Capítulo 77
El precio del silencio
La caída de Leipzig
El ataque comenzó a las 03:26.
No hubo explosiones.
No hubo disparos.
Simplemente, el nodo de Leipzig desapareció.
Pierre fue el primero en advertirlo. Una de las pantallas había dejado de mostrar actividad.
—Leipzig está fuera.
Luc entró en la sala casi al mismo tiempo que Clara.
—¿Caída técnica?
—No.
Pierre amplió el mapa.
—Han cortado la alimentación principal y el respaldo. Las comunicaciones también.
Clara observó el punto rojo.
—¿Los equipos?
—Sin respuesta.
Durante unos segundos nadie habló.
Después apareció una señal.
Débil.
Intermitente.
—Es una transmisión de emergencia —dijo Pierre.
Luc se acercó.
—¿Desde Leipzig?
—Sí. Pero solo duró nueve segundos.
La pantalla mostró un archivo.
No tenía nombre.
Solo una firma.
SONNENSTEIN
Clara leyó la palabra.
No le decía nada.
Y, sin embargo, algo dentro de ella reaccionó.
—¿Quién es?
Pierre negó con la cabeza.
—No lo sé.
Luc comenzó a trabajar sobre el archivo.
—Puede que no sea una persona.
Clara lo miró.
—¿Entonces qué?
—Todavía no lo sé.
Las raíces del pasado
Horas después, el refugio permanecía en silencio.
Luc había conseguido abrir una parte del archivo.
No contenía imágenes.
No contenía nombres.
Solo una serie de coordenadas, fechas y referencias.
—Esto es antiguo —dijo.
Clara se acercó.
—¿Cuánto?
—No puedo precisar todavía. Pero algunas estructuras de datos fueron creadas con sistemas que dejaron de utilizarse hace décadas.
Pierre señaló una de las fechas.
—Esto es anterior a DOMINION.
Luc asintió.
—Mucho anterior.
Clara sintió un frío repentino.
—¿Alexander?
Luc continuó descendiendo por el archivo.
—Anterior.
Clara lo miró.
—¿Anterior a Alexander?
—Sí.
La habitación pareció encogerse.
Durante meses habían creído que el origen de todo podía encontrarse en su abuelo.
Ahora aparecía algo detrás de él.
Algo que había sobrevivido al tiempo.
Luc abrió una última carpeta.
El nombre apareció en la pantalla.
BLACKROOT
Clara sintió que aquel término regresaba desde algún lugar remoto de su memoria.
—Pensaba que Blackroot era un proyecto genético.
—Quizá lo fue después.
Luc señaló las primeras anotaciones.
—Pero empezó como otra cosa.
Clara leyó.
No había referencias a genética.
Ni a biotecnología.
Ni a manipulación molecular.
Hablaba de comportamiento.
De obediencia.
De miedo.
De cómo una persona podía ser llevada a tomar una decisión creyendo que había sido propia.
Clara levantó la mirada.
—Esto es DOMINION.
—No —respondió Luc—. DOMINION es una evolución de esto.
Clara comprendió entonces que habían estado persiguiendo las ramas.
Y que la raíz llevaba décadas enterrada.
Sonnenstein
Las coordenadas conducían a Suiza.
Luc abrió un mapa.
—Aquí.
Apareció un punto en una zona montañosa.
—¿Qué hay allí?
—Una antigua institución médica. Cerró hace décadas.
Pierre hizo una búsqueda rápida.
—No aparece en los registros actuales.
Clara frunció el ceño.
—Entonces, ¿cómo conocemos su ubicación?
Luc señaló las coordenadas.
—Porque alguien quería que la encontráramos.
Aquella frase quedó suspendida en el aire.
Clara pensó en Mara.
Pensó en el hombre que la había ayudado.
Pensó en Malik.
Y después recordó la última frase del mensaje:
MALIK LO SABE.
—¿Crees que Sonnenstein está relacionado con él?
Luc negó lentamente.
—Creo que Malik sabe qué ocurrió allí.
Clara guardó silencio.
—Y alguien quiere que nosotros también lo sepamos.
La despedida
Clara descendió al sótano.
Su hija dormía profundamente.
Se sentó junto a ella.
No quería despertarla.
No quería decirle adiós.
Pero sabía que debía hacerlo.
Le acarició el cabello.
—Volveré.
La palabra salió de sus labios casi sin voz.
No sabía si era una promesa o una súplica.
Besó la frente de la niña.
Después se incorporó.
Antes de salir, miró una última vez hacia la cama.
La pequeña respiraba con absoluta tranquilidad.
Un mundo entero podía derrumbarse fuera de aquella habitación y ella todavía estaría protegida durante unas horas por la inocencia.
Clara cerró la puerta.
Cuando regresó a la sala, Luc ya estaba preparado.
—¿Nos vamos?
Clara se puso el abrigo.
—Sí.
Pierre levantó la vista.
—¿Y si es una trampa?
Clara lo miró.
—Lo es.
Luc frunció el ceño.
—¿Y aun así vamos?
—Precisamente por eso.
Tomó el dispositivo que contenía el archivo.
—Alguien lleva décadas ocultando esta historia.
Guardó el dispositivo en el bolsillo interior del abrigo.
—Y ahora alguien quiere que la encontremos.
La puerta del refugio se abrió.
El aire frío entró en la estancia.
Clara salió primero.
Luc la siguió.
Detrás de ellos, las pantallas continuaban mostrando el mapa.
Una línea roja unía Leipzig con Suiza.
Y, al final de aquella línea, aparecía una palabra:
SONNENSTEIN.
Ninguno de los dos podía saber todavía que aquel viaje no los conduciría únicamente al origen de Blackroot.
Los conduciría al secreto que había unido a Alexander, Malik y Clara mucho antes de que ella naciera.