La sangre heredada Capítulo 62
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Capítulo 62

Juego de sombras

La revelación del Halcón

La lluvia golpeaba los cristales del viejo edificio con una insistencia casi hipnótica.

Clara y Luc esperaban en una habitación apenas iluminada. Sobre la mesa reposaban los documentos recuperados durante las últimas horas.

La puerta se abrió.

Un hombre entró sin anunciarse.

Vestía un abrigo oscuro y llevaba el rostro parcialmente oculto por la sombra.

Luc se incorporó.

—¿Quién eres?

El hombre cerró la puerta.

—Alguien que lleva demasiado tiempo observando.

Clara no apartó la mirada.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Aquí me llaman el Halcón.

Depositó un sobre sobre la mesa.

—Trabajo dentro de la estructura desde hace años. He visto cómo cambiaban los nombres, las sociedades y los responsables. Pero las órdenes siempre terminaban llegando al mismo sitio.

Clara abrió el sobre.

Dentro había copias de comunicaciones internas, autorizaciones antiguas y varios informes.

—¿Erhardt?

El Halcón negó lentamente con la cabeza.

—Erhardt ejecuta.

Clara levantó la mirada.

—¿Quién ordena?

El hombre sostuvo sus ojos durante unos segundos.

—Malik Wexler.

El nombre cayó sobre la habitación como una sentencia.

Clara no se movió.

Luc sí.

—¿Estás diciendo que Malik sigue dirigiendo esta estructura?

—No digo que la dirija como antes. Digo que algunas personas siguen recibiendo instrucciones de él.

Clara pasó una de las hojas.

Reconoció la firma.

La misma que había encontrado en el archivo M-7.

—¿Dónde está?

El Halcón negó con la cabeza.

—Eso no lo sé.

—Entonces, ¿cómo puedes estar seguro?

—Porque he visto las órdenes.

Clara levantó lentamente la mirada.

—¿Y por qué ahora?

El Halcón respondió sin vacilar:

—Porque tú estás a punto de destruir algo que él considera suyo.

La frase le produjo un escalofrío.

—¿Mi padre quiere detenerme?

—Tu padre quiere controlar lo que ocurra después.

Clara cerró el expediente.

—Yo no voy a aceptar ninguna condición suya.

—Eso es precisamente lo que esperaba.

El ataque

Un sonido seco interrumpió la conversación.

Luc giró la cabeza.

—¿Habéis oído eso?

El Halcón se puso en tensión.

Un segundo ruido llegó desde el exterior.

Después, otro.

No eran disparos.

Era algo peor: una señal de que alguien estaba intentando acceder al edificio.

Luc corrió hacia el terminal.

—Nos han localizado.

Las pantallas comenzaron a apagarse una tras otra.

Clara miró al Halcón.

—¿Nos has traicionado?

El hombre la observó con dureza.

—Si lo hubiera hecho, ya estaríais muertos.

Una explosión sacudió el edificio.

Los cristales vibraron. Una nube de polvo cayó del techo.

Luc sujetó a Clara y la apartó de la ventana.

—¡Al suelo!

Otra detonación retumbó en el exterior.

El Halcón extrajo un pequeño dispositivo y lo activó.

—Tenemos menos de un minuto.

—¿Para qué?

—Para salir.

Clara guardó los documentos contra el pecho.

—¿Y tú?

—Yo conozco otra salida.

Luc la tomó de la mano.

—Vamos.

Los tres abandonaron la estancia mientras las alarmas comenzaban a sonar en algún punto del edificio.

Al doblar el primer pasillo, el teléfono de Clara vibró.

Un mensaje.

No tenía remitente.

Solo una frase:

«Deja de buscar a tu padre.»

Clara se detuvo.

Luc la miró.

—¿Qué ocurre?

Ella apagó lentamente la pantalla.

—Nada.

Pero no era cierto.

Porque por primera vez comprendió que la amenaza ya no procedía únicamente de quienes querían proteger los secretos de la Fundación.

Alguien había decidido advertirle personalmente.

Y ese alguien conocía demasiado bien aquello que más podía destruirla.

La línea de no retorno

Cuando consiguieron abandonar el edificio, la lluvia había convertido las calles en espejos negros.

Clara permaneció unos segundos bajo el aguacero.

—¿Por qué me está haciendo esto? —preguntó.

El Halcón no respondió inmediatamente.

—Porque eres su hija.

Clara apretó los documentos contra el cuerpo.

—Eso no explica nada.

—Para Malik, lo explica todo.

Se volvió hacia ella.

—No quiere que desaparezcas. Quiere que comprendas.

—¿Qué?

El Halcón sostuvo su mirada.

—Que la historia de los Wexler no terminó contigo.

Después desapareció entre la lluvia.

Luc permaneció junto a Clara.

Ella no dijo una palabra.

En algún lugar, muy lejos de allí, alguien seguía moviendo las piezas.

Y ahora Clara sabía quién era.

Malik Wexler.

Su padre.

El hombre al que llevaba años intentando olvidar.

El hombre que acababa de volver a reclamar su lugar en el tablero.