Capítulo 68
En la mira
La amenaza en la sombra
La noche había caído sobre Zúrich cuando Clara comprendió que ya no podían regresar al apartamento.
Varga había enviado el aviso pocos minutos antes.
«Movimiento confirmado en las inmediaciones. Tres vehículos. Dos individuos han permanecido frente al edificio durante más de una hora.»
Luc amplió las imágenes obtenidas por las cámaras exteriores.
No había rostros nítidos.
No había matrículas visibles.
Pero había algo más inquietante.
—No están vigilando la entrada —dijo.
Clara se acercó.
—¿Entonces qué buscan?
Luc señaló una de las imágenes.
—El acceso secundario.
Ella permaneció en silencio.
El acceso secundario conducía directamente al archivo subterráneo que habían utilizado durante los primeros días de la investigación.
—Saben que existe —murmuró.
—O alguien les ha hablado de él.
Clara sintió un escalofrío.
—El archivo de Alexander.
Luc levantó la mirada.
—Exactamente.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
El descubrimiento cambiaba las reglas.
Hasta ese momento habían supuesto que ellos eran el objetivo. Ahora comprendían que podían estar persiguiendo algo mucho más concreto.
Algo que alguien llevaba décadas buscando.
—No voy a permitir que lleguen antes que nosotros —dijo Clara.
Luc negó con la cabeza.
—No sabemos quiénes son.
—Pero sabemos qué buscan.
Clara cerró el ordenador.
—Y eso nos da una ventaja.
* * *
Una señal
Apenas una hora después, Varga volvió a contactar con ellos.
Esta vez no era un mensaje de alerta.
Era un archivo.
Luc lo abrió con precaución.
En la pantalla apareció una fotografía antigua.
Alexander Wexler.
Más joven de lo que Clara lo recordaba.
Estaba sentado en un despacho que ella no reconocía. Frente a él había tres hombres.
Uno de ellos aparecía parcialmente oculto por la sombra.
Clara se quedó inmóvil.
—¿Quién es?
Varga respondió desde el canal cifrado:
—No lo sabemos.
Luc amplió la imagen.
En la esquina inferior aparecía una fecha.
1994.
Clara sintió que algo se cerraba dentro de ella.
—Es el mismo año que aparece en los documentos de AEGIS.
—Sí —confirmó Varga—. Y hay algo más.
Apareció una segunda imagen.
Esta vez era un documento.
Solo podían distinguirse algunas palabras:
PROYECTO BLACKROOT
FASE DE CONTINUIDAD
AUTORIZACIÓN: M.W.
Clara se quedó mirando las iniciales.
No necesitaba que nadie se las explicara.
Malik Wexler.
—¿De dónde procede esto? —preguntó.
—De uno de los tres colaboradores que desaparecieron ayer.
Luc frunció el ceño.
—Entonces no están muertos.
—No tenemos confirmación.
Clara cerró los ojos durante un instante.
—Los están buscando porque saben algo.
—O porque ya lo han encontrado —respondió Varga.
La comunicación se interrumpió.
* * *
La decisión
Clara se levantó.
—Tenemos que irnos.
Luc la miró sorprendido.
—¿Adónde?
—A buscar el archivo.
—¿Ahora?
—Ahora.
—Es exactamente lo que quieren.
Clara se volvió hacia él.
—Sí.
Su voz era serena.
—Y por eso vamos a dejar que crean que han ganado.
Luc la observó unos segundos.
Entonces comprendió.
—Una trampa.
—Una oportunidad.
Clara tomó el abrigo.
—Si alguien está siguiendo nuestros movimientos, quiero saber hasta dónde llega esa vigilancia.
Luc cogió su ordenador.
—Y si nos están conduciendo hacia el archivo...
—Entonces quizá ellos mismos nos lleven hasta quien lo tiene.
Salieron del piso franco sin encender las luces.
* * *
Al otro lado
En una habitación sin ventanas, un monitor mostraba las imágenes de las cámaras de seguridad de Zúrich.
Una figura permanecía sentada frente a la pantalla.
—Han salido.
El hombre que estaba detrás de él asintió.
—¿Los seguimos?
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Dejadlos marchar.
El operador vaciló.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Sobre la mesa había una fotografía antigua.
La misma fotografía que Clara acababa de recibir.
Pero junto a ella había otra.
Mucho más reciente.
Clara.
Y debajo, escrito a mano:
«Ella todavía no sabe qué heredó.»
El hombre tomó la fotografía entre los dedos.
—Que siga buscando.
Hizo una pausa.
—Cuanto más cerca esté del archivo, más cerca estará de nosotros.
* * *
La puerta cerrada
A varios kilómetros de allí, Clara y Luc llegaron hasta un antiguo edificio administrativo que había pertenecido a una de las sociedades creadas por Alexander.
La puerta llevaba décadas clausurada.
Clara observó la fachada.
—Aquí no hay nada.
Luc señaló la cerradura.
—Eso es lo que quieren que pensemos.
Sacó el documento que habían recibido.
En la parte inferior aparecía una referencia que hasta entonces había pasado inadvertida.
W-17 / ROOT
Clara levantó lentamente la mirada.
—La misma clave que utilizó Erhardt.
Luc asintió.
—Y la misma que aparece en los registros de Malik.
Clara apoyó la mano sobre la puerta.
Por primera vez sintió que estaba a punto de atravesar una frontera que quizá ya no tendría vuelta atrás.
—Ábrela.
Luc introdujo la clave.
El mecanismo interno respondió con un chasquido seco.
La puerta comenzó a abrirse.
Y desde la oscuridad del interior llegó el sonido de un teléfono que estaba esperando una llamada.
Clara y Luc se miraron.
Nadie dijo una palabra.
Alguien sabía que iban a llegar.
Y, por primera vez, Clara comprendió que quizá no estaban persiguiendo el pasado.
Quizá era el pasado quien los había estado conduciendo hasta allí.