Capítulo 67
La red se estrecha
Una pieza fuera de lugar
El amanecer encontró a Clara y Luc en el piso franco, rodeados de mapas, expedientes y pantallas encendidas.
Ninguno de los dos había dormido.
La noche anterior había dejado demasiadas preguntas abiertas y una certeza incómoda: Malik ya no era una sombra del pasado.
Había regresado.
Clara permanecía de pie frente a una pared cubierta de fotografías y nombres. Había trazado líneas entre las distintas sociedades vinculadas a la Fundación, las operaciones de Erhardt y los antiguos colaboradores de su padre.
Una de aquellas líneas terminaba en un nombre que llevaba horas observando.
—Keller no vino solamente a advertirnos —dijo.
Luc levantó la mirada desde el ordenador.
—¿Qué quieres decir?
—Que alguien quería que yo supiera que él estaba aquí.
Luc guardó silencio.
Clara señaló la pantalla.
—Mira las fechas.
Había varias transferencias, movimientos societarios y accesos a archivos que se remontaban a meses atrás.
No eran recientes.
Alguien había estado preparando aquella operación mucho antes de que ellos descubrieran AEGIS.
—Esto empezó antes de la filtración —murmuró Luc.
—Mucho antes.
Clara retrocedió un paso.
—Nosotros no iniciamos esta partida.
Luc la observó con gravedad.
—Entonces, ¿quién la inició?
Clara no respondió.
Todavía no lo sabía.
Pero empezaba a comprender que quizá esa era precisamente la pregunta que Malik quería que se hicieran.
* * *
La advertencia
El teléfono de Luc vibró.
Un mensaje cifrado.
Solo contenía una fotografía.
Clara se acercó.
Era una imagen tomada desde el exterior de la Fundación Wexler. En primer plano aparecía la entrada principal. Al fondo, apenas visible entre los vehículos, estaba uno de los antiguos miembros del círculo de Alexander.
Clara lo reconoció.
—Está muerto.
Luc amplió la imagen.
—Según nuestros registros, sí.
Durante unos segundos ninguno habló.
Entonces llegó un segundo mensaje.
Esta vez solo contenía una dirección y una hora.
Nada más.
Clara sintió un escalofrío.
—Es una invitación.
—O una trampa.
—Probablemente ambas cosas.
Luc cerró el archivo.
—No iremos.
Clara lo miró.
—Sí iremos.
—Clara...
—Si Malik quiere que vayamos allí, necesito saber por qué.
Luc negó lentamente con la cabeza.
—Eso es exactamente lo que él espera.
—Lo sé.
La respuesta fue tan tranquila que Luc comprendió que la decisión ya estaba tomada.
Clara se acercó a la ventana.
La ciudad comenzaba a despertar bajo una luz gris.
—Mi padre pasó toda su vida decidiendo qué personas podían conocer la verdad y cuáles no.
Se volvió hacia Luc.
—Ahora ha empezado a hacer lo mismo conmigo.
—¿Y qué vas a hacer?
Clara sostuvo su mirada.
—Dejar de jugar según sus reglas.
* * *
El mensaje de Malik
En otro lugar de la ciudad, un hombre observaba la misma fotografía en una pantalla.
No necesitaba más información.
Había conseguido exactamente la reacción que esperaba.
Una voz llegó desde detrás de él.
—¿La seguirá?
El hombre no respondió inmediatamente.
—Sí.
—¿Y si lleva a Bächtiger?
Entonces sonrió.
—Mejor.
La pantalla quedó en negro.
Sobre la mesa permanecía un único documento.
No llevaba membrete.
Solo una fecha.
Y debajo, escrito a mano, un nombre:
CLARA.
* * *
El movimiento
Al mediodía, Varga consiguió establecer una comunicación segura.
—Tenemos un problema —dijo sin preámbulos—. Tres personas de nuestra red han desaparecido de los canales habituales.
Clara frunció el ceño.
—¿Detenidas?
—No lo sabemos.
Luc intervino:
—¿Quiénes?
Varga le proporcionó los nombres.
Clara los reconoció inmediatamente.
Los tres habían trabajado años atrás en proyectos relacionados con AEGIS.
—Esto no es una purga de Erhardt —dijo.
—¿Cómo puedes estar segura?
Clara miró a Luc.
—Porque Erhardt elimina amenazas.
Hizo una pausa.
—Quien se los ha llevado está buscando información.
El silencio al otro lado de la comunicación fue inmediato.
Varga comprendió lo mismo.
—¿Qué información?
Clara observó nuevamente el nombre que aparecía en la pantalla.
—La que falta.
—¿La que falta de qué?
Clara cerró lentamente el expediente.
—De mi padre.
La comunicación terminó.
Luc se incorporó.
—¿Crees que existe otro archivo?
—No lo creo.
Clara tomó el abrigo.
—Lo sé.
Luc permaneció inmóvil.
—¿Dónde?
Clara lo miró.
Por primera vez desde que había comenzado aquella pesadilla, su expresión no mostraba miedo.
Mostraba algo mucho más peligroso.
Determinación.
—Eso es lo que vamos a descubrir.
Y mientras abandonaban el piso franco, ninguno de los dos vio la cámara situada en el edificio de enfrente.
Una pequeña luz roja parpadeó durante unos segundos.
Después se apagó.
Al otro lado de la ciudad, alguien acababa de recibir las imágenes.
La partida había cambiado.
Ya no se trataba de destruir la Fundación.
Ni siquiera de proteger a Clara.
Se trataba de encontrar aquello que Alexander Wexler había ocultado incluso a su propia familia.
Y Malik acababa de mover la primera pieza.