La sangre heredada Capítulo 65
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Capítulo 65

Sombras en la mansión

La presencia en el piso superior

El eco de sus propios pasos reverberaba por los largos corredores vacíos de la mansión.

Clara avanzaba con cautela, sosteniendo la carta amarillenta apretada contra el pecho como si sujetara un arma o una herida abierta.

Cada palabra le abrasaba la piel con recuerdos que preferiría haber sepultado, pero la necesidad imperiosa de la verdad resultaba superior a cualquier temor.

Un crujido agudo e inesperado, procedente del piso superior, la paralizó en seco. Su respiración se volvió lenta y calculada, una respuesta instintiva ante el peligro inminente.

—¿Hay alguien ahí? —su voz sonó firme, aunque un temblor casi imperceptible delataba el nudo que se le formaba en el estómago.

El silencio fue la única respuesta. Denso, pesado e implacable.

Ascendió por la escalinata con pasos medidos, sintiendo cómo la estructura de la mansión parecía cernerse sobre ella, con sus paredes impregnadas de historia y traición. Cada peldaño crujía bajo su peso, amplificando la soledad de aquel recinto.

El regreso de Keller

Al alcanzar el corredor principal, una figura emergió de entre las sombras, rígida y amenazante.

—No aguardaba tu visita aquí, Clara —la voz de Maximilian Keller, gélida y cargada de sarcasmo, rasgó la quietud—. ¿Andas en busca de respuestas o de problemas?

El apellido Keller resonó como un eco doloroso. Antiguo integrante de la cúpula de la Fundación, era ampliamente conocido por su crueldad y su cinismo. Una sombra que ella juzgaba haber dejado atrás.

—Busco la verdad —replicó Clara con determinación, sosteniendo la mirada—. Y no pienso marcharme sin ella.

Keller esbozó una sonrisa de superioridad, un gesto impregnado de desprecio, pero que dejaba entrever un matiz de oscuro respeto.

—La verdad exige un precio desorbitado. No cualquiera se halla dispuesto a abonarlo. ¿Estás plenamente segura de querer asumir las consecuencias?

Antes de que Clara pudiera articular respuesta, la puerta a sus espaldas se cerró de golpe con un estruendo sordo, sumiendo la estancia en una penumbra densa que parecía absorber la luz.

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral y, por un instante, la armadura de entereza que vestía amagó con resquebrajarse. Cerró los ojos y tomó una bocanada de aire profunda, recordándose a sí misma que la rendición nunca había figurado entre sus opciones.

Carrera contra el reloj

Mientras tanto, en Berlín, Luc atendía una comunicación de máxima urgencia.

—Clara se halla en peligro extremo —informó Varga, con la voz alterada por la prisa—. Keller ha recibido la orden directa de neutralizarla.

Luc aferró el terminal con tal ímpetu que los nudillos se le tornaron marfileños.

—No permitiré que le pongan una mano encima —sentenció con aplomo—. Salgo hacia allí de inmediato.

La tensión alcanzaba su punto crítico mientras el juego de sombras se tornaba definitivamente letal.

Clara permanecía acorralada, pero su determinación resplandecía en mitad de la penumbra, más enérgica que nunca.

El pasado y el presente colisionaban en aquella mansión de Viena, y la verdad que pretendían sacar a la luz estaba a punto de cambiar las reglas del juego.