Capítulo 61
Secretos revelados
La sombra de Malik
La noche avanzaba lentamente sobre Berlín.
En la oficina, Clara y Luc llevaban horas examinando la documentación recibida a través de Jonas Keller. Habían encontrado sociedades interpuestas, transferencias cruzadas, cuentas sin titular visible y contratos firmados bajo nombres que ya no existían.
Pero había algo más.
Un patrón.
Luc amplió una de las series de documentos.
—Mira las fechas.
Clara se inclinó sobre la pantalla.
—1991. 1994. 1998.
—Y después 2003.
—Siempre con intermediarios diferentes.
—Pero con el mismo origen financiero.
Clara permaneció en silencio.
Luc abrió un último expediente.
En la portada aparecía un símbolo que Clara reconoció de inmediato.
La mariposa invertida.
El emblema oculto que había aparecido en documentos vinculados a Malik.
—No puede ser —murmuró.
Dentro había una referencia a una estructura denominada únicamente M-7.
No había nombres.
Solo instrucciones, fechas y una cadena de autorizaciones.
Clara pasó varias páginas.
—Aquí aparece él.
Luc se acercó.
En uno de los documentos, junto a una firma parcialmente borrada, podía leerse:
M. Wexler
Clara cerró los ojos.
Durante años había intentado comprender qué había sucedido con su padre. Había construido explicaciones, imaginado abandonos, buscado justificaciones y, finalmente, había aprendido a vivir con el vacío.
Pero aquel documento no parecía hablar de un hombre ausente.
Hablaba de alguien que había continuado moviendo piezas.
—Malik no desapareció —dijo Luc.
Clara abrió los ojos.
—No.
—Entonces ha seguido trabajando desde algún lugar.
Ella volvió a mirar la firma.
—O alguien ha seguido trabajando utilizando su nombre.
Luc la observó.
—¿Crees que es posible?
Clara tardó en responder.
—Con Malik, no descarto nada.
El mensaje
A varios cientos de kilómetros de allí, Erhardt recibió un paquete en su despacho.
No llevaba remitente.
Dentro había una fotografía antigua y una hoja de papel doblada.
Solo contenía una frase:
«La verdad siempre encuentra su camino.»
Erhardt contempló la fotografía durante varios segundos.
Reconoció el lugar.
Y reconoció a la persona que aparecía en ella.
Su expresión se endureció.
—Así que habéis decidido desenterrarlo todo.
Guardó la fotografía en el cajón de su escritorio.
Después tomó el teléfono.
—Quiero saber quién ha accedido al archivo M-7.
Escuchó la respuesta al otro lado.
—¿Y si ya lo saben?
Erhardt permaneció en silencio.
—Entonces cambiad de estrategia —ordenó—. Ya no intentéis ocultar las pruebas.
—¿Qué hacemos?
La respuesta llegó después de una pausa.
—Controlad quién las encuentra.
Colgó.
Por primera vez desde que comenzara el escándalo, Erhardt parecía realmente preocupado.
No por Clara.
No por la Fundación.
Sino por algo mucho más antiguo.
Una pieza fuera de lugar
En Berlín, Luc continuaba revisando los archivos cuando encontró una anomalía.
—Clara.
Ella se acercó.
—¿Qué ocurre?
—Esta autorización.
Señaló una línea del documento.
—Está fechada en 1994, pero la cuenta desde la que se ejecutó la operación siguió activa hasta 2023.
Clara lo miró fijamente.
—Eso significa que alguien ha mantenido viva la estructura durante décadas.
—Exactamente.
Luc retrocedió unos pasos.
—Y si Jonas tiene razón, Erhardt tampoco es quien está en la cúspide.
Clara sintió que una vieja sensación de frío le recorría el cuerpo.
—Entonces necesitamos saber quién está encima de él.
Luc asintió.
—Y necesitamos hacerlo antes de que ellos sepan cuánto hemos descubierto.
En la pantalla, el expediente M-7 permanecía abierto.
Una última línea apareció entre los documentos:
AUTORIZACIÓN SUPERIOR: M. WEXLER
Clara no dijo nada.
Esta vez no necesitaba hacerlo.
El nombre de su padre acababa de regresar a su vida de una forma mucho más inquietante que cualquier recuerdo.