Capítulo 69
La tormenta se acerca
Fuego cruzado
El teléfono continuaba sonando.
Clara permaneció inmóvil junto a la puerta, escuchando aquel sonido absurdo y persistente en medio de la oscuridad.
Luc levantó una mano para indicarle que no avanzara.
—Espera.
El teléfono dejó de sonar.
Durante unos segundos solo se escuchó el viento golpeando las ventanas del edificio.
Entonces volvió a sonar.
Clara miró a Luc.
—Alguien quiere que contestemos.
—O que sepamos que está aquí.
Luc avanzó hasta una pequeña mesa situada al fondo de la estancia. Sobre ella descansaba un teléfono antiguo, conectado a una línea que, aparentemente, llevaba décadas sin utilizarse.
Lo levantó.
—¿Sí?
Nadie respondió.
Solo se escuchaba una respiración lenta al otro lado.
Luc miró a Clara.
—¿Quién es?
Una voz masculina respondió finalmente.
—La pregunta no es quién soy.
Clara sintió un escalofrío.
—Entonces, ¿cuál es la pregunta?
Hubo una pausa.
—¿Por qué Alexander escondió algo que ni siquiera Malik se atrevió a destruir?
La llamada terminó.
Clara permaneció en silencio.
—Sabía que existía —dijo.
Luc dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Malik?
—Sí.
Pero la seguridad de su respuesta comenzó a resquebrajarse.
Si Malik conocía aquel lugar, ¿por qué había permitido que siguiera existiendo?
Y si no lo conocía...
¿quién había protegido el secreto durante todos aquellos años?
* * *
W-17 / ROOT
Luc encendió las luces de emergencia.
La habitación era mucho más grande de lo que aparentaba desde el exterior.
No se trataba de un simple archivo.
Era un antiguo centro de documentación.
Armarios metálicos cubrían las paredes. Había cajas numeradas, carpetas selladas y varios terminales obsoletos protegidos tras paneles de cristal.
En el centro de la estancia había una mesa.
Sobre ella descansaba una única caja negra.
Sin nombre.
Sin fecha.
Solo llevaba grabado un símbolo.
Clara se acercó.
Reconoció inmediatamente la mariposa invertida de Malik.
Pero había algo diferente.
Debajo del símbolo aparecía una inscripción mucho más antigua:
WEXLER / ROOT
—Esto no lo creó Malik —murmuró.
Luc la miró.
—¿Cómo lo sabes?
Clara pasó los dedos sobre el grabado.
—Porque la marca de mi padre apareció después.
Abrió la caja.
Dentro había tres fotografías, una libreta manuscrita y una pequeña llave metálica.
Cogió la primera fotografía.
Alexander.
Tenía aproximadamente la misma edad que cuando comenzó a construir el imperio que Clara había conocido por los archivos.
En la segunda aparecía Malik.
Mucho más joven.
Y en la tercera...
Clara dejó de respirar.
Era ella.
Una fotografía tomada cuando apenas tenía unos años.
Luc se acercó.
—¿Quién la hizo?
Clara no respondió.
En el reverso había una fecha.
1989.
Y debajo, una anotación manuscrita:
«La tercera generación no debe conocer nunca la existencia de ROOT.»
Clara sintió que las piernas le flaqueaban.
—Esto estaba preparado antes de que yo supiera siquiera quién era.
Luc tomó la libreta.
—Entonces alguien estaba pensando en ti desde mucho antes.
* * *
La confesión de Alexander
La libreta contenía páginas escritas a mano.
No eran informes.
No eran cuentas.
Era un diario.
Clara reconoció inmediatamente la caligrafía de su abuelo.
Pasó varias páginas hasta encontrar una entrada fechada en 1994.
Leyó en silencio.
Después se detuvo.
—¿Qué dice?
Clara levantó los ojos.
—Que AEGIS no era el principio.
Luc se quedó inmóvil.
—¿Qué era entonces?
Clara volvió a mirar la página.
—Una continuación.
Siguió leyendo.
El texto hablaba de una estructura anterior, una red creada décadas antes para financiar investigaciones que nunca podían aparecer oficialmente vinculadas al apellido Wexler.
Pero había algo que no encajaba.
Alexander había intentado detenerla.
Y había fracasado.
Clara pasó varias páginas más.
La última anotación estaba fechada pocos meses antes de su muerte.
Solo contenía una frase:
«Malik cree que ha heredado mi obra. No comprende que solo ha heredado sus ruinas.»
Clara cerró la libreta.
Luc la observó.
—Entonces Malik no recibió todo el legado.
—No.
—¿Qué falta?
Clara levantó lentamente la pequeña llave metálica.
—Esto.
* * *
El segundo archivo
La llave abrió un compartimento oculto en la pared.
Dentro había un pequeño dispositivo de almacenamiento.
No contenía cientos de archivos.
Solo uno.
ROOT_FINAL
Luc lo conectó al terminal.
La pantalla permaneció negra durante varios segundos.
Después apareció una frase.
«Si estás leyendo esto, Clara, significa que Malik ha regresado.»
Clara se quedó helada.
Luc no apartó la mirada de la pantalla.
Las palabras continuaron apareciendo.
«No confíes en quienes te digan que quieren protegerte.»
Otra línea.
«Tampoco confíes en quienes te digan que quieren destruir a Malik.»
Clara sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
Y entonces apareció la última frase:
«Tu padre no es el único que conoce la verdad.»
La pantalla se apagó.
Silencio.
Luc miró a Clara.
—¿Quién más?
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No lo sé.
Pero una certeza comenzaba a abrirse paso en su interior.
Habían estado buscando a Malik.
Habían seguido a Erhardt.
Habían perseguido a quienes habían mantenido viva la estructura.
Y, sin embargo, quizá ninguno de ellos había sido el verdadero origen.
Clara guardó el dispositivo.
—Tenemos que salir de aquí.
—¿Por qué?
Ella miró hacia la puerta.
—Porque alguien sabía que íbamos a encontrar esto.
Como si hubiera estado esperando aquellas palabras, las luces del edificio se apagaron.
Todas.
Al mismo tiempo.
Luc cerró el ordenador.
—Nos han localizado.
En algún lugar del edificio, una puerta se cerró de golpe.
Después otra.
Y otra.
Pasos.
Varios.
Acercándose.
Clara apretó el dispositivo contra el pecho.
Por primera vez comprendió que la tormenta no se acercaba.
Ya estaba dentro.
Y ahora venía directamente hacia ellos.