una persona renunciara a su voluntad.
Aislamiento.
Amenaza.
Recompensa.
Pertenencia.
Miedo.
Culpa.
Después aparecía una anotación añadida décadas más tarde.
MODELO CERO — ADAPTACIÓN BLACKROOT.
Clara sintió un escalofrío.
—Aquí está.
Luc siguió leyendo.
—No es un proyecto único.
—¿Qué quieres decir?
—Es un método.
Clara lo miró.
Luc levantó el cuaderno.
—Cada generación lo perfeccionó.
Aquella frase explicaba mucho más que cualquier documento anterior.
Alexander no había inventado Blackroot.
Había recibido una herramienta.
Malik la había transformado.
Y quienes habían venido después la habían convertido en DOMINION.
El nombre de Mara
Entre las últimas páginas apareció un listado.
Clara pasó los ojos por las líneas.
Nombres.
Fechas.
Objetivos.
La mayoría pertenecían a personas que habían muerto décadas atrás.
Hasta que encontró uno reciente.
FAHLBERG, MARA.
Debajo aparecía una fecha:
2015.
Clara levantó la cabeza.
—Mara.
Luc se acercó.
No había ninguna explicación.
Solo una anotación.
SUJETO DE INTERÉS.
Y debajo:
VINCULACIÓN INDIRECTA CON OPERACIÓN SENEGAL.
Clara sintió un vacío en el estómago.
—Entonces sabían lo de su hermana.
Luc siguió leyendo.
—No solo lo sabían.
Señaló una línea.
—La estaban siguiendo.
El descubrimiento cambió el significado de todo lo que Mara había contado.
Su hermana no había sido una víctima aislada.
Y Mara tampoco había llegado por casualidad hasta aquel conflicto.
Alguien llevaba años observándola.
El hombre de la puerta
Un ruido seco resonó en el corredor.
Clara levantó la linterna.
Luc apagó la suya.
Pasos.
Lentos.
Sin prisa.
Alguien descendía por las escaleras.
Clara llevó una mano al arma.
La puerta se abrió.
Un hombre apareció en el umbral.
Era anciano.
Llevaba un abrigo oscuro y se apoyaba en un bastón. Su rostro estaba surcado de arrugas profundas y su cabello era completamente blanco.
No parecía sorprendido de encontrarlos.
—Habéis tardado mucho —dijo.
Clara no bajó el arma.
—¿Quién es usted?
El anciano la miró.
Después miró el cuaderno que Luc sostenía entre las manos.
—Alguien que lleva demasiado tiempo esperando que alguien de vuestra familia volviera aquí.
—¿Cómo sabe quiénes somos?
El hombre sonrió con tristeza.
—Porque llevo toda mi vida estudiándoos.
Clara sintió un escalofrío.
—¿Quién es usted?
El anciano avanzó un paso.
—Heinrich Sonnenstein.
Luc intercambió una mirada con Clara.
—¿Sonnenstein? —preguntó.
—Mi familia custodió este archivo durante generaciones.
Señaló el cuaderno.
—Pero no fuimos nosotros quienes lo creamos.
Clara bajó ligeramente el arma.
—¿Quién lo creó?
Heinrich la observó durante unos segundos.
—Hombres que murieron hace mucho tiempo.
—Eso no responde a mi pregunta.
El anciano respiró profundamente.
—No.
Miró hacia las estanterías.
—Pero quizá responda a la pregunta que realmente habéis venido a hacer.
Clara dio un paso hacia él.
—¿Cuál?
Heinrich clavó los ojos en ella.
—¿Por qué Alexander Wexler continuó aquello que sus antecesores habían empezado?
Clara se quedó inmóvil.
—Usted conoció a mi abuelo.
—Sí.
—¿Cuándo?
El anciano bajó la mirada.
—La última vez que lo vi fue en 1991.
Clara sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Qué ocurrió?
Heinrich tardó unos segundos en contestar.
—Alexander vino aquí para destruir el archivo.
Luc y Clara se miraron.
—¿Y no lo hizo?
Heinrich negó.
—No pudo.
—¿Por qué?
El anciano volvió los ojos hacia el cuaderno.
—Porque descubrió que destruirlo no acabaría con nada.
Hizo una pausa.
—Y porque alguien de su propia familia ya había decidido continuar.
Clara sintió que el frío de la habitación penetraba hasta los huesos.
—¿Malik?
Heinrich no respondió.
En lugar de eso, señaló una puerta situada al fondo del archivo.
—Ahí dentro encontraréis la respuesta.
Clara miró la puerta.
—¿Qué hay detrás?
El anciano apretó con fuerza el bastón.
—La última conversación que mantuve con Alexander Wexler.
Y entonces añadió:
—La conversación que explica por qué vuestro abuelo quiso destruir Blackroot...
Hizo una pausa.
—...y por qué finalmente decidió protegerlo.